martes. 29.11.2022
CRÍTICA DE CINE

High-Rise: ¡Esto se hunde!

El escritor J. G Ballard pasó por ser uno de los referentes de la literatura de ciencia ficción de los años 70, y en consecuencia algunas de sus obras ya han sido llevadas al cine, siendo las más destacas Crash (David Cronenberg, 1996); El imperio del sol (Steven Spielberg, 1984) y La exhibición de las atrocidades (Jonathan Weiss, 2000). 

high rise cartelThriller | 118 min. | Reino Unido 2015

Título: High-Rise
Título original: High-Rise.
Director: Ben Wheatley.
Guión: Anna Boden, Ryan Fleck
Actores: Tom Hiddleston, Sienna Miller, Jeremy Irons, Luke Evans.
Estreno en España: 13/05/2016 
Productora: Film4 / Embargo Films.

Distribuidora: Betta Pictures.

 

Sinopsis

La historia narra la llegada del doctor Robert Laing a la Torre Elysium, un enorme rascacielos dentro del cual se desarrolla todo un mundo aparte, en el cual parece existir la sociedad ideal. Pero secretamente, el recién llegado se sentirá perturbado ante la posibilidad de que este orden utópico no sea tal. Sospechas que rápidamente serán corroboradas de la forma más siniestra.

Crítica

El escritor J. G Ballard pasó por ser uno de los referentes de la literatura de ciencia ficción de los años 70, y en consecuencia algunas de sus obras ya han sido llevadas al cine, siendo las más destacas Crash (David Cronenberg, 1996); El imperio del sol (Steven Spielberg, 1984) y La exhibición de las atrocidades (Jonathan Weiss, 2000). Siempre se ha considerado que sus novelas tenían pocas posibilidades de ser trasladadas a la gran pantalla, dado su carácter profético que dificultaba su traslación en imágenes.

Uno de los más dificultosos es sin duda High-Rise (que les hubiera costado a los distribuidores estrenarla con el mismo título con el que se publicó la novela en 1975: Rascacielos), que ya conoció varios intentos infructuosos de adaptación al cine de la mano de directores tan prestigiosos como Nicholas Roeg o Vincenzo Natali. Ben Weathley, uno de los cineastas británicos que tratan el género fantástico más prometedores del panorama actual decidió coger el toro por los cuernos y atreverse con un relato decididamente a contracorriente. 

La trama transcurre en un edificio espectacular construido por un arquitecto con un punto megalómano.

La trama transcurre en un edificio espectacular construido por un arquitecto con un punto megalómano donde se pueden disfrutar de todas las comodidades posibles. El bloque, que a más de uno le recordará en su forma al mítico monolito de 2.001 una odisea en el espacio de Stanley Kubrick, alberga tres tipos de pisos, que corresponden a las distintas clases sociales que moran en el lugar. Como suele pasar, los menos pudientes habitarán las galeras, la clase media se instalará en la parte central y los ricos y poderosos en las alturas más vertiginosas.

El desarrollo argumental coincide en tiempo y forma con el progresivo deterioro de las relaciones humanas entre los propietarios.

“Más tarde, mientras estaba sentado en el balcón, comiéndose el perro, el doctor Robert Laing recordó otra vez los hechos insólitos que habían ocurrido en este enorme edificio de apartamentos en los tres últimos meses”. Así empieza la novela y así comienza también el film antes de pasar a un largo flashback que ocupa el resto de la propuesta. El desarrollo argumental coincide en tiempo y forma con el progresivo deterioro de las relaciones humanas entre los cada vez más encolerizados y asilvestrados propietarios, quienes no dudarán en sembrar el caos más absoluto cuando comiencen a padecer ciertas carencias estructurales que aquí no vamos a desvelar.

Si por algo destaca esta irregular adaptación es sobre todo por su sobresaliente uso del sonido y del montaje, que en algunos instantes raya la perfección absoluta. El dinamismo que alcanzan algunas escenas es apabullante, todo gracias a la espectacular y embaucadora banda sonora firmada por Clint Mansell, quien ya ha dado firmes muestras de su talento en películas como Stoker o Cisne Negro. En cuanto a la labor de edición se refiere, Amy Jump conoce a la perfección los gustos del director, ya que no en vano ha sido la encargada de montar todas las películas de su filmografía. Aquí logra transmitir al espectador todo el frenetismo y locura de la sinrazón gracias a breves situaciones paralelas que se encadenan a un ritmo vertiginoso.

En cuanto al elenco actoral se refiere, el cada vez más solicitado Tom Hiddleston luce sobremanera en un rol en el que se le exige cantidad de tonos distintos. Por un lado tenemos al médico seguro y profesional, impoluto y elegante, y por el otro al vecino inseguro de pasado tortuoso quien poco a poco se verá arrastrado a una espiral de violencia sin fin (sus momentos más desatados son hilarantes). A su lado también destacan, con una participación más testimonial, una pléyade de buenos actores encabezados por Jeremy Irons, Elisabeth Moss y Sienna Miller.

Algunos críticos se han apresurado a decir que estamos ante un film duro y no apto para estómagos sensibles. Tampoco es para tanto. Las escenas escabrosas brillan por su ausencia y los elementos más desagradables están siempre fuera de plano. Lo que sí puede ser cierto es que no se trate de un trabajo para todos los paladares. Su visionado no es nada sencillo dado su barroquismo y su saturación progresiva. Es fácil desconectarse de la trama porque sencillamente dicha trama se va disipando para dar paso tan sólo a un cúmulo de imágenes que acaban por fatigar de puro histrionismo.


High-Rise: ¡Esto se hunde!
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