CRÍTICA DE CINE ARGENTINO

Hombres de piel dura: Campo no tan sagrado

Drama| 96 min. | Argentina | 2019

Título: Hombres de piel dura.
Título original: Hombres de piel dura.
Dirección: José Celestino Campusano.
Guión: José Celestino Campusano.
Intérpretes: Wall Javier, Germán Tarantino, Claudio Medina, Juan Salmeri,

Estreno: 08/08/2019 
Productora: CineBruto / Compañía de Cine.

Distribuidora: Compañía de Cine.

 

Sinopsis

Ariel es un chico que vive en el campo, en la provincia de Buenos Aires. Cuando su relación secreta con el cura Omar termina, Ariel inicia un nuevo proceso de autodescubrimiento.

Crítica 

La fuga y su precio ante la mirada de los otros es la brasa que crepita en los leños que poco a poco consumen la atmósfera de Hombres de piel dura, nuevo opus de José Celestino Campusano para sumergir sin anestesia y con la honestidad a flor de piel al espectador al mundo de la pedofilia, del abuso infantil y sus consecuencias en un ámbito  rural, en el epicentro de la conflictiva relación de un hijo gay, Ariel, y su padre, dueño de una chacra que no admite siquiera que su hijo mire a otros hombres o intente en la búsqueda de esa mirada arribar a otro horizonte más allá de los confines de ese campo, esa extensión de tierra más muerta que viva. Y es que la contraposición de dos modelos de sociedad o modos y costumbres de lo viejo con lo nuevo hacen eclosión en este drama que no repara un segundo en contar sin pelos en la lengua una historia de amores y despechos tanto motivados por lo vergonzoso o el odio que despierta el prejuicio social y mucho más el rechazo de aquel que se asume diferente en cuanto a lo que siente más que lo que piensa.

Con la simple premisa de una historia de amor entre hombres, el sufrimiento de Ariel ante el rechazo constante del entorno masculino, el creador de Vikingo expone las aristas invisibles de las relaciones de poder a partir de los cuerpos. 

 

Como no podía ser de otra forma la mudanza -por ponerle un término espacial- solamente es en el escenario pero no en materia conceptual y en ese andarivel el director de Vil romance continúa desplegando sus tópicos acuciantes y su apoyo incondicional a la historia y en segundo plano a la manera de contarla desde su propuesta formal. Si bien la puesta en escena es completamente funcional, la inclusión de tomas con un drone para ampliar el espacio y generar una geografía distinta a la trama es un verdadero hallazgo tratándose como siempre de esos minis universos realistas o representativos donde están en juego tanto el cuerpo como las emociones de los personajes involucrados.

Con la simple premisa de una historia de amor entre hombres, el sufrimiento de Ariel ante el rechazo constante del entorno masculino, el creador de Vikingo expone las aristas invisibles de las relaciones de poder a partir de los cuerpos. Lo hace desde la violencia en el maltrato físico de ese padre al hijo y también cuando entra en juego la impunidad de la Iglesia como institución de poder y concentrada en curas retirados para no mostrar los trapitos sucios y en el extraño retiro espiritual de Omar, en este caso antagonista de Ariel.

Resulta sumamente interesante cómo Campusano dosifica el sexo masculino explícito (de ahí la mayor clasificación de 18 años) con resoluciones de puesta en escena que cuidan en cierta manera esa explicitud por sombras en una pared u otro tipo de recurso cinematográfico a mano. Más allá de ese pequeño gran detalle quedarse únicamente con el sexo explícito implica una renuncia por parte del espectador a la riqueza y profundidad de la trama, sus vaivenes emocionales y en definitiva el subtexto detrás del contexto entre lo nuevo y lo viejo, lo obsoleto y lo novedoso, fuerzas centrífugas que atraviesan en su totalidad el derrotero de Ariel y su gran fuga de todos y de todo.