Cine Nueva Tribuna

CRÍTICA DE CINE

Calle Cloverfield 10: Inútiles huidas

En 2008 J. J. Abrams produjo Cloverfield (2008), siendo Matt Reaves el realizador. En España se tituló Monstruoso, un curioso experimento narrado a través de, se supone, una cámara de vídeo. La idea base era contemplar cómo el terror iba dominando a una ciudad, y sobre todo a un grupo, reunido para una fiesta de despedida ante la llegada de una tan sorprendente como inesperada aparición. 

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Thriller | 103 min. | EEUU 2016

Título: Objetivo: Calle Cloverfield 10. 
Título original: 10 Cloverfield Lane.
Director: Dan Trachtenberg.
Guión: Damien Chazelle, Josh Campbell, Matthew Stuecken.
Actores: Mary Elisabeth Winstead, John Goodman, John Gallager Jr.
Estreno en España: 18/03/2016 
Productora: Bad Robot, Paramount

Distribuidora: Paramount Pictures Spain.

 

Sinopsis

Una joven sufre un accidente de coche. Cuando despierta se encuentra encerrada en una celda bajo tierra, secuestrada por un hombre extraño que dice haberla salvado del día del juicio final. El excéntrico captor asegura que el exterior es inhabitable por culpa de un terrible ataque químico, algo que no sabe si creer. Es así como comienza su pesadilla, en una espiral de desconocimiento. La mente del criminal es infranqueable, y ella tendrá que intentar analizar a su enemigo para conseguir sobrevivir.

Crítica

En 2008 J. J. Abrams produjo Cloverfield (2008), siendo Matt Reaves el realizador. En España se tituló Monstruoso, un curioso experimento narrado a través de, se supone, una cámara de vídeo. La idea base era contemplar cómo el terror iba dominando a una ciudad, y sobre todo a un grupo, reunido para una fiesta de despedida ante la llegada de una tan sorprendente como inesperada aparición. Al fin y al cabo una especie de representación de una angustia colectiva ante un oscuro futuro.

Parece ser que J. J. Abrams lleva años intentando hacer una segunda parte de aquel filme, sin que diera con la idea que hiciera posible el proyecto. Es ahora, ocho años después, cuando surge un intento de continuidad, digamos en idea exclusivamente, sobre aquel monstruo destructor venido de no se sabe dónde.

Abrams entre juegos galácticos, personajes perdidos en el laberinto de sí mismos o presencia de monstruos de acá o de allá tiene como fin el utilizar una cámara (la que sea) para captar —o hacer posible que otros capten— angustias, dudas y querencias de unos personajes que sobre todo tratan de jugar a hacer un cine inspirado en otros del ayer. En ese sentido tanto Monstruoso como Super 8, esa sí, dirigida por el propio Abrams, certifican la propuesta. 

El rodaje, y título del filme, se mantuvo en secreto durante tiempo

Calle Clovelfield 10 puede verse como esa segunda parte, en cuanto presencia de monstruosos internos o externos, en cuando proyección de la paranoia de una sociedad cercada por múltiples miedos. Pero, poco más, ya que este filme, dirigido por el debutante Dan Trachtenberg (Filadelfía, 1981) que hasta ahora había trabajado en el campo del spot publicitario, no da para mucho más.

Como dato curioso hay que indicar que el rodaje, y título del filme, se mantuvo en secreto durante tiempo. Se evitaba dar pistas para impedir adivinar la llegada de la nueva entrega Cloverfield por eso al proyecto inicial se le dio un curioso nombre,Valencia. Nada nuevo, el jugar al despiste con los títulos. Uno de los más recordados es Sunset Boulevard (El crepúsculo de los dioses) a la que se dio el título previo, para que no se supiera de qué iba, de Una lata de judías.

El filme estaría más cerca de otros títulos que de Monstruoso, en concreto de La habitación o de Take Shelter

El filme de Trachtenberg da lo mismo que incluya en su título el nombre del primer Cloverfield o que lo obvie porque se trata de un filme con entidad y vida propia. Otra cosa es que su final se abra, más claramente que Monstruoso, a una tercera parte.

Su relación con Cloverfield, rematada con una cierta gracia hacia el final al descubrir la razón del título, se debe a que la acción, casi en su totalidad, tiene lugar en esa calle. El dato explicativo se lanza literalmente al espectador en los planos finales ante el arrastre de dicho nombre. Dicho lo cual se puede entender que si este es el título podría ser cualquier otro. En tal caso, puede ser visto como una broma, sin más, asociativa con el título anterior.

El filme curiosamente estaría más cerca de otros títulos que de Monstruoso, en concreto de la reciente (en su primera parte) La habitación o de la excelente Take Shelter en cuanto ambos hacen referencia a la obsesión de unos personajes por la tormenta(o sea la destrucción) que viene sobre el mundo (o sobre América) como una nueva plaga enviada desde no se sabe dónde, como castigo o expiación. Obsesiones que llevan a los personajes a crear sus propias autodefensas para salvarse del desastre que intenta terminar con todo.

En este sentido, nos moveríamos en unas fronteras apocalípticas donde la destrucción, y por tanto eliminación de la humanidad, se produce por medio de una serie de ataques exteriores, e incluso interiores, de diversa índole, ya sean de tipo terrorista, de monstruos (quizá los nuestros propios como mostraba una película de SF de los años cincuenta Planeta prohibido), de seres de otros planetas al intentar apoderarse de éste, sin olvidar también a la propia naturaleza capaz de relevarse contra los humanos ante la forma en que es tratada/dilapidada.

Huir de los peligros, de los fantasmas interiores o exteriores, peligros reales o imaginarios va a resultar inútil para Michelle, quien en vez de enfrentarse a sus problemas decide marchar no sabe muy bien dónde. Un comienzo excelente da pie a la pesadilla de la mujer: aunque dudando decide romper la relación con Ben (al que no veremos, sólo escucharemos a través de una llamada al móvil) y con su coche se lanza hacia… no sabe bien dónde. Un noticiero en la radio, como sin importancia, habla de una serie de sucesos extraños sobre los que se informará. Un móvil que suena, una mujer nerviosa al volante de un coche sin destino fijo, la noche cerrada y de pronto el coche que choca.

Un prólogo maravillosamente contado, con las únicas palabras de Ben pidiendo a la mujer que vuelva. Planos diferentes del personaje, del coche y una banda sonora perfecta dan paso a unos muy buenos títulos de crédito (concluidos el final de igual manera) abren sorprendentemente la película con intensidad y ritmo. Hay cine y de calidad en el inicio, lindante con las grandes películas de serie B. Lo que vendrá detrás no negará valor a este inicio sino que al menos a lo largo de una hora lo reforzará.

Todo el resto del filme, menos los planos finales, van a transcurrir en una casa perpetrada como una gran fortaleza, propiedad de un extraño personaje, Howard (excelente John Goodman), mesiánico y apocalíptico individuo con una historia imaginada más que real, encerrado en un búnker para poder huir de la destrucción que, según cuenta, asola al exterior en forma… de ataque, bacteria o vete a saber qué.

La mujer huyendo de su vida, de una relación, de un mundo, para liberarse, se encuentra encerrada por alguien que dice la ha salvado la vida después del accidente. Imposible salir al exterior. Encadenada primero, adiestrada (quizá amaestrada) posteriormente, siente pasar un tiempo que fuera continua o se ha parado. Junto a ella otro joven, los tres únicos personajes del filme (si exceptuamos una mujer que en un momento tratará, horrorizada y quemada, de entrar en la casa) en los que, y desde lo que, se vive una tensión. Dominio y sumisión. Lucha por encontrar la libertad y dificultad de salir de tal lugar.

¿Cuál es realmente la realidad? ¿Howard es un salvador, un criminal o un loco?

Un guión preciso, con vueltas y revueltas generadoras de interés y tensión van marcando la narración para llevar a una tercera parte en la que aparecerá la destrucción del entorno, del todo. Una parte-epílogo no a la altura de todo lo anterior al ser demasiado simplista y, además, donde cantan unos efectos que no hacen más que puntear con claridad el carácter de serie B del producto.

De todas formas en esta parte final, o mejor en el cierre del filme, dejándolo abierto a una nueva secuela, se llega a una solución-compromiso: la protagonista habrá comprendido que la huida es imposible: los problemas hay que afrontarlos y mirarlos a la cara. De ahí su opción final insistiendo en lo dicho: la propuesta de una nueva entrega.

Al principio he indicado que aunque el film nace de Monstruoso y de su título original, muy bien puede entenderse como película nacida en sí misma sin apoyatura de aquella. Ahora bien en ambas hay dos hechos que aparecen como identificativas: la presencia de algo, entidad, ser, invasión o epidemia que acabará con la vida en la Tierra (y la dificultad y, en parte, imposibilidad de luchar frente a lo desconocido) y, en segundo lugar, la forma de narrativa.

Si en Monstruoso el ojo de una cámara narraría (objetivamente) lo que va ocurriendo, el ángulo que su objetivo es capaz de ver, en Calle Colverfield 10 el ojo de la cámara es sustituido por la visión de la protagonista. Todo lo vemos y lo sentimos desde el personaje de la mujer. Estamos pues en el mundo de la subjetividad, lo que imposibilita saber o ver algo distinto de lo que Michelle vive. Sus dudas, sus descubrimientos, sus terrores son los propios del espectador, de ahí que, de esa forma, puedan admitirse como correctos ciertos resabios sugerentes que no terminan por concretarse: la presencia de los pendientes de la chica desaparecida, por ejemplo.

Película muy bien narrada con gran fuerza por momentos y que nos devuelve a la grandeza de ese cine americano serie B de los años 40 donde el productor Val Lewton era, casi, un rey.                                                                                             

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