CRÍTICA DE CINE

La Lista De Los Deseos: Ahora

La Lista de los Deseos es una película de Álvaro Díaz Lorenzo.

La lista de los deseos

Título original
La lista de los deseos
Año
Duración
102 min.
País
 España
Dirección
Guion
Álvaro Díaz Lorenzo
Música
Julio de la Rosa
Fotografía
Valentín Álvarez
Reparto
Productora
Spal Films, Suroeste Films, A Contracorriente Films
Género
Comedia. Drama | Road Movie. Comedia dramática. Enfermedad
Sinopsis
Dos amigas enfermas de cáncer vivirán el gran viaje de su vida cuando emprendan un viaje junto a otra compañera.
 
CRÍTICA

Como agua de mayo llega esta maniobra de escapismo en forma de viaje por carretera después de meses sin poder pasar de la vuelta de la esquina. Tras la masacrada Los Japón, su artífice, Álvaro Díaz Lorenzo, regresa a una fórmula que le dio mejores frutos en Señor, dame paciencia (2017): la road-movie cómica. Confeso admirador de la comedia americana –solamente hace falta ver la copia de planos de 50/50 (Jonathan Levine, 2011), con citación explícita incluida-, La lista de los deseos es una versión femenina e intergeneracional de aquella Ahora o nunca (The bucket list) (Rob Reiner, 2007), nuevamente con el cáncer como antagonista, pero con mucho menos aura crepuscular que la de la peripecia de Jack Nicholson y Morgan Freeman.

Díaz Lorenzo, en este caso, deja la enfermedad como telón de fondo omnipresente, pero prioriza la diversión por encima de todo, ajustando el drama a momentos esenciales. Y realmente es mejor que de más importancia a la comedia, puesto que el melodrama se mueve en el cliché más básico y la filosofía que emana es digna de manual de estantería de supermercado. Díaz Lorenzo es consciente de sus limitaciones a la hora de ponerse serio y trascendental, por eso abona el campo que ha labrado de forma más intensiva en su carrera: el gag. Y, si bien no todo funciona y a veces queda reducido a mecanismos fáciles, cabe admitir que ha conseguido un tono general equilibrado entre el respeto y la risa; sin sutilezas pero evitando caer en la brocha gorda y chabacana de otras veces; en un conjunto donde el espectador puede verdaderamente soltar una carcajada sin sonrojarse.

Gran parte de su éxito en este ámbito se debe a un cómplice trío de actrices en el que María León es la que sale más bien parada. León sigue demostrando su gran naturalidad para pasar del humor al llanto en cuestión de segundos, mientras que a Victoria Abril hacía tiempo que no la veíamos con tanta gracia y entregada, pese a que su personaje es el más plano de las tres. Las dos actrices encuentran la inyección cómica definitiva en el acompañamiento de una Silvia Alonso pizpireta, aportando cada una desde su posición verosimilitud a una trama que se recurre a la casualidad más de la cuenta.

Si se obvia su simpleza en el tratamiento de la enfermedad y sus lecciones vitales de saldo, queda una película de fácil y efectivo consumo, soportada por tres actrices con aplomo y unos secundarios que saben donde tienen que estar. Una agradable evasión para estos días claroscuros.