Cine Nueva Tribuna

CRÍTICA DE CINE

Bajo Las Estrellas De París: Película sentida sobre los marginados de París y del mundo

Bajo las estrellas de París

Cartelera España 23 de abril

Bajo las estrellas de París

Título original

Sous les Etoiles de Paris aka 
Año
Duración
86 min.
País
Francia Francia
Dirección

Guion

Olivier Brunhes, Claus Drexel

Música

Valentin Hadjadj

Fotografía

Philippe Guilbert

Reparto

Productora

Arches Films, Maneki Films

Género
Drama | Drama socialPobrezaInmigración
Sinopsis
Christine (Catherine Frot) es una sintecho que vive en París. Una noche de invierno encuentra a Suli (Mahamadou Yaffa), un niño eritreo de 8 años, sollozando frente a su refugio y que no habla francés. Unidos por sus condición de marginales, ambos se embarcarán en un viaje emocional para intentar encontrar en París a la madre del niño. 
 
CRÍTICA

La pobreza es un virus que flagela al ser humano desde hace mucho más tiempo que cualquier otra pandemia. La miseria y las diferencias sociales existen desde el origen del mundo.

Además, hay personas malignas a quienes interesa esta cruda realidad de «gente vulnerable» a la que se puede manipular e incluso explotar de mil formas distintas. Son personas que han caído del sistema, los que por mil razones variadas han perdido el trabajo, la familia, una vivienda y carecen de asidero humano alguno.

Con la masiva llegada de emigrados de los países pobres o en guerra, la situación se ha tornado injusticia que clama y lacra desmedida que muestra sus llagas a un mundo opulento que la ignora mayormente o incluso la considera una molestia. Europa y países como España, Alemania o Francia (donde se desarrolla el film), estos pobres se han multiplicado exponencialmente.

Drexel: un cineasta concienciado

Claus Drexel, un director de origen alemán afincado en Francia, en 2013 realizó el documental En el borde del mundo (Au bord du monde), donde personas sin refugio ocupan aceras, puentes y pasillos de metro, un documento sobre la penuria, una aproximación a un país en el que viven personas a las que apenas se les reconoce dignidad: los sin techo.

Tiene el film un buen guion del propio Drexel junto al dramaturgo francés Olivier Brunhes, que conduce la historia con verismo y sentimiento.

Esta comedia dramática franco-belga, Bajo las estrellas de París (Sous les Etoiles de Paris), se inspira en uno de los personajes femeninos del documental de 2013. Drexel, con un importante tono de acusación, vuelve a la intemperie de la urbe francesa para hablar de la inmigración y de los desheredados, con imágenes invernales que hielan el cuerpo y el espíritu (hace mucho frío ahí afuera).

Tiene planos desoladores, rodados en los campamentos de emigrantes que han ido proliferando como hongos bajo los puentes de la Ciudad de las Luces, lo cual contrasta con el glamur de la superficie.

En algunos momentos el film plantea el conflicto existente entre los pobres nativos y los emigrantes llegados de países lejanos a los que miran con suspicacia, pues hay también clases entre los marginales; una indisimulada xenofobia alojada en la sociedad, encarnada por ese empleado de la limpieza (Thiërry) que inicialmente ayuda a Catherine, pero deja de hacerlo cuando se entera que cobija a un niño negro: un hombre que bien podría ser representativo de la mentalidad del Frente Nacional.

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Tremenda historia

Christine (Catherine Frot, veterana del cine y el teatro con cien películas en su haber) es una mujer que malvive en un subterráneo de la Ille de France próximo al Sena, comunicado con el metro (que le proporciona calor a su precario zulo sin agua ni luz); una señora sexagenaria destruida física y psíquicamente, que intuimos huye de un pasado traumático.

Christine es una persona solitaria que no se socializa ni en los comedores sociales, de la cual vislumbramos tuvo un pasado feliz por ciertos flashbacks de videos familiares en el mar, con un marido y una hija pequeña, o imágenes de un incendio, presente ello en sus sueños, lo cual apunta una tragedia que la ha llevado a su situación actual.

Siendo invierno y de noche se encuentra a Suli (Yaffa: extraordinaria fotogenia), un niño eritreo de 8 años solo y perdido, aterido y aterrorizado, con una carta de expulsión para su desaparecida madre, solo, lloroso y sin saber una palabra de francés. Dos seres unidos por su condición de marginales, pues no son familia ni los ata lazo alguno de parentesco, lo cual es importante subrayar pues la historia se teje por ser la mujer una especie de «adicta a los sentimientos», como apunta Bellón.

Entre la mendiga y el niño acaba estableciéndose un vínculo y una relación intensa y entrañable, una cariñosa unión de madre e hijo adoptivo, durante el tiempo que dura la frenética aventura de ambos por los suburbios de París buscando contrarreloj a la madre del pequeño antes que sea deportada.

Christine iniciará con Suli ese viaje incierto pero decidido en busca de la madre del niño. Como escribe Elsa Fernández-Santos: «un cuento triste sobre madres sin hijos e hijos sin madres, una historia de orfandad enmarcada en la tragedia de los inmigrantes irregulares de una gran ciudad». Un relato de solidaridad hecho desde la sensibilidad y el cariño por los personajes. Y una indigente que sin tener nada, lo da todo.

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Excelente Catherine Frot

El film es interpretado de manera excelente, con entrega y pasión, por Catherine Frot cuyos ojos expresan la enorme angustia, desaliento y temor que se amontona después de malvivir tanto tiempo en situación de desamparo.

El pequeño maliense que da la réplica a la Frot en el personaje de Suli es Mahamadou Yaffa, un niño de enorme expresividad ante el cual es difícil no rendirse a la emoción de su intensa mirada; la Frot-Christine le devuelve al niño su gran sentido de vida: encontrar a su madre.

El film le debe una parte sustancial a Cathrine Frot y su apabullante ternura dentro del personaje de mujer hosca, mal encarada y huraña que subsiste mal que peor en la capital del país galo, y que parece convivir sin excesivo reconcomio entre la suntuosidad y la desventura; lo cual hace con pasmosa naturalidad.

Acompaña un reparto bien elegido y bien dirigido con artistas como Dominique Frot, Jean-Henri Compère (como Patrick), Emilie Favre Bertin, Raphael Thiërry, Farida Rahouadj y Baptiste Amann.

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Especie de cuento de hadas

La historia se va deslizando a modo de cuento de hadas con una trama humana y humanista basada en el drama social de los simpapeles. Drexel dice haberse inspirado en la realidad de los marginados que habitan calles de la capital francesa. Por fortuna, Drexel sabe eludir el exceso de sentimentalismo o las tentaciones de hacer demagogia, a la vez que evita «dar la tabarra ni intentar hacernos llorar» (Marín Bellón).

Construye esta obra como triste, poética y tierna balada de los pobres del mundo, con los justos toques de humor y algunas pinceladas sobre el pasado de Christine, amén de un comedido tinte onírico en algunas secuencias. Pero sin olvidar que esta poesía esconde la amargura de los clochards, de los que duermen al raso para quienes la ciudad es una despiadada jungla de asfalto y peligro.

Tiene el film la gestualidad del cine mudo y, sin mucha indagación, es claro que Drexel recuerda a un mítico Charlot con faldas (El chico, 1920), siempre mirando la figura de la madre accidental que también recuerda a una cinta de 1980 de John Cassavetes titulada Gloria, con una sensacional Gena Rowlands como madre de circunstancia (estupenda peli que vi en su estreno).

Muy interesante la música de Valentin Hadjadj y una fenomenal fotografía de Philippe Guilbert que roza con su objetivo las orillas del Sena y nos muestra una ciudad con encanto pero con el trasfondo penoso de la rampante indigencia.

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Drexel no se excede

Es la historia de una sinhogar solitaria que un día se topa con un niño que ha perdido a los suyos, migrantes africanos detenidos por la policía después de haber llegado en patera a Europa.

Drexel decide mantener un tono en su obra que no resulta miserabilista (no considera la naturaleza humana prisionera de su propia pobreza), ni sentimentaloide (no busca la emoción fácil, afectada o superficial), más bien plasma la cotidiana supervivencia de la extraña pareja.

La película tiene un aire cándido, infantil podría decirse, lo cual le impide voluntariamente abordar la sangrante temática desde una perspectiva más vigorosa y afilada. Como dice Muñoz: «la emotividad de esos dos seres desamparados que comparten miserias durante unos días atempera la denuncia social».

Planos de las tiendas de campaña y las fogatas nocturnas nos introducen en una realidad mugrienta lamentablemente encastrada en nuestra nuestro mundo y nuestra sociedad. Frente a ella, nos damos la vuelta para no verla, porque esa pobreza forastera incomoda y molesta.

Drexel recorre París, saca partido a sus puentes, calles, el río Sena o la catedral. La cámara fluye como el Tao en una cinta sin muchos diálogos, casi muda, más bien centrada en las acciones y en las miradas de los personajes.

Película interesante, aleccionadora y de denuncia el cual el espectador no tardará en verse involucrado.

Escribe Enrique Fernández Lópiz Revista Encadenados