CRÍTICA DE CINE

El Movimiento: Nadie es profeta en su tierra

En su segundo opus, el realizador Benjamín Naishtat recupera uno de los tópicos explorados en su ópera prima Historia del miedo -2014-, la violencia latente desde un contexto y una cultura atravesada de antinomias o con dialéctica de opuestos que nunca se atraen.

Drama | 70 min. | Argentina-Corea del Sur 2016

Título: El Movimiento.
Título original: El movimiento.
Director: Benjamín Naishtat.
Guión: Benjamín Naishtat.
Actores: Pablo Cedrón, Céline Latil, Francisco Lumerman, Marcelo Pompei.

Estreno en España: 25/08/2017 
Productora: Pucará Cine / Varsovia Films / Jeonju Cinema Project 

Distribuidora: Rosss Cammm Films Distribution.

 

Sinopsis

El Movimiento’ transcurre durante la mitad del siglo XIX, en una tierra inmensa y desolada que ha caído en una total anarquía. Diversos grupos de hombres armados recorren la infinita Pampa exigiendo recursos y sumisión de los pocos campesinos que allí viven. Si bien hay una rivalidad entre estos diversos grupos armados todos dicen pertenecer al movimiento. Entre estas pandillas errantes está la comandada por el señor, un hombre educado quien junto a dos acólitos busca fundar un nuevo orden para la región. Mientras sus formas y verborragia seducen a la población, sus incruentos métodos revelan una incontenible sed de poder a cualquier precio.

Crítica

En su segundo opus, el realizador Benjamín Naishtat recupera uno de los tópicos explorados en su ópera prima Historia del miedo -2014-, la violencia latente desde un contexto y una cultura atravesada de antinomias o con dialéctica de opuestos que nunca se atraen.

Los personajes deambulan en una deriva nocturna como en el despojo de toda idea revisionista.

La idea más allá de su anclaje a una época determinada de la historia argentina, 1835, procura crear desde un relato ficcional, aunque no cronológico, una suerte de abstracción tanto desde el punto de vista de la puesta en escena que hace de La Pampa desértica un espacio difuso por el que los personajes deambulan en una deriva nocturna como en el despojo de toda idea revisionista, cargada de discurso o bajada de línea.

Un sugestivo blanco y negro, explotado de las formas más poderosas y poéticas posibles, recorta la imagen en los rostros, a pesar de que la palabra es primordial en este relato que se carga al hombro el excelente Pablo Cedrón, al componer un líder en busca de adeptos a una causa, el simbólico movimiento del que no se puede llegar a dilucidar nada excepto la retórica que establece la fórmula del fin que justifica los medios.

Las raíces de la violencia política encuentran en El movimiento -2016- un núcleo importante al que se llega por el camino de la abstracción, de acuerdo a la propuesta del director, pero que también habilita la reflexión sin una idea de clausura y concentrado en el debate de ideas que seguramente avivará una trama mínima que transita el universo de este opus.

La cámara se divide en su rol de narrador y testigo a la vez, encuentra la distancia necesaria para que los personajes fluyan aunque se pega a los rostros y a las expresiones que no necesitan de palabras y que encuentran el contraste justo a todo discurso.

Por momentos, y gracias al trabajo de la fotografía y la iluminación, el escenario adopta una característica teatral, asimétrico a la extensión espacial de un desierto, pero que hace del artificio su mejor herramienta para deconstruir el espacio, vaciarlo de la impronta paisajista y convertirlo en un elemento más de la percepción de los personajes.

Con El movimiento estamos frente a una apuesta audaz de un cine nacional que no le teme a la historia como plataforma de despegue y que además se vale de los recursos cinematográficos para escapar de la estructura clasicista y así dar paso a nuevas formas de lenguaje y de contar una historia.

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