CRÍTICA DE CINE

La Virgen De Agosto: Exiliada en Madrid

Comedia| 111 min. | USA | 2019

Título: La Virgen de Agosto.
Título original: La Virgen de Agosto.
Dirección: Jonás Trueba.
Guión: Itsaso Arana, Jonás Trueba
Intérpretes: Itsaso Arana, Vito Sanz, Isabelle Stoffel, Joe Manjón

Estreno: 15/08/2019 
Productora: Los Ilusos Films.

Distribuidora: BTeam Pictures.

 

Sinopsis

Eva es una joven de treinta y tres años que es consciente de que su vida no está trascurriendo de la forma que ella esperaba. La vida ha golpeado a la mujer en todos los aspectos posibles y esta se muestra decidida a llevar a cabo un cambio de 180 grados. A diferencia de la mayoría de los madrileños, Eva decide quedarse en Madrid a pasar las vacaciones de verano como "acto de fe". El período vacacional sirve para que la joven, entre fiestas y verbenas, se dé cuenta de que la vida podría estar ofreciéndole una segunda oportunidad para volver a empezar de cero.

Crítica 

Las distintas obras de Jonás Trueba componen uno de los más acertados frescos de cierta juventud de nuestro país, focalizándose siempre en la crítica transición hacia la adultez que viven sus treintañeros o tardíos veinteañeros. A lo largo de sus cinco largometrajes hasta la fecha, el director ha conseguido tejer un corpus que evoluciona de un modo tan natural como el ser humano, a la par que encaja coherentemente en el contexto en el que sitúa a sus personajes. Así pues, si en sus primeras obras orbitaba el deseo de la huida atribuible a la impulsividad juvenil, en La Reconquista (2016) cambió el rumbo y puso sobre la mesa el reencuentro con el pasado mediante la reunión de una pareja de adolescencia, ya con una cierta distancia temporal bañada con un grado de madurez. La virgen de agosto vuelve a jugar con el regreso, o más bien la reubicación, en la ciudad donde ha habitado la protagonista, Eva (nuevamente una cautivadora Itsaso Arana), durante toda su vida.

Empañada del mismo color festivo y a la vez con el posado melancólico de Los exiliados románticos (2015), Eva también efectúa un viaje veraniego en su propio hábitat, instalándose en pleno mes de agosto en un Madrid casi desértico.

 

Empañada del mismo color festivo y a la vez con el posado melancólico de Los exiliados románticos (2015), Eva también efectúa un viaje veraniego en su propio hábitat, instalándose en pleno mes de agosto en un Madrid casi desértico, únicamente poblado por turistas y unos pocos lugareños que se consuelan en las diversas verbenas locales. La estancia en la capital es planteada como un retiro espiritual para el personaje principal, quien llega con un posado dubitativo, tímido, en definitiva, desconcertada como la gran mayoría de personas de su edad. La interacción con las diferentes almas que encontrará a su paso durante la primera quincena de agosto, tanto conocidas como desconocidas -muchas de ellas encarnadas por la troupe recurrente de colaboradores de Trueba-, serán estímulos que la llevarán a desnudarse emocionalmente, dejando al descubierto el bagaje que la ha llevado hasta su retiro, para luego reconfigurar su vida y avanzar por la sinuosa peregrinación que es la existencia.

El íntimo trabajo mano a mano entre Trueba y Arana da lugar a este desacralizado ritual millennial de purificación personal, en el que paradójicamente no es la soledad la que hace esclarecer el desconcierto de Eva –nada gratuito que lleve el nombre de la primera mujer, según la tradición cristiana-, sino el contacto con otros seres humanos, el cual inevitablemente deja poso en todo desarrollo y experiencia que llega a construir la personalidad. Fundamentada en la introspección del personaje, el film se aleja de trucos narrativos efectistas y reposa en la naturalidad de su prosa, de una marcada influencia rohmeriana, como ya es costumbre en el cineasta madrileño. Casi como uno de los habituales cuentos morales del francés, lo mundano del ambiente contribuye a que Eva sufra una transformación vital prácticamente de forma imperceptible, llevándola a entenderse como mujer en su tiempo y su lugar, en una reivindicación de lo femenino que no cae en el panfleto y fluye sin imposturas por toda la película. Un film en el que el fracaso (y el miedo que implica) hace un constante acto de presencia en su vertiente más cotidiana para terminar siendo asumido y revertido en forma de esperanza en el siempre incierto porvenir.

Como la desorientación que plantea su propia filmografía, es difícil asegurar hacia donde avanzará el director tras su obra más completa, pero lo que sí resulta predecible es que sumará otro peldaño en su prolongado retrato de una generación que parece que no puede o no le dejan madurar. Un pequeño éxtasis cinematográfico en el oasis veraniego.