Cine Nueva Tribuna

CRÍTICA DE CINE

Amor En Polvo

La cinta está dirigida por los debutantes Juanjo Moscardo y Suso Imbernón.

Amor en polvo

Amor en polvo
Año
Duración
79 min.
País
España España
Dirección
Guion
María Laura Gargarella, Juanjo Moscardó Rius, María Mínguez
Música
Nacho Martín
Fotografía
Guillem Oliver
Reparto
Productora
Cosabona Films, Cilantro Films, Juanjo Moscardó Rius, Nadie es perfecto
Género
Comedia
Web oficial
https://selectedfilms.com/amor-en-polvo-2/
Sinopsis
Pablo y Blanca han decidido hacer un intercambio de parejas, desobedeciendo la primera norma fundamental: no hacerlo si estás en crisis. Para ello, llaman a dos de sus amigos solteros, Mia y Lucas, desobedeciendo también la segunda norma: hacerlo siempre con otra pareja.
DISTRIBUIDORA: Begin Again Films
 
CRÍTICA DE JESÚS MUÑIZ-RIMADA

Unir y agitar: así se obtiene el amor instantáneo o amor en polvo que sugiere el título de esta película... O, dicho de otro modo, después de un meneo puede surgir el romance.

¿Es el ser humano por naturaleza infiel o por el contrario es lo normal tener una pareja estable para siempre? ¿Qué sucede si tu relación de pareja necesita un toque picante introduciendo nuevos actores ocasionales en las relaciones sexuales? Ese es el conflicto que se dirime a lo largo del metraje de la comedia Amor en polvo, una de esas películas que tienes la sensación de haber visto mil veces con un planteamiento o bien mucho más divertido, o bien mucho más reflexivo y que solo tiene un punto de originalidad, si puede decirse así, en lo que a la explicitud de las escenas de cama se refiere.

El debut tras las cámaras de Suso Imbernón y Juanjo Moscardó Rius resulta poco emocionante o alentador, teniendo en cuenta que la película linda en lo infantiloide a la hora de retratar a los personajes y que, en verdad, no hay ninguna voluntad ni de exprimir las dotes interpretativas del elenco ni de realizar una película con la menor intención de resultar trascendente. Al menos, podría ser divertida, pero tampoco. De hecho son ya los créditos finales los que te despiertan algo de simpatía hacia unos personajes que hasta ese momento te han venido pareciendo egoístas y desagradables a más no poder.

Respecto a la puesta en escena, Amor en polvo también resulta bastante simple, optado por un aspecto teatral que quizás hubiera funcionado mejor con algo más de profundización en los personajes pero que acaba dejándose arrastrar al vodevil. El tema principal, el intercambio de parejas, acaba siendo la excusa para introducir un par de secuencias más picantes de lo habitual y poco más (amén de que hay cierta confusión entre lo que es un intercambio y lo que es una orgía).
Amor en polvo no es una gran comedia, pero tampoco es un gran estudio de las relaciones humanas... De hecho, su guión, escrito a tres manos, ofrece pocas innovaciones respecto a las fórmulas ya conocidas con, eso sí, un giro de guión tan arbitrario como carente de lógica al final del metraje.

Se trata de una película de bajo presupuesto con pocas localizaciones y un reducido número de intérpretes, así que el casting es fundamental porque son prácticamente cuatro actores los que llevan sobre sus hombros el peso de toda la película.
En este punto hay que señalar que ellas son mucho más creíbles y afines a sus papeles que ellos. Macarena Gómez (El fotógrafo de Mauthausen) y Lorena López (El vecino) realizan un buen trabajo dándoles a Blanca y Mía un punto de histrionismo algo más chisposo mientras que Enrique Arce (La casa de papel) y especialmente Luis Miguel Seguí resultan bastante más sosos (este último sigue teniendo problemas de dicción que hacen incomprensibles algunas sus líneas de diálogo y una vis cómica que han sabido explotar muy bien en La que se avecina totalmente desaprovechada en esta película con un papel que no le pega ni con cola).

También hay que señalar lo caduco del tema en sí. A día de hoy, gozando de la libertad sexual propia del siglo XXI, que se considere un descubrimiento el placer femenino, el sexo anal o que se muestre como superliberal y avanzado tener relaciones esporádicas o acudir a centros de intercambio de parejas parece justo eso, una premisa del siglo pasado.
Parecía que First Dates había conseguido, al menos, abrirnos la mente a otras realidades más allá de la exclusividad de la pareja tradicional... y que esa coletilla de tradicional tampoco tiene por qué tener nada de malo siempre y cuando no sea fruto de una imposición. Resumiendo, que nadie es más moderno por tener unas u otras preferencias, el caso es sentirse a gusto con uno mismo, ahora y siempre. No hay una única fórmula para el amor.