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CRÍTICA DE CINE

Diarios De Otsoga: En época de pandemia

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Diarios de Otsoga

Cartelera España 3 de junio

Diarios de Otsoga

Título original

Diários de Otsogaaka 
Año
Duración
102 min.
País
Portugal Portugal
Dirección

Guion

Maureen Fazendeiro, Miguel Gomes, Mariana Ricardo

Fotografía

Mário Castanheira

Reparto

Productora

O Som e a Fúria, Uma Pedra no Sapato

Género
Drama | Coronavirus (COVID-19)
Sinopsis
Crista, Carloto y João están construyendo un aireado invernadero para mariposas en el jardín. Los tres comparten rutinas del hogar, día tras día… Y no son los únicos.
 
CRÍTICA

Durante agosto y septiembre del 2020, los cineastas Miguel Gomes y Maureen Fazendeiro, le apostaron a un proyecto: rodar una película en época de  cuarentena  a la que titularon, Diarios de Otsoga, una interesante propuesta narrada en orden cronológico que data de 22 días, pero a  la inversa.

La película inicia de una manera emotiva y seductora, con tres jóvenes: dos chicos y una chica celebrando una fiesta, mientras nos sentimos embriagados por la pegajosa canción The Night de Frankie Valie & The Four Seasons.

Estos tres personajes: Carloto Cotta, João Monteiro y Cristina Alfaite están confinados en una inmensa casa campestre, ubicada en un ficticio lugar de Portugal, conviven con perros y otros animales exóticos y para combatir el aburrimiento del encierro y la cotidianeidad deciden construir un mariposario, tal vez como simbolismo a la transformación a la que nos vimos sometidos durante la pandemia.

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Sus realizadores también quisieron hacer énfasis en cómo algunas  frutas se van descomponiendo con el paso del tiempo, una especie de metáfora que  representa como aquello que se descuida puede irse deteriorando hasta caer en un inclemente estado de putrefacción, y los quebrantables hilos de las relaciones humanas.

En la medida que va avanzando la película, nos internamos en todo lo que conlleva un rodaje, las relaciones interpersonales, el trabajo en equipo y los contratiempos que se presentan cuando se convive durante un tiempo bajo el mismo techo, por algo tan simple como un tarro de mermelada.

Se destaca la iluminación que le da un ritmo dinámico a la exposición de sensaciones visuales, una atractiva alegoría a las emociones y diversos puntos de vista de sus personajes.

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Diarios de Otsoga se podría definir como un manifiesto de lo que fue el confinamiento, a pesar de las largas y contemplativas secuencias a las frutas, el jardín, y los diálogos naturales, es una película que nos deja en evidencia que a través del cine se pueden plasmar situaciones cotidianas, con una hermosa simpleza y que la naturaleza,  y sobre todo los animales, en este caso los perros se pueden convertir en la mejor terapia para sobrellevar las vicisitudes de la vida.