Cine Nueva Tribuna

CRÍTICA DE CINE

Hasta Que La Boda Nos Separe: Fiel al público

Hasta que la boda nos separe : CartelComedia | 110 min. | España |  2020

Título: Hasta Que La Boda Nos Separe.
Título original: Hasta Que La Boda Nos Separe.

Dirección: Dani de la Orden.
Guión: Olatz Arroyo, Eric Navarro, Marta Sánchez.
Intérpretes: Belén Cuesta, Álex García, Silvia Alonso, Antonio Dechent.

Estreno: 14/02/2020
Productora: Álamo Producciones Audiovisuales / Atresmedia Cine.

Distribuidora: A Contracorriente Films.

 

Sinopsis

Marina (Belén Cuesta) se gana la vida organizando bodas, y no porque sea especialmente  romántica, sino porque como ella dice: "cuando la gente está enamorada, no mira el dinero". A diferencia de sus clientes, Marina vive sin ataduras ni compromisos… hasta que una noche conoce a Carlos (Álex García), un 'affaire' más para ella y un momento de debilidad para él. Porque Carlos tiene novia: Alexia (Silvia Alonso), una chica perfecta y amiga de infancia de Marina. Todo se pondrá patas arriba cuando Alexia descubra la tarjeta de visita de Marina entre las cosas de Carlos, y lo interprete como una propuesta de matrimonio, diciendo que sí de inmediato. Claro que, los planes de boda plantearán infinitos problemas que amenazan con destruir su relación.

Crítica de Aleix Sales:

Desde su irrupción en el panorama cinematográfico con Barcelona, nit d’estiu en 2013, Dani de la Orden ha conseguido en prácticamente todos sus trabajos la difícil proeza de conectar con el público. Prueba de ello son los buenos rendimientos en taquilla de sus películas, salvo Litus (2019), la cual tenía una vertiente algo más teatral, autoral y, para que negarlo, madura que no era para un público de espectro tan amplio como las otras películas. La clave del éxito del cineasta catalán es ir a lo seguro y copiar los formatos de la comedia popular que han funcionado desde siempre en el cine anglosajón: historias románticas cruzadas (la dupla Barcelona), la road movie padre-hijo (El mejor verano de mi vida) o el regreso al pueblo de dos hermanos (El pregón). 

Hasta que la boda nos separe : Foto Belén Cuesta

“De la Orden entiende los códigos de la comedia y los sabe usar para confeccionar películas que aspiran a recuperar para el cine español esos espectadores desertores hacia los patrones americanos clásicos".

 La sencillez y efectividad de sus propuestas, sin moverse mucho de la fórmula establecida, son las que el público sigue comprando y él, con total legitimidad, las aprovecha para llevar una racha algo insólita en el cine español de casi película por año. De la Orden entiende los códigos de la comedia y los sabe usar para confeccionar películas que aspiran a recuperar para el cine español esos espectadores desertores hacia los patrones americanos clásicos.

Hasta que la boda nos separe : Foto Álex García (II)

Con Hasta que la boda nos separe lleva a cabo el mismo plan y remakea la comedia francesa La wedding planner (Reem Kherici, 2017), que encaja perfectamente en el subgénero de bodas y enredo. Desde su cartel no engaña y la película es género puro y duro, cumpliendo a rajatabla con su estructura canónica y unos personajes arquetípicos, con una gama de secundarios que ejemplifican todos los clichés de la romcom. Ante la prefabricación estilística y un bombardeo de gags entre los que funcionan más de uno, está un reparto a quien atribuir el mérito de conseguir levantar todo el material gracias a su adecuado timing cómico, con la superdotada Belén Cuesta como capitana. Pese a su falta de pretensiones, es una pena que de la Orden y sus guionistas no aprovechen para hacer una lectura más actualizada y con un poso feminista más acorde con los tiempos que vivimos. Sin contar el papel mojado del personaje protagonista, que todo el mundo sabe como va acabar, hay una tentativa de ello en el personaje de Silvia Alonso que, sin embargo es desarrollado de un modo forzado y poco creíble que no resulta nada firme en su justificación. 

Hasta que la boda nos separe : Foto

Con ese conservadurismo inherente al género y sin riesgo alguno, no deja de ser un producto evasivo correcto que el espectador es capaz de recitar de memoria, pero cuya ligereza no molesta y puede sentar bien en pequeñas cosas de vez en cuando.