CRÍTICA DE SERIE DE TV

Un Juego De Caballeros

Esta serie inglesa de Netflix está creada y desarrollada por Julian Fellowes (Downton Abbey).

Un juego de caballeros (Miniserie de TV)

The English Game
Año
Duración
45 min.
País
 Reino Unido
Dirección
Julian Fellowes (Creator), Birgitte Stærmose
Guion
Julian Fellowes, Gabbie Asher, Geoff Bussetil, Tony Charles, Oliver Cotton, Sam Hoare, Ben Vanstone
Música
Harry Escott
Reparto
Edward Holcroft, Kevin Guthrie, Charlotte Hope, Joncie Elmore, Mark Fisher, Kerrie Hayes, Tina Louise Owens, John Alan Roberts, Jeff Slater, Sammy Hayman, Lara Peake, Kelly Price, Joshua Tomkins, Philip Gascoyne, Keith Lomas, Michael Nardone, Alec Newman, Lewis Clift, Richard McCabe, Anthony Andrews, Charles Armstrong, Ben Ashenden, Ben Batt, Kate Dickie, Harry Michell, Kate Phillips, Craig Parkinson, Richard Dixon, Natalie Gavin, James Harkness, Philip Hill-Pearson, Daniel Ings, Gerard Kearns, Sam Keeley, Sylvestra Le Touzel, Henry Lloyd-Hughes
Productora
42. Distribuida por Netflix
Género
Serie de TV | Basado en hechos reales. Deporte. Fútbol. Siglo XIX. Miniserie de TV
Web oficial
https://www.netflix.com/title/80244928
Sinopsis
Miniserie de 6 episodios sobre los orígenes del fútbol moderno en Inglaterra. Dos futbolistas del siglo XIX, de clases sociales muy dispares, afrontan conflictos profesionales y personales con un fin: cambiar este deporte -y también Inglaterra- para siempre... Del creador de 'Downton Abbey' Julian Fellowes.
 
CRÍTICA DE NURIA VIDAL
Recupero esta sección para hablar de una interesante y muy bonita serie sobre fútbol estrenada en Netflix en pleno confinamiento. Descubrir que el nombre de Julian Fellowes está detrás de la serie, nos da una clave de cuál va a ser su tono. Fellowes fue el creador de Dowton Abbey y la sombra de esa saga se siente en toda la historia de Un juego de caballeros. Lo que cuentan estos seis episodios es el nacimiento del fútbol moderno en la Inglaterra de finales del XIX. El fútbol era un juego de caballeros, reservado a las élites, muy valorado socialmente, pero no remunerado: los caballeros eran ricos, no lo necesitaban.
Sus reglas eran pocas y se permitía un alto grado de violencia, siempre victoriana, claro. En el otro lado de la barrera social, el fútbol era un juego de obreros amateurs que servía para que la gente se entretuviera los fines de semana. Pero todo cambió en 1878 cuando el escocés Fergus Suter aceptó jugar en el equipo obrero de Darwen y luego en el de Blackburn Rovers, cobrando por jugar. Esta no fue la única revolución de Suter quién, como si fuera un viejo antepasado de Messi con su baja estatura y su poca envergadura física, inventó el fútbol moderno, el del toque, pase de balòn, estrategia y juego en equipo en el que lo importante es que corra la pelota, no los jugadores. Frente a él el otro gran protagonista de la serie es Athur Kinnaird, un auténtico caballero, jugador del Old Etonians, el primero de su clase social que fue capaz de darse cuenta de que el fútbol debía profesionalizarse y permitir que los equipos de la clase trabajadora pudieran jugar en las mismas condiciones que los de las élites. Un diálogo del último capítulo resume este espíritu: los reaccionarios y conservadores se preguntan: “¿Debemos entregarle el fútbol a la clase obrera?”,  y el inteligente Kinnaird contesta“No, debemos compartir el fútbol con la clase obrera”.
La serie está centrada en estos dos personajes, Fergus y Kinnaird, con líneas argumentales, que combinan la fidelidad histórica con licencias que hacen avanzar el relato. El enfrentamiento de clase y de cultura podía haber dado lugar a una serie de denuncia que pusiera el acento en las injusticias sociales, la maldad intrínseca de las clases dominantes y el poder del dinero para corromper el deporte tema que ha llegado en nuestros días a ser realmente escandaloso hasta el punto de que esta mañana he leído en un periódico una noticia que me ha indignado “Según aseguran fuentes financieras, el Real Madrid y el Fútbol Club Barcelona han recurrido al Instituto de Crédito Oficial (ICO) para conseguir algo más de 200 millones de euros con los que afrontar los pagos de sus plantillas, cuyos salarios ascienden a unos 1.000 millones”. En fin, no quiero hacer demagogia. Por suerte Julian Fellowes, como ya hizo en Dowton Abbey, es mas partidario de mostrar la posibilidad del encuentro entre clases, de dejar claro que unos pueden aprender de los otros y que, en definitiva, el auténtico juego de caballeros es respetar a todos por igual. En estos meses en los que el fútbol había desaparecido de nuestras vidas, esta serie permitía ver cómo se sentaban las bases del juego en su prehistoria.
Ahora que la nueva normalidad del silencio en los estadios se nos viene encima, vale la pena verla para darnos cuenta del fundamental papel que tiene el público en un partido de fútbol. Suter y Kinnaird lo sabían, Mesi y Sergio Ramos lo saben. ¿Cómo se va a mantener la pasión del jugador número 12? La nueva normalidad nos lo dirá.