CRÍTICA DE CINE

Donbass: La guerra como expresión del horror humano

El cineasta bielorruso Sergei Loznitsa (Austerlitz, En la niebla) dirige este filme que protagonizan Valeriu Andriuta, Lyudmila Smorodina y Boris Kamorzin.

Drama| 120 min. |Ucrania-Alemania| 2018

Título: La Espía Roja.
Título original: Red Joan.

Director: Sergei Loznitsa.
Guión: Sergei Loznitsa.

Intérpretes: Valeriu Andriuta, Evgeny Chistyakov, Georgi Deliyev, Vadim Dubovsky.

Estreno: 18 de abril 
Productora: Arthouse Traffic / Graniet Film BV / JBA Production / Majade Fiction.

Distribuidora: Alfa Pictures.

 

Sinopsis

Un desfile de viñetas de patriotismo, histeria, violencia y burocracia. En el este de Ucrania, la sociedad comienza a degradarse cuando, en la era de la post-verdad y las fake news, afloran la manipulación y la propaganda sin límites éticos. 

Crítica firmada por Juan de Pablo Pons

Sergei Loznitsa, director del apreciado documental Maidan (2014), nos propone en su última película, titulada Donbass, una visión pesimista sobre la capacidad humana para resolver los conflictos, si no es a través de la agresión y la violencia.

El título del filme hace referencia a las regiones de Donetsk y Lugansk en Ucrania, que se conocen como Donbass, y que identifican el territorio donde se desarrolla la acción de la película. En este territorio se concentra la lucha armada, no declarada oficialmente, entre las fuerzas independentistas prorrusas y los defensores de la integridad de Ucrania.

El conflicto se inicia en el año 2014 cuando el gobierno de Víktor Yanukóvich, afín a Rusia, es desplazado por un movimiento político que promueve un acercamiento a Europa. Entonces Rusia toma la iniciativa y se anexiona unilateralmente la península de Crimea, situada al sur de Ucrania, dado que considera una cuestión estratégica el acceso al mar de Azov y a sus puertos.

La llamada guerra del Donbass es otro foco de rebeldía que se concreta en un conflicto armado entre las fuerzas independentistas prorrusas de las auto proclamadas repúblicas populares de Donetsk y Lugansk y el gobierno legítimo de Ucrania. La situación de tensión entre Ucrania y Rusia se mantiene en la actualidad.

Como es habitual en los conflictos armados, es la población civil la que sufre con más rigor esta violencia. Este es el conflicto que describe Loznitsa en su película. Su discurso es claramente militante, posicionándose en contra de la ocupación rusa, realizada por tropas paramilitares.

Como es habitual en los conflictos armados, es la población civil la que sufre con más rigor esta violencia. Este es el conflicto que describe Loznitsa en su película. Su discurso es claramente militante, posicionándose en contra de la ocupación rusa, realizada por tropas paramilitares.

La película se estructura en 13 episodios claramente diferenciables, a modo de crónica de guerra, en los que se muestran distintos tipos de violencia —uso de armas de guerra, humillación, engaños, manipulación—, y donde lo más evidente es el sufrimiento de la población civil.

La idea de partida de este filme, tal como declaró el director a su paso por el  Festival de Cine de Sevilla, fue el descubrimiento y la recopilación de videos caseros, grabados por los propios habitantes y subidos a Internet; grabaciones no profesionales que captaban la brutalidad de la guerra y sus terribles consecuencias. El reflejo que nos devuelve este material es el de la deshumanización. En consecuencia, el estilo de la película resultante es el de un aparente documental, aunque ficcionado.

Se trata por tanto de un filme militante y comprometido que denuncia los desastres de una guerra olvidada, apenas presente en los medios de comunicación, salvo cuando la catástrofe alcanza un gran eco internacional, como ocurrió en julio de 2014 cuando un avión civil de Malaysia Airlines con código compartido con la aerolínea KLM, que realizada el trayecto desde Amsterdam (Holanda) a Kuala Lumpur (Malasia) con 283 pasajeros y 15 tripulantes a bordo, fue derribado por un misil en el espacio aéreo de Ucrania, en la zona de Donetsk, a 40 kilómetros de la frontera de Rusia. Esta tragedia, calificada oficialmente de «incidente», supuso que Ucrania y Rusia se culparan mutuamente como responsables. Los expertos concluyeron que lo más probable es que el misil proviniera de las milicias combatientes prorrusas.

Donbass ha sido reconocida y premiada en el circuito de festivales ya que  ha  ganado el premio a Mejor Director en la sección Un certain regard del Festival de Cannes y ha obtenido el Giraldillo de Oro en el Festival de Cine Europeo de Sevilla.

Loznitsa no deja títere con cabeza en su denuncia. La narración se presenta como un viaje circular (comienza y termina en el mismo lugar). En su recorrido asistimos a desencuentros entre periodistas y militares en mitad del conflicto armado, jóvenes increpados por no unirse a la actividad armada y otros a los que se les roba sus propiedades en nombre de la causa revolucionaria, reuniones políticas con grandes tensiones, grupos de personas hacinadas viviendo en la miseria más absoluta porque sus casas han sido destruidas, una excéntrica boda donde los discursos se transforman en soflamas políticas ridículas, o el trágico rodaje de un tráiler con la preparación de unos extras con el que empieza y termina la película.

En definitiva, se nos trasmite un mensaje desasosegante y pesimista sobre las consecuencias de los enfrentamientos armados.

El director ha declarado que en determinados momentos del filme ha querido incorporar un sesgo humorístico para aliviar al espectador de una descripción tan cruda y violenta como la que se presenta. Así, en algunos episodios se llega a situaciones tan absurdas y grotescas que pueden resultar humorísticas por ridículas o patéticas. Esta es una cuestión delicada que ya se ha discutido en otras ocasiones, como en el caso de La vida es bella (1999) de Roberto Benigni, historia en la que un padre y su hijo pequeño, internados en un campo de concentración nazi, crean un mundo paralelo de fantasía, para distanciarse del horror.

La denuncia del enfrentamiento bélico que se mantiene en Ucrania y la denuncia de que las principales víctimas de las guerras están en la población civil son los aspectos más relevantes de la película-denuncia de Sergei Loznitsa, rodada con producción ucraniana y con un presupuesto modesto. Sus imágenes realistas y en bastantes ocasiones duras, suponen una llamada de atención a nuestras conciencias sobre el uso de la violencia armada y sus terribles consecuencias.

Por tanto, película de concienciación, bien resuelta técnica y narrativamente, que conviene ver para no olvidar lo que la sinrazón de las guerras y el abuso de poder generan.

Revista Encadenados