ESTRENO EN CINES EL 26 DE NOVIEMBRE

Entrevistamos en exclusiva a Manuel Martín Cuenca y Patricia López Arnaiz: “En La hija se mezcla el anhelo de la maternidad con el de la propia supervivencia de un modo casi biológico”

La mañana lluviosa que se cierne sobre Barcelona supone un clima ideal para hablar de un thriller que hiela la sangre como La hija con su director, un imprescindible del cine español del siglo XXI como Manuel Martín Cuenca, y su actriz protagonista, Patricia López de Arnaiz, flamante ganadora del Goya a la mejor actriz por Ane (David Pérez Sañudo, 2020) en otra historia de maternidades (o ansias maternales) extremas.

La mañana lluviosa que se cierne sobre Barcelona supone un clima ideal para hablar de un thriller que hiela la sangre como La hija con su director, un imprescindible del cine español del siglo XXI como Manuel Martín Cuenca, y su actriz protagonista, Patricia López de Arnaiz, flamante ganadora del Goya a la mejor actriz por Ane (David Pérez Sañudo, 2020) en otra historia de maternidades (o ansias maternales) extremas.

 

Manuel, ¿qué es lo que te ha hecho la humanidad para que pintes su cara más oscura en tus películas?

 

Manuel: Bueno, a mí la humanidad no me ha hecho nada en general. (ríe) De hecho, me trata bastante bien. Tengo las dificultades y los traumas que cualquier ser humano tiene o va a tener. Me siento un ser bastante privilegiado. Entonces, por el lado de la terapía no va la cosa. (ríen)

Simplemente, creo que el cine, la experiencia cinematográfica, la exploración es un lugar de encuentro de algo que va mucho más allá del mero entretenimiento, que tiene que ver con la conmoción emocional. Creo que hay temas difíciles, perturbadores, de los que hay que hablar, y me toca hacer las películas. O digo: me presento voluntario. Doy un paso adelante cuando alguien pregunta quién quiere hacer una película de algo que nadie quiere hacer. Digo “yo lo hago”. Me presento voluntario a la misión suicida.

 

Patricia: Kamikaze.

 

¿Qué es lo que te llevó concretamente a La hija y al tema que trata?

 

M: La hija habla de un tabú, de una estigmatización en la sociedad: las parejas y las mujeres que no pueden tener hijos. ¡Qué difícil es vivir y transitar eso! Hay muchas, muchas, un porcentaje cada vez más alto. Es normal, porque hemos decidido llevar una vida social que se cruza con nuestra biología, que te dice otra cosa. Tú quieres ser madre a los 35 cuando en realidad tu cuerpo está preparado para serlo a los 19. ¿Quién quiere ser madre a los 18-19 años hoy en día? Entonces eso me parece superinteresante, llevado a una película de entretenimiento, no es un documental. Pensé en como confrontar esos dos polos: una mujer que quiere ser madre junto a su pareja, y una mujer que por accidente se queda embarazada. Me parece que la sociedad estigmatiza mucho a las mujeres que deciden no ser madres, porque en el capitalismo eso no es ser útil. Y el capitalismo quiere que todo sea útil. Y aún se estigmatiza más a las mujeres que quieren ser madres y no pueden. Es un tabú del que nadie habla, pero al final la mujer es tildada de inútil. Eso me parece tremendamente injusto, por eso siento mucha empatía por esa pareja. Luego lo que hacen después es un proceso diferente, ellos ensimismados en su dolor. Pero tengo mucha empatía con esa pareja y eso es lo que me llevó a hacer esa película.

 

Además, abre un poco el tema candente y polarizante de la gestación subrogada. De hecho, el año pasado teníamos a Juanma Bajo Ulloa con Baby que también tocaba el tema; o esta misma semana también se estrena Lamb (Valdimar Jóhannsson, 2021), que se acerca a la maternidad de forma atípica. ¿Cómo creéis que el cine está abordando este tema?

 

M: Porque el tema está ahí. El cine siempre, si es honesto y sincero, es producto de su tiempo. Las películas surgen cuando hay una especie de energía, pulsión, que dice que hay que hablar de esas cosas. Y surge de manera inconsciente. Yo siempre digo que una película habla más de un país que 300 telediarios. Tú ves una película iraní y sabes más de lo que está pasando en Irán. Cualquier película es testimonio de su tiempo, entonces es normal que esté ahí. Además, la sociedad te dicta una cosa y la biología te dicta otra. Es un tema que está ahí, superinteresante: la maternidad, la reproducción... ¿Qué hay más grande en el momento presente en nuestra historia que el hecho de dar vida?

Patricia, tú vienes de hacer Ane que era una gran demostración del rol de una madre y del instinto maternal. Ahora en La hija lo haces desde otra óptica. ¿Cómo has preparado este papel?

 

P: Lo hemos preparado en la localización, allí con Manuel, Javier (Gutiérrrez), e Irene (Virgüez). Realmente el personaje, Adela, ha sido de la mano de Manuel. Hemos recorrido el pasado y todo el viaje que han tenido, especialmente de eso que te hablaba Manuel, de todas esas situaciones que les toca vivir a tantas parejas de procesos muy largos y que desgastan mucho, con muchas fases. Lo transitamos y en este caso es un viaje muy potente el que ha tenido esta mujer con este tema. Entonces fue un trabajo muy bonito de hacer porque fue una manera de realmente incorporarlo, hacerlo memoria en mi cuerpo como algo muy latente. Sentir esas heridas, sufrirlas y padecerlas. Entonces esto ya te prepara para ponerte en la línea de salida de la ficción y arrancar con el momento de la historia. Manuel te empuja, te lleva a la vida con circunstancias del personaje, pero te lleva allí como Patricia y te toca vivirlas e ir almacenándolas. A parte creo que es un material muy bien escrito y que tiene una organicidad, escrito desde una inteligencia que toma coherencia en ti.

 

Es un personaje con doble cara y moral: por un lado, la frialdad que implica lo que va a cometer en la historia; por otro lado, la dulzura y el cariño que le inspira el ser madre. ¿Cómo has llevado esta dualidad en el personaje, tal vez el más rico de la película?

 

P: Es la realidad en la que vivimos todos. Al final, quien no tiene esa dualidad o es un iluminado o es un psicópata. Es un planteamiento de personajes comunes. En el fondo es una mujer llena de amor, lo que quiere es dar amor. Siente dentro de ella un amor tan grande que necesita la criatura a la que dar todo ese amor, una capacidad de amar muy grande. Lo que le mueve a lo otro es otra cosa: la herida, el dolor, el haber tenido un recorrido tan duro que hay un momento en el que deja de discernir y va adelante en una huida como cuestión de supervivencia. Hay un momento en el que se mezcla ese anhelo de la maternidad con el de la propia supervivencia de un modo casi biológico, de decir que si esto no sale me rompo y me quiebro. Un sistema muy primitivo de mamífero, de madre y de ser vivo que quiere sobrevivir. Es una cuestión de vida o muerte.

 

M: Escuchándola me ha venido una metáfora: la necesidad de abrazar, de querer. El personaje lo que tiene delante es el vacío. Entonces, la pobre está abrazando, abrazando, abrazando y, de repente, el abrazo se convierte en pegar.

 

P: Claro.

 

M: Entonces debería tener la conciencia de decir: “espérate, no hay nada a lo que abrazar. Tienes que aceptarlo”. Eso es lo que no le pasa al personaje.

 

Se encuentra en esta dura tesitura.

 

M: Claro, porque al final su personaje es destructivo, pero también autodestructivo.

 

¿Cómo disteis con Irene?

 

M: Fue un largo proceso de cásting que hicimos en Jaén, en Madrid, Barcelona, Sevilla, Málaga... Vimos como a 2000 chicas en una primera entrevista y a mí me gustó mucho su inocencia, su perturbación de niña jovencita... Te preguntas si tiene 14 años o más. Luego tenía algo muy sutil, muy especial. A mí siempre me ha gustado mucho la contención en el trabajo y ella lo traía de forma natural. No era nada estridente. Yo en el rodaje le llamaba “mi actriz japonesa”. Ellos (Javier y Patricia) son más actores de raza, más latinos. Ella era el haiku de la película que se acababa convirtiendo en una MUJER al llevarla al límite.

Fue un largo proceso de casting en el que tomamos la decisión de que fuera Irene y estoy muy contento con ella, también con el resto de los actores: Juan Carlos, María, Sofían...

 

Es que además Irene se marca un esfuerzo físico importante al final.

 

M: Se ha marcado un surgimiento, la gestación de una mujer, no solo de un bebé.

 

Con un spoiler involuntario que el cineasta cuela –y que nosotros no reproducimos para guardar el suspense del film-, nos despedimos con muchas cuestiones en el tintero como la ubicación en los parajes de la Sierra de Cazorla, el reencuentro con Javier Gutiérrez, las referencias a Borau o Peckinpah, la colaboración en la banda sonora con unos iconos indies como Vetusta Morla o las nuevas propuestas de cuotas a la producción en otras lenguas oficiales del estado a las plataformas. Nunca el tiempo es suficiente, y más si los interlocutores pueden aportar su visión sobre tantos ámbitos del proyecto. Lo más fácil es que encuentren parte de estas respuestas en las pantallas de cine.