CRÍTICA DE CINE

El escritor de un país sin librerías: Malos tiempos para la prosa

Documental que dirige Marc Serena (Peixos d'aigua dolça (en aigua salada)) y que cuenta con la participación del escritor Juan Tomás Ávila Laurel.

El escritor de un país sin librerías

El escritor de un país sin librerías
Año
Duración
79 min.
País
 España
Dirección
Guion
Marc Serena
Música
Pau de Nut
Fotografía
Josep Gutiérrez
Reparto
Documentary
Productora
Coproducción España-Guinea Ecuatorial;
Género
Documental | África
Sinopsis
Guinea Ecuatorial se independizó de España hace 50 años y ahora se ha convertido en uno de los países más aislados de África. Nos adentramos en él en compañía del escritor más traducido del país, Juan Tomás Ávila Laurel, que en 2011 tuvo que refugiarse en España por denunciar la dictadura de Teodoro Obiang, la más longeva del mundo. A través de sus libros descubrimos un rincón de África que vive aún bajo el impacto de dos siglos de dominación colonial.
 
CRÍTICA

El escritor: Juan tomás Ávila Laurel. Tal y como se nos explica al comienzo del documental, no son sus verdaderos apellidos, porque a los colonizadores españoles no les gustaban los nombres autóctonos y los sustituían por ciudades hispanas. De ahí el Ávila.   El país: Guinea Ecuatorial. Uno de los países más pequeños del continente africano que consiguió su independencia de España a finales de los años sesenta. A partir de ahí su suerte se ha visto afectada por una dictadura tras otra. Primero Francisco Macías y luego Teodoro Obiang. Las librerías: escasas en Guinea. Actualmente tenemos localizadas dos: la librería Malabo y la librería La casa tomada, ámbas ubicadas en Malabo, Bioko Norte, que es la capital actual hasta que esta se traslade a la moderna Oyala-Ciudad de la Paz. Pero allí no busquen los libros escritos por el protagonista de este documental, porque no los encontrarán. Cualquier disidencia se paga con la cárcel y el gobierno enmascara la represión con mensajes positivos de control de masas.

Incluso en España es difícil encontrar traducciones de la obra de Ávila. Pocos se arriesgan a publicar a un autor, digamos, "proscrito" por lo clarividente de su mensaje crítico. Los valientes en esta ocasión han sido Ediciones Carena en su colección de narrativa, y el libro escogido, Cuando a Guinea se iba por mar. Anteriormente otras editoriales también se habían atrevido a publicarle: Diccionario básico, y aleatorio, de la dictadura Guineana, ensayo, (Ceiba Ediciones,2011);  Nadie tiene buena fama en este país (Editorial Malamba, 2002) y el original relato afrofuturista Panga Rilene, publicado por la editorial Calambur en 2016. A ver si hay suerte y gracias al documental se aviva la curiosidad de los espectadores por estas obras.

Con casi una veintena de obras publicadas ⎯novela, ensayo, teatro y poesía, y guión cinematográfico⎯, es desde hace años el autor más prolífico la de literatura guineoecuatoriana y su obra es un punto de referencia dentro de las letras africanas escritas en español. La obra de Ávila Laurel demuestra un profundo compromiso con el pasado colonial de su país, así como una aguda crítica a su precaria actual situación.  Después de programarse en muchos de los Festivales de Cine más importantes de nuestro país (Seminci, L´Alternativa, Rizoma, Atlántida...) y de conocer un estreno restringido en Barcelona y Madrid en diciembre de 2019 la película consiguió siete nominaciones en la pasada edición de los Goya, aunque por desgracia se fue de vacío. Ahora tiene una segunda vida en la plataforma de Filmin al haber sido seleccionada en la sección Muros y Fronteras reales e imaginadas del Atlàntida Film Fest 2020.

El inicio de este indispensable documento es demoledor: Imágenes del No-Do donde se palpan con clarividencia meridiana las barbaridades de la colonización española al desnudo. Acompañando a las sonrojantes escenas, un punzante rap que destapa las atrocidades que aún a día de hoy se niegan desde uno y otro continente, y como colofón, una frase lapidaria con la que se cerraba el capítulo del deplorable noticiario de postguerra que tuvieron que sufrir nuestros padres: "España nunca ha ejercido el colonialismo en territorio africano"...Hay que echarle bemoles.

A partir de ahí se nos explica mediante una animación la infancia y juventud del escritor que tuvo que acabar exiliándose ante la amenaza latente. Vemos alguna secuencia costumbrista en su domicilio actual de la provincia de Barcelona aunque enseguida coge un avión y se planta en su país de origen para que podamos palpar la realidad latente en primera persona. La pobreza campa a sus anchas mientras unos pocos despilfarran el dinero ganado con el petróleo. Su familia malvive en chabolas primitivas y la contracultura se esconde por las esquinas intentando esquivar el ojo gubernamental que todo lo ve. A fin de cuentas  las cosas en la ex colonia no han cambiado sustancialmente desde el punto de vista del esquema de dominación, que por desgracia se sigue reproduciendo hoy en día. Un halo de esperanza se abre en las generaciones futuras que parecen hacer caso omiso a la reverencialidad asumida por la mayoría hacia su eterno líder. pero aún queda mucho camino.

Existen momentos muy potentes que vale la pena resaltar: el escritor inició una huelga de hambre en 2011 (de la que se hizo eco la prensa y fue elogiada por autoridades como Noam Chomsky) a la que tuvo que poner final a los pocos días de iniciada. Cuando se encuentra con quienes le debían de haber apoyado en aquella manifestación extrema unos y otros se recriminan tanto la comodidad de marchar lejos del conflicto como la falta de apoyo. Son momentos de tensión donde la amargura deja entrever las dificultades de quienes anhelan un cambio que por ahora parece utópico.  Otros aspectos muy interesantes son por ejemplo vislumbrar el respeto que se tiene por las personas mayores, quienes se convierten en el centro de las reuniones familiaras (vamos, más o menos como lo que ocurre aquí, donde se les ningunea sin contemplación alguna), o imaginarnos esa oficina de Correos donde se llevan las cartas, se les pone sello y...nunca se envían. Surrealismo puro y duro.

La verdad se destila en esos pasajes leídos impresionados en pantalla donde la amargura se mezcla de forma atinada con imágenes evocadoras del país añorado. Hasta que llegamos al punto final en forma de otra canción asoladora, esta vez a capela, por parte de un chaval que escupe verdades como templos sobre las injusticias y las promesas incumplidas que son el pan de cada día del que tiene que sobrevivir en Guinea Ecuatorial.