Cine Nueva Tribuna

CRÍTICA DE CINE

Años Luz: La distancia es el olvido

Años luz

 
Título original
Años luz
Año
Duración
81 min.
País
Uruguay Uruguay
Dirección
Guion
Joaquin Mauad, Gabriel Gomez Villanueva
Fotografía
Diego Pavese
Reparto
Productora
Anfibia Cine, Benuca Films, Pensilvania Films
Género
Drama. Comedia | Road Movie. Familia
Sinopsis
Mateo (32), Belén (29) y María José (35) son tres hermanos que estando distanciados se reencuentran para concretar la venta de la casa donde vivieron su niñez y adolescencia. Con este objetivo emprenden viaje hacia su pueblo natal, pero la carretera les pondrá obstáculos y señales que los llevarán a encontrarse con sus propios conflictos y resolver sus problemas familiares. Enfrentados a lo que aún no fue enterrado surge el destino inesperado: la verdad.
 
CRÍTICA FIRMADA POR MIGUEL ROBLES, REDACTOR DE CINENUEVATRIBUNA EN EL FESTIVAL DE CINE DE MÁLAGA 2021

Siendo un largometraje a fuego lento, en el trascurso de la corta hora y media de duración el acto de adentrarse en las profundidades de ese recuerdo traumático queda estancado en la superficie.

La familia, el conjunto de todos los miembros del mismo, se puede entender de dos formas y a su vez pueden ser sinónimas: una perpetua cicatriz que se oculta tras una tirita en el dedo corazón y que enmascara una realidad dolorosa que se busca distanciar, o la expresión más pura y congénita del amor.

La película del director Joaquin Mauad nos lleva a una semi-road movie (porque realmente poco metraje se produce en el vehículo) en la que nos invita a un desplazamiento físico por las carreteras convencionales de Uruguay, sumergiéndonos subyacentemente en las razones del propio desplazamiento emocional de los personajes entre ellos; el enfriamiento de unas relaciones que en el pasado fueron inolvidables, y que en el presente por la distancia, implotan cicatrizadamente en un mar de recuerdos.

Un viaje que se vertebra en una narración coral y proporcionalmente participativo entre los tres actores, no dejándose subdesarrollado a uno por otro, como si de una familia se tratase. Siendo un largometraje a fuego lento, en el trascurso de la corta hora y media de duración el acto de adentrarse en las profundidades de ese recuerdo traumático queda estancado en la superficie, llevando a la literalidad en el mal sentido la moraleja final del film y dando la contraria al slogan: "La distancia que nos une".

A pesar de contar con elementos desde una perspectiva más figurada que pueden aportar mayor cohesión, y reflexiones interesantes (que siendo leída ahora te suena a justificación), que incluso se pueden extrapolar a la sociedad ("Hay que darle espacio a los que quieren contar algo"), "el todo" se reduce a una sensación general de frialdad y vacío que no se corresponde al potente relato dramático que se necesita.