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CRÍTICA DE CINE

El espejo de los otros: Un film Ni-Ni

Ni terrenal ni simbólica; ni teatral ni cinematográfica; ni cursi ni profunda, la lista resultaría infinita para emplazar el opus número ocho de Marcos Carnevale, director que cuenta con amantes y detractores en la misma proporción, pero que por lo general recibe del público ese plus que lo exime de todo análisis sesudo sobre las formas y el contenido de sus propuestas.

espejo cartelDrama | 119 min. | Argentina 2015

Título: El espejo de los otros.
Título original: El espejo de los otros.
Director: Marcos Carnevale.
Guión: Marcos Carnevale.
Actores: Norma Aleandro, Graciela Borges, Leticia Bredice, Alfredo Casero.
Estreno en España: 09/09/2016 
Productora: Varsovia Films / Millecento 

Distribuidora: Sherlock Films

Sinopsis

Existe en Buenos Aires un lugar que pocos conocen, pero del que casi todo el mundo habla. Detrás de un paredón insípido y de una puerta que no dice mucho, están los restos de una catedral gótica, donde funciona un singular restaurante que ofrece una sola mesa. Todas las noches una última cena. Nadie viene sólo a disfrutar solamente de una gran comida, de los mejores vinos y de buena música. Los comensales que se sientan en la mesa, definen algo importante en sus vidas. 

Crítica

Contar con semejante elenco, encabezado por ejemplo por Graciela Borges o Norma Aleandro, a quien se suman Leticia Brédice, Julieta Díaz, Oscar Martínez, Mauricio Dayub, Alfredo Casero, Luis Machín, Pepe Cibrián, Favio Posca, Ana María Piccio, Carola Reyna, María Socas, Marilina Ross, Ana Fontán y Gipsy Bonafina, muchos de ellos con enorme experiencia en el teatro, habilitaba un interrogante que muy rápidamente se despeja al tomar contacto con este film: una buena idea para teatro.

Ben-Hur : Foto Jack Huston

Es que el cine es otra cosa, no sólo por la dialéctica entre la imagen y la palabra o la ilusión de movimiento, sino como lenguaje para transmitir sensaciones a partir de la puesta en escena. La pretenciosidad de El espejo de los otros  (2015), su grandilocuencia extrema en la impostura de cada una de las viñetas o episodios que reúnen a este desperdiciado dream team reflejan por un lado la pérdida absoluta de rumbo y la excusa de aplicar, por momentos, un estilo barroco para embellecer esa tétrica catedral en medio de la ciudad, donde se desarrollan los relatos bajo el pretexto de la cena, que puede a veces ser la última, y en donde no existe hilo conductor alguno.

La diferencia de tono y de ritmo resulta preocupante.

Las inconexiones ya se anticipaban desde el tráiler de promoción y tratándose de una película episódica, como lo fuera Relatos Salvajes (2014), la diferencia de tono y de ritmo resultaba preocupante. En el film de Damián Szifrón se advertía cohesión, mientras que en El espejo de los otros (2015) desfilaban rostros conocidos y convocantes de un gran público, en situaciones que podían o no advertirse como prolongaciones de pequeñas anécdotas.

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Ahora bien, el énfasis depositado en la altisonancia se trasluce desde la primera historia, que podríamos resumir como la expresión más tangible de la codicia entre hermanos corruptos para anclarla de inmediato con la realidad más acuciante hasta el fallido espacio umbral entre la fantasía y la realidad, donde las ideas de amor, finitud, celos y el inexorable paso del tiempo parecen concatenar a los personajes y las situaciones.

Los diálogos subrayan aquello que la propia imagen no puede resolver en términos cinematográficos. Pero no estamos en presencia ni siquiera de teatro mal filmado, porque no alcanza ese nivel. Por ende, lo que puede rescatarse de este intento de producción noble, desde el punto de vista de las intenciones, es realmente poco.

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Cada uno de los actores reconoce en sus papeles la materia prima para que el personaje se escape a la prisión de un guión en el que la forzada pátina emotiva ocupa toda intención, sin dejar espacio al matiz de comportamientos que no recaigan en un extremo de cursilería o planteo metafísico con poco sustento.

El cenáculo, ese restaurante regenteado por los hermanos Benito e Iris (Pepe Cibrián y Graciela Borges) intenta desde la mirada de Carnevale escapar del corsé denotativo para convertirse en un personaje por sí mismo, pero el intento queda a medio camino. 

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Tampoco puede pensarse en un limbo en el que Borges y Cibrián dirimen el libre albedrío de esas criaturas, comensales de lujo, cual demiurgos cansados y despechados entre las historias de amor que se intercalan como la fallida entre Oscar Martínez y Julieta Díaz, inverosímil en relación a la primera completamente terrenal en la que Favio Posca aporta su tradicional fisic du rol para personajes como el que le toca en suerte.

Las lágrimas se guardan para Norma Aleandro y Marilina Ross, también esa densidad melosa de la que Marcos Carnevale parece no querer desprenderse ni un segundo y que recuerdan al cine argentino de otras épocas.

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