Cine Nueva Tribuna

CRÍTICA DE CINE

Absolutamente todo: La ley del mínimo esfuerzo

Absolutamente todo es una comedia con oficio y sobre todo con beneficio, aunque tratándose de quienes nos hicieron reír a mandíbula batiente durante décadas se queda muy corta en sus intenciones y resultados. 

absolutamente cartel

Thriller | 118 min. | Reino Unido 2015

Título: Absolutamente Todo
Título original: Absolutely Anything
Director: Terry Jones.
Guión: Terry Jones, Gavin Scott.
Actores: Simon Pegg, Kate Beckinsale, Bob Riggle, Eddie Izzard.
Estreno en España: 13/05/2016 
Productora: Lionsgate / Bill and Ben Productions.

Distribuidora: Wanda Visión.

 

Sinopsis

Farsa de ciencia ficción en la que un grupo de extraterrestres conceden poderes a un profesor de la Tierra. El profesor descubre que sus nuevas habilidades le permiten hacer cualquier cosa, desde dar una lección a sus peores estudiantes hasta resucitar a los muertos... Con las voces originales de los miembros de Monty Python.

Crítica

La clave para entender la gestación de esta película la viene dando su director en multitud de entrevistas a raíz de su estreno. Terry Jones, uno delos miembros fundadores de los irrepetibles Monty Phyton no deja de comentar que las últimas reuniones del famoso grupo humorístico no han tenido otro motivo que el de intentar acometer la totalidad de deudas que cada miembro del equipo había ido acumulando a lo largo del tiempo. Jones, por poner un ejemplo, hacía la friolera de veinte años que no se ponía detrás de la cámara, justo cuando dirigió la ingeniosa comedia Viento en los sauces (Mr. Toad´s Wild Ride, 1996). Juntos decidieron poner en marcha una serie de proyectos con el único fin de hacer caja mientras se reverdecían viejos laureles. 

El público, claro no les dio la espalda, ya que estamos hablando de auténticos maestros de la comedia que se ganaron el cielo con obras maestras como Los caballeros de la mesa cuadrada y sus locos seguidores, La vida de Brian o La bestia del reino. Su último espectáculo teatral batió récords de taquilla con las entradas vendidas desde hacía meses, así que el anuncio de una nueva película donde iban a participar todos los miembros del grupo se recibió con algarabía y auténtica expectación.

Esperábamos un poco más de un genio como Terry Jones, quien parece estar en horas bajas.

Absolutamente todo es una comedia con oficio y sobre todo con beneficio, aunque tratándose de quienes nos hicieron reír a mandíbula batiente durante décadas se queda muy corta en sus intenciones y resultados. No se sabe si es porque el listón estaba demasiado alto o porque las expectativas no eran otras que las de coger el dinero y correr, pero lo cierto es que el sabor agridulce de economizar talento recorre todos y cada uno de las escenas de esta pseudocomedia descafeinada. 

El desarrollo argumental coincide en tiempo y forma con el progresivo deterioro de las relaciones humanas entre los propietarios.

Su exigua duración (poco más de una hora si no contamos los títulos de crédito iniciales y finales); lo ligero de un guion que no admite segundas lecturas para no delatar sus evidentes fisuras y el poco nervio de su protagonista principal, un apagado Simon Pegg (lejos quedan el brío y fuerza interpretativa de sus colaboraciones con Edgar Wright) tampoco ayudan precisamente al divertimento de la platea.

En el polo positivo del asunto apuntar la siempre gratificante presencia de un bellezón como Kate Beckinsale, quien aquí no puede en ningún instante exhibir sus demostradas dotes actorales (quizás la comedia no sea el género en el que se encuentre más a gusto), siempre a remolque de la gracieta de turno del héroe de la función; la voz del malogrado Robin Williams en la figura de un perro parlanchín que ofrece las mejores réplicas y gags de la función y, como no, esos breves momentos en los que unos digitalizados e intergalácticos Monthy Pyton reúnen también sus voces a modo de reclamo ageneracional (por supuesto, quien no tenga la posibilidad de visionar el film en su versión original, no tendrá ni la posibilidad de verlos ni de oírlos).

Del resto poco más que destacar. La previsible premisa vista ya en títulos como El click o Como Dios y su secuela Sigo como Dios, en la que un ciudadano de a pie se ve de repente provisto de unos superpoderes en los que puede ver cumplidos todos sus deseos se va difuminando en pos de una trama sainetesca trufada de clichés y malentendidos que se ve con agrado pero que se olvida en un santiamén. Echando un vistazo a la ficha técnica del film vemos como el guion viene firmado a parte de Terry Jones por Gavin Scott, otro veterano cuyos mayores logros fueron escribir los libretos de películas como Los Borrowers o Pequeños Guerreros, películas de humor blanco para toda la familia igual que esta que ahora nos ocupa (que no es lo mismo que decir que se trata de un film para todos los públicos, ya que podemos constatar que tan sólo disfrutarán del mismo los menos exigentes).

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Esperábamos un poco más de un genio como Terry Jones quien parece estar en horas bajas, y es que en este caso no se puede ni llegar a decir aquello de “quien tuvo retuvo” y sí aquello otro de que “cualquier tiempo pasado fue mejor”.