CRÍTICA DE CINE

Noticias Del Gran Mundo: La letra con sangre entra

Noticias del gran mundo

Título original
News of the World
Año
Duración
118 min.
País
 Estados Unidos
Dirección
Guion
Paul Greengrass, Luke Davies (Novela: Paulette Jiles)
Música
James Newton Howard
Fotografía
Dariusz Wolski
Reparto
Productora
Playtone, Pretty Pictures, Universal Pictures, Perfec World Pictures Co (Distribuidora: Universal Pictures, Netflix)
Género
Western. Drama. Aventuras | Road Movie. Secuestros / Desapariciones. Siglo XIX
Sinopsis
Cinco años después del fin de la Guerra Civil estadounidense, el capitán Jefferson Kyle Kidd (Tom Hanks), veterano de tres guerras, viaja de ciudad en ciudad narrando noticias, hablando de historias que tienen lugar en cualquier rincón del mundo. Un día, en las llanuras de Texas, el capitán se encuentra a Johanna, una niña de diez años secuestrada seis años atrás por la tribu india Kiowa, y que durante ese tiempo fue educada como uno de ellos. Johanna, en contra de su voluntad, debe ir a vivir a casa de sus tíos carnales. El capitán Kidd acepta entregar a la niña a sus tutores legales. En el viaje, ambos recorrerán cientos de kilómetros y deberán enfrentarse a enormes dificultades, humanas y naturales, en búsqueda de un lugar al que puedan llamar “hogar”.
 
CRÍTICA

Muchos no lo saben, pero en nuestro país, en la época en donde todavía el cine no había aprendido a hablar, los espectadores se nutrían de las explicaciones orales de aquéllos pocos que sabían leer y por lo tanto podían explicar a los más analfabetos que decían los subtítulos que aparecían en pantalla. Luego ya vendría el doblaje para paliar este problema y más adelante la apropiación por parte de los gobernantes de este sistema para cambiar textos a su antojo, pero eso es otro cantar. Aquella vieja costumbre de catarsis colectiva cinematográfica demostró la importancia de quienes podían transmitir cultura a quienes por diversas dificultades no podían acceder a ella. Igual que ocurre en esta Noticias del gran mundo que ahora nos ocupa.

Nos trasladamos al siempre reconfortante Oeste americano, recién acabada la guerra civil que enfrentó a Norte contra Sur. Allí el bueno de Tom Hanks, ese heredero directo de los grandes intérpretes clásicos yanquis de los de toda la vida (sí, es descendiente directo de James Stewart) da vida a un lector de noticias itinerante que ilustra de buenas nuevas a los habitantes de los pequeños pueblos rurales que dedican la totalidad de su tiempo a trabajar. Solo por ver la mezcla de delicadeza y contundencia con la que el protagonista ejerce su oficio ante una platea rendida y embelesada ante su arte ya vale la pena pagar la entrada o enchufar Netflix. Hanks lo borda en cada uno de sus cadenciosos movimientos, dando énfasis a su mensaje cuando éste lo necesita sin hacerle ascos a la ironía e incluso a la crítica social.

Eso, claro está, le acarreará problemas y sinsabores cuando lo que dicte entronque directamente con la versión oficial de los hechos; una verdad, claro está, reconducida hacia los intereses de quienes dominan el cotarro (sí, todo sigue igual después de dos siglos). Una forma de funcionar acotada a aquella lejana época pero que las circunstancias han llevado a que siga estando de rabiosa actualidad. Las diferencias entre demócratas y republicanos se han extremado hasta tal punto que los juramentados se colaron en el capitolio con intenciones nada pacíficas. Aquí Paul Greengrass, quien dirige el film, hace hincapié en la necesidad del hecho cultural para paliar disputas. El conocimiento de causa lleva al individuo a la libertad de pensamiento y le aleja del borreguismo, y para eso que mejor que acudir a las fuentes históricas, aquéllas que nos hablan de estos individuos que se jugaban la vida entre cuatreros y desertores para insuflar algo de entendimiento e inteligencia en las villas dejadas de la mano de Dios, esos maestros mesiánicos que se desvivían por escribir (y leer) recto para renglones torcidos.

La travesía "puer-senex" gana muchos enteros cuanto más evocadora se nos presenta. Algunas imágenes se clavan en nuestra retina como flechas lanzadas por los kiowas. Son momentos únicos en los que la poesía imaginaria campa a sus anchas entre clichés génericos. Verbigracia sin querer destapar el icono: una tormenta de arena ciega nuestros ojos aunque podemos atisbar el traslado poderoso de quienes han sido despojados a la fuerza de sus territorios. La belleza del pasaje se cuela entre arquetipos cuyo único objetivo es el de rendir pleitesía a quienes acuden al visionado esperando el vademécum de las cintas de vaqueros: duelos al sol; peleas de bar; asaltos en el camino... todo eso está y se le espera, aunque en ocasiones el cumplimiento a la expectación se dilate en demasía, apoyado en un metraje al que le sobran unos cuantos minutos.

Ya hemos hablado de lo bien que está Tom Hanks, un dechado de aplomo y coquetería ante una cámara que cae rendida a sus piés en cuanto el capitán Kidd fija en ella su tierna mirada. A su lado un descubrimiento relativo. Por aquellos lares seguro que no la conocían, pero por aquí a la niña alemana helena Zengel ya habíamos tenido el gusto de disfrutarla en algunos festivales de cine donde su proyectó su epiléptica actuación en System Crasher, un espíritu enérgico e indomable que seguro llamó la atención de los hacedores del film para que encarnara a Johanna, esa pequeña salvaje hermana pequeña de la Natalie Wood de Centauros del desierto desamparada y perdida entre razas hasta que el buen samaritano la recoja en su apañada carreta y de sentido a su atribulada vida.

En definitiva, una apañada road movie con sabor a tabaco mascado, muescas malgastadas y caminos polvorientos que funciona a ritmo lento, en ocasiones cansino, y que se beneficia del apaciguado oficio de un director que gusta más de ejercicios esquizofrénicos (United 93, 22 de Julio o El Ultimátum de Bourne serían buenos ejemplos de proliferación de secuencias taquicárdicas) pero que aquí  se toma un necesario respiro para contarnos una página desconocida de la historia de una nación hecha jirones por la intervención de quienes abrazan la locura. Y por supuesto Hanks...American Interior.