CRÍTICA DE CINE

Dark Star: el universo de H.R. Giger: La armonía de lo impuro

A muchos el nombre de Hans Rudolf Giger quizás no les suene mucho, pero si decimos que nos estamos refiriendo al artista que diseñó al Alien de la mítica película de Ridley Scott seguro que a más de uno le va a picar la curiosidad de ver que se cuece en este interesante documental.

Documental | 95 min. | Suiza 2014

Título: Dark Star: el universo de H.R. Giger. 
Título original: Dark Star: HR Gigers Welt. 
Directora: Belinda Sallin.
Guión: Belinda Sallin.
Intervienen: H.R. Giger, Leslie Barany, Sandra Beretta, Tom Gabriel Fischer.
Estreno en España: 08/04/2016 
Productora: Columbus Film.

Distribuidora: Premium.

 

 

Sinopsis

Hansruedi Giger fue el hombre responsable de algunas de nuestras peores pesadillas. El ilustrador suizo poseía una imaginación fascinante y temible, en la que las formas orgánicas se unían con los pavores del mundo industrial, y que dio a luz a una de las criaturas más temibles del cine: el Alien. Poco antes de fallecer, Giger abrió las puertas de su taller a este documental, que nos muestra su faceta más íntima. 

Crítica

Al inicio del documental la cámara avanza de manera parsimoniosa a través de un laberíntico jardín. A medida que nos adentramos en ese auténtico oasis de caos contenido, vemos como un buen número de esculturas de monstruos deformes se confunden de manera armoniosa con la vegetación del lugar. La sensación que nos embarga es extraña, como si poco a poco nos estuviéramos introduciendo en lo más profundo del Averno.

Pero la paradoja alcanza su máxima expresión cuando quien nos atiende a la puerta de su casa es un viejecito afable y entrañable que nos invita a entrar.

Ese hombre de mirada inquieta y movilidad reducida no es otro que H.R, Giger, un artista gráfico y escultor suizo que ganó un Oscar en 1980 al mejor diseño de producción al crear a la criatura y algunos espacios escénicos de Alien, la obra cumbre del director estadounidense Ridley Scott. Giger llegó al mundo del cine de la mano del artista chileno Alejandro Jodorowski, a quien se lo recomendó Salvador Dalí en Cadaquès en 1973, para el proyecto Dune (1973-1977), en el que también estaba, junto a Jodorowski y al historietista e ilustrador francés Moebius, el guionista y diseñador Dan O´Bannon, que fue quien incorporó a Giger al proyecto de Alien en 1978. 

Giger llegó al mundo del cine de la mano del artista chileno Alejandro Jodorowski.

A lo largo del documento filmado asistimos a una serie de escenas cotidianas donde por ejemplo vemos al avejentado artista pasear por las distintas estancias de su casa decoradas con gusto barroco con espeluznantes obras de arte o esbozar algún que otro dibujo sentado tranquilamente en su despacho ubicado en un sótano que se asemeja más a una guarida. 

El silencio que se respira en el ambiente mientras el creador trabaja en sus nuevos proyectos es estremecedor.

El silencio que se respira en el ambiente mientras el creador trabaja en sus nuevos proyectos es estremecedor, y tan sólo se interrumpe por el tenue maullido de un gato que pulula por el lugar.

Por la casa también se mueven de forma sigilosa algunos de los más estrechos colaboradores de Giger: un asistente que también ejerce de músico en un grupo de heavy que le ayuda con las tareas administrativas diarias; Carmen, su segunda mujer que vive en una casa adyacente y que dirige el museo H.R. Gifer en Gruyères y su madre Carmen Scheifele de la Vega una vivaracha madrileña que ejerce de improvisada secretaria a la par de experta cocinera un par de veces por semana.

También aparecen por allí algunos de los más íntimos amigos del diseñador: el reputado psicólogo Stanislav Grof; el galerista Hans H. Gunz; Paul Tobler, hermano de Li Tobler, una artista que mantuvo una relación amorosa con Giger y con la que rodó varios cortometrajes hasta que se suicidó en 1975 (hecho que marcaría para siempre la obra de Giger), y Sandra Beretta, diseñadora gráfica de algunos de los libros más conocidos del artista suizo.

Todos ellos coinciden en ensalzar la figura de un autor tan prolífico como original. Pero si a través de sus comentarios y confesiones ante la cámara nos vamos haciendo a la idea de la importancia y trascendencia de la persona a la que se rinde homenaje (Giger falleció tan sólo unas semanas después de acabarse de rodar el documental), lo que realmente acaba de convencernos de que nos hallamos ante un auténtico mito es el momento en el que acude a inaugurar una macroexposición sobre su obra en la localidad austriaca de Linz.

Allí se puede llegar a apreciar el rango de deificación que le profesan sus entregados acólitos: veremos llorar a hombres hechos y derechos como si fueran niños delante de su idolatrado héroe, e incluso los más atrevidos aprovecharán la ocasión para que les estampe su autógrafo en lugares bastante poco convencionales. 

Y es que contemplar la vasta obra de este auténtico maestro es una experiencia que no deja indiferente. Así el documental ejerce de sugerente invitación para todos aquellos que quieran saber un poco más sobre la vida y trabajo de un artista a reivindicar, alguien que supo sacar belleza de lo feo, y que supo inspirarse en el horror humano que nos rodea para dejarnos un antológico legado único e irrepetible barnizado de una majestuosidad inquietante.