Cine Nueva Tribuna

CRÍTICA DE CINE

Objetivo: Londres: ¿Película o videojuego?

Londres ha caído y nadie sabe cómo ha sido. Bueno, una razón tan simple como esta película que nos ocupa es la de que si la capital inglesa acaba en ruinas es porque en ella habitan más terroristas que ciudadanos de a pie. 

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Acción | 99 min. | EEUU 2016

Título: Objetivo: Londres. 
Título original: London has fallen.
Director: Babak Najafi.
Guión: Katrin Benedikt, Christian Gudegast, Creighton Rothenberger.
Actores: Gerard Butler, Aaron Eckhart, Morgan Freeman, Robert Forster.
Estreno en España: 08/04/2016 
Productora: Gerard Butler Alan Siegel Entertainment, Millennium Films.

Distribuidora: Entertainment One Films Spain.

 

Sinopsis

Tras el fallecimiento del primer ministro británico en extrañas circunstancias, todos los líderes mundiales se reúnen para su funeral. Pero existen planes para que el acto, que cuenta con la mayor seguridad del planeta, sea una oportunidad para acabar con los mandatarios y sembrar el caos en todo el mundo. El presidente de los Estados Unidos y sus colaboradores del Servicio Secreto son los únicos capaces de evitar la tragedia.

Crítica

Londres ha caído y nadie sabe cómo ha sido. Bueno, una razón tan simple como esta película que nos ocupa es la de que si la capital inglesa acaba en ruinas es porque en ella habitan más terroristas que ciudadanos de a pie. Y mira que al principio ya se lo advierten al bonachón presidente de los todopoderosos EEUU: “No vayas para allá que te van a tender una trampa”. Pero él se ve en la obligación de ejercer de jefe de estado y acaba haciendo oídos sordos a la advertencia; aunque como el que avisa no es traidor en diez minutos de metraje ya se ha armado la de Dios.

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Objetivo: Londres es de esas propuestas en las que se tendría que repartir un joystick a la entrada de los cines donde se proyecte. A fin de cuentas se trata de ir pasando fases en las que los héroes de la función van aniquilando a todo villano que asome la cabeza. Ni más ni menos.  Aquí no hay subtrama alguna ni historia sentimental que se precie. Tan sólo interesa la acción pura y dura, y de eso va bien servida. Explosiones, persecuciones a pie, en moto, en coche, en helicóptero, peleas cuerpo a cuerpo… 

Objetivo: Londres es de esas propuestas en las que se tendría que repartir un joystick a la entrada de los cines donde se proyecte.

Parece que hayamos vuelto a los gloriosos tiempos de la Canon y sus sádicos musculados!. Chuck Norris, Sylvester Stallone, Arnold Schwarzenegger, Michael Dudikoff y compañía vuelven a cobrar vida en un anticipo claro de que Donald Trump puede llegar a ser elegido presidente de Yankilandia en las próximas elecciones a la Casa Blanca.

Así que ya nos podemos ir preparando para el futuro desembarco de multitud de estrenos cargados de tanta testosterona como de poco cerebro. ¿Cuántas veces hemos visto en el cine a Norteamérica salvarle el culo al resto del planeta de amenazas de todos los colores?. Pues la verdad es que ya cansa un poco. Y no deja de dar un poco de tristeza ver como actores en teoría dotados de talento y experiencia contrastada dejarse convencer por la marea de dólares que les habrán caído encima por hacer lo de siempre sin casi despeinarse. 

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¿Cuántas veces hemos visto en el cine a Norteamérica salvarle el culo al resto del planeta de amenazas de todos los colores?. 

Por un lado, la pareja protagonista, ese presidente (Aaron Eckhart) y su eficiente guardaespaldas (un Gerard Butler que ya no se permite el lujo de participar en ningún proyecto que no sea una macroproducción) que parecen sacados de cualquier buddy movie (película de amiguetes donde solo importa ensalzar la camaradería entre hombres) de las malas. Sus líneas de diálogo son infumables, y para muestra un botón: “Que te j..dan”; “Que te j..dan a ti”; “Ahora sí que estás j..dido”. Vamos, un alarde de escritura cervantina sin precedentes que llevan la firma de “tan sólo” cuatro guionistas. En una escena de las llamadas culminantes uno de los personajes clama al cielo gritando “¿Podría ser peor?”. Dejaremos tal alarde de sinceridad en el limbo de las preguntas retóricas.

Por el otro lado, unos secundarios actuando con las zapatillas de estar por casa puestas y demostrando como se puede ganar dinero sin hacer nada. Tanto Morgan Freeman como Robert Foster, en teoría dos reclamos de calidad interpretativa, aquí pululan por la pantalla como si con ellos no fuera la cosa.  

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Un funeral de estado se convierte en la excusa perfecta para demostrar la cuestionable valía ¿pacifista? del imperio. Las arengas patrióticas se suceden sin pudor y la bandera de las barras y estrellas ondea sabedora de que bajo su yugo todos seremos más libres y mejores ciudadanos. Los malos serán castigados sin saña y los buenos se retirarán a sus hogares sin mácula ni remordimiento alguno, hasta que por obra y gracia de la próxima secuela deban volverse a enfundar el traje de salvadores de la patria y resolver los conflictos planteados dela manera más burra y brutal posible.

De la huella del director en la película poco se sabe. El iraní Babak Nafaji demostró buenas maneras detrás de las cámaras en películas como Sebbe o Snabba Cash II o series de televisión como Banshee, pero aquí su bagaje como realizador no se deja ver por ningún lado, quedando relegado a un segundo o tercer plano y ahogándose como cualquier otro elemento que aportara algo de cordura al caos. 

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En definitiva, un ejercicio de acción descafeinado que no solo aburre sino que llega a molestar por su apología del conservadurismo más recalcitrante e intervencionista. Es triste ver como películas como esta gozan de un estreno a nivel nacional mientras otras de mucho mayor calado e importancia languidecen en tres o cuatro cines de barrio sin que nadie les haga caso.