CRÍTICA DE CINE

Bergman: Su gran año: En recuerdo del genio

La directora y periodista sueca Jane Magnusson (Descubriendo a Bergman) vuelve a sumergirse en la vida y obra del director Ingmar Bergman en este documental que cuenta con la presencia de Liv Ullmann, Lars von Trier, Elliott Gould, Roy Andersson y Yimou Zhang.

Documental| 116 min. |Suecia | 2018

Título: Bergman: Su gran año.
Título original: Bergman - ett år, ett liv.

Director: Jane Magnusson. 
Guión: Jane Magnusson.

Intervienen: Lena Endre, Elliott Gould, Liv Ullmann, Barbra Streisand.

Estreno en España: 09/11/2018 
Productora: B-Reel Films.

Distribuidora: Sherlock Films.

 

Sinopsis

A mediados del siglo XX, se produjo un fenómeno único. Un desgarbado sueco, a punto de cumplir cuarenta años, comenzó un período de producción cinematográfica sin precedentes. Entre 1957 y 1963 filmó algunos de los clásicos de la historia del cine, comoEl séptimo selloFresas salvajesEl manantial de la doncella o Como en un espejo, además de producir varias creaciones teatrales para el teatro y la radio, más seis películas para televisión. Un director tan brillante e inimitable que está por encima de cualquier elogio.

Crítica

“Bergman, su gran año” (“Bergman, a year in a life”), documental “ni redundante ni hagiográfico”, dirigido por Jane Magnusson, aborda, en el año en que se cumple el centenario del nacimiento del mejor realizador sueco, uno de los períodos más importantes de la vida y la carrera del mítico cineasta: el año 1957, cuando, a punto de cumplir cuarenta años, Ingmar Bergman rodó dos obras maestras: “Fresas salvajes” y “El séptimo sello”.

Centrado en aquel año especialmente prolífico, la vida del cineasta es una excusa de la realizadora del documental para hablar de la vitalidad de Ingmar Bergman.

También hizo un telefilm, y dirigió cuatro obras de teatro, entre ellas un “Peer Gynt” que duraba cuatro horas, al tiempo que compaginaba el trabajo con la complicada vida familiar que siempre tuvo. En aquel momento, una mujer, dos amantes y seis hijos.

Entrevistas, documentos, extractos de películas, recuerdos de algunos supervivientes (Ingmar Bergman falleció en julio de 2007 a los 89 años) configuran el retrato afable, casi una declaración de amor, de una de las grandes figuras del cine mundial, no solo por la calidad, sino también por la cantidad, pues ha dejado tras de sí una obra colosal: nada menos que 55 películas (muchas de ellas geniales), numerosos telefilmes y decenas de obras de teatro. El amor de la realizadora por su ídolo no esconde el lado más oscuro del maestro, su comportamiento muchas veces agresivo y violento (y se supone que también en su vida más íntima).

Centrado en aquel año especialmente prolífico, la vida del cineasta es una excusa de la realizadora del documental para hablar de la vitalidad de Ingmar Bergman, que encadenaba esposas, hijos y proyectos; para poner el acento en su imaginación (lo mismo que en sus demonios particulares, todos ellos exorcizados en las historias de sucesivas películas), su formidable vitalidad y el gramo de locura indispensable que encontramos siempre que hablamos de un auténtico genio.

​Ese año,1957, es precisamente el momento en que Bergman se convierte en un icono cinematográfico mundial, un artistas hiperproductivo capaz de ir ligando una obra maestra tras otra, encarando los dramas existenciales con una belleza que deja sin aliento. Pero también es el año en que se manifiestan las varias úlceras de estómago que le acompañarían hasta el final, a las que hay quien achaca sus alteraciones emocionales. Algunos de los entrevistados para el documental –actores y técnicos– no esconden sus errores (mentiras, tratos vejatorios, las iniciales simpatías nazis de la adolescencia…), ni el hecho de que fuera denunciado por su familia, a la que tenía prácticamente descuidada.

Treinta años más tarde, en 1987, fue el propio Bergman, el seductor y el déspota, el artista que alimentó sus películas con recuerdos de infancia, quien decidió despertar a sus demonios, hablar de sus debilidades y sus angustias (insomnio, miedo a la oscuridad, claustrofobia, celos…), e incluso jugar con la verdad emborronando pistas, en una soberbia y cruel autobiografía titulada “Linterna Mágica”.