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CRÍTICA DE CINE

Dios es mujer y se llama Petrunya: En su cruz la clavaron

Dios es mujer y se llama Petrunya : CartelDrama | 100 min. | Macedonia-Bélgica-Francia |  2019

Título: Dios es mujer y su nombre es Petrunya.
Título original: Gospod postoi, imeto i' e Petrunija.

Dirección: Teona Strugar Mitevska.
Guión: Teona Strugar Mitevska, Elma Tataragic.
Intérpretes: Labina Mitevska, Xhevdet Jashari, Petar Mircevski, Mario Knezovic. 

Estreno: 24/01/2020
Productora: Deuxieme Ligne Films / Entre Chien et Loup / Sister and Brother Mitevski / Spiritus Movens.

Distribuidora: Karma Films.

 

Sinopsis

En una pequeña localidad de Macedonia, cada mes de enero el sacerdote del pueblo arroja una cruz de madera al río. Se trata de una ceremonia en la que cientos de hombres se lanzan al agua para conseguirla, ya que quien se haga con el crucifijo tendrá garantizada la buena suerte durante todo el año. Pero esta vez la cruz la ha cogido Petrunya (Zorica Nusheva). El resto de competidores están furiosos ¿cómo se atreve una mujer a participar en este ritual tradicionalmente masculino? La tormenta estalla, pero Petrunya se mantiene firme: no está dispuesta a devolver la cruz.

Crítica:

La carta de presentación en nuestro país de Teona Strugar Mitevska concentra en una sola obra sus rasgos temáticos y estilísticos más característicos como son la defensa de los derechos de la mujer, el retrato de una Macedonia profunda gris –ya sea por las consecuencias de la Guerra de los Balcanes o por el conservadurismo que rige la sociedad- y una temporalidad marcada más por los ritmos pausados pero de acción constante del cine independiente americano que por la contemplación europea. Es Macedonia, pero da una imagen semejante a la de los desoladores y retrógrados Ozarks de Missouri que retrató Debra Granik en Winter’s bone (2010), por ejemplo. La hostilidad del entorno y, remarcadamente, de una comunidad gobernada por el patriarcado son los grandes muros de fondo a los que tienen que hacer frente  las protagonistas de ambos filmes, mujeres jóvenes en riesgo de exclusión que toman las riendas de su destino. Pero mientras que la obra de Granik es rematadamente seria y angustiante, Mitevska sigue el camino de la fábula costumbrista en la que la comedia saca las orejas puntualmente en medio de la clara militancia feminista.

Dios es mujer y se llama Petrunya : Foto

“ Un alegato a favor de la igualdad de género, pero que también reparte contra el fanatismo religioso, el sensacionalismo de la prensa o los cánones de belleza normativos".

Para su exposición la cineasta toma un caso real ocurrido en 2014 en el que una mujer se lanzó al agua y recogió una cruz de madera, en una celebración tradicional exclusivamente reservada para hombres, transgrediendo las normas. Por esta blasfemia, fue sometida a un linchamiento popular y mediático tan sonoro que terminó involucrando al poder judicial. Mitevska recrea el calvario de la mujer en cuestión, la Petrunya del título, en un film de innegables buenas intenciones que consigue poner ante el espejo las flaquezas de una sociedad inamovible en sus principios caducos. Dejando claro su valor de denuncia, Mitevska acaba redundando demasiado en ella, hecho que afecta a la fluidez de su desarrollo. Un inicio sólido y consistente pasa a un nudo irregular por, precisamente, atascarse en un circunloquio y llegar a un desenlace algo obvio, de moral correcta.Dios es mujer y se llama Petrunya : Foto

La concisión habría aligerado el peso un tanto sobrecargado de la cruz de Petrunya, la cual a veces no acaba de encontrar el equilibrio en su tono; pero el film de Mitevska no deja de ser una estimable ventana a la cultura macedonia, cercana geográficamente, algo más lejos ideológicamente –aunque no tanto, en tiempos donde las propuestas de segregaciones mediante censuras parentales intensificarán brechas sociales-, y de acceso ocasional en el espectro cinéfilo, pese a que este 2019 ha sido el año más fructífero para la filmografía del país balcánico, con el título que nos ocupa y la hazaña del documental Honeyland (Tamara Kotevska, Ljubomir Stefanov), doblemente nominado al Oscar. 

Dios es mujer y se llama Petrunya : Foto

Un alegato a favor de la igualdad de género, pero que también reparte contra el fanatismo religioso, el sensacionalismo de la prensa o los cánones de belleza normativos, dando lugar a un canto frontalmente opuesto a la intolerancia, en el que brilla la portadora de la cruz, una luminosa revelación llamada Zorica Nusheva que sostiene todo a sus espaldas sin caerse.