Cine Nueva Tribuna

CRÍTICA DE CINE

Pan De Limón Con Semillas De Amapola: Pan duro

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Pan de limón con semillas de amapola

Cartelera España 12 de noviembre

Pan de limón con semillas de amapola cartel - Audiovisual451

 

Título original
Pan de limón con semillas de amapola
Año
Duración
121 min.
País
España España
Dirección

Guion

Benito Zambrano, Cristina Campos. Novela: Cristina Campos

Fotografía

Marc Gómez del Moral

Reparto

Productora
Coproducción España-Luxemburgo; 

Filmax, Castelao Pictures, Deal Productions, TVE, Movistar+, TV3, Luxemburg Film Fund

Género
Drama | Familia
Sinopsis
En Valldemossa, un pequeño pueblo del interior de Mallorca, Anna (Eva Martín) y Marina (Elia Galera), dos hermanas que fueron separadas en su adolescencia, se encuentran de nuevo para vender una panadería que han heredado de una misteriosa mujer a la que creen no conocer. Las hermanas son dos mujeres con vidas muy diferentes. Anna apenas ha salido de la isla y sigue casada con un hombre al que ya no ama. Marina viaja por el mundo trabajando como doctora para una ONG. Mientras intentan descubrir los secretos que encierra su enigmática herencia, Anna y Marina tendrán que hacer frente a viejos conflictos familiares e intentar recuperar los años perdidos.
CRÍTICA

Para su quinta película, Benito Zambrano adapta por tercera vez consecutiva un bestseller de la literatura española contemporánea después de La voz dormida (2011) e Intemperie (2019), esta vez asociándose con la autora, Cristina Campos, en la escritura del guion. Después de adentrarse en el western, Pan de limón con semillas de amapola supone el regreso del sevillano a la intimidad femenina de su premiadísima ópera prima Solas (1999), y a la sororidad de la mencionada La voz dormida, unos terrenos que el cineasta ha demostrado dominar con solvencia, con mejores o peores resultados. Ante la confianza que despierta la supervisión del material por parte de la novelista y que éste forme parte de un ámbito en el que Zambrano se mueve como pez en el agua, sorprende el endeble nivel de la obra que han entregado.

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La historia de Pan de limón con semillas de amapola está indudablemente cargada de buenas intenciones, pero a veces es mejor no querer incorporarlas todas en una misma creación porque se corre el riesgo de tirar de clichés en el desarrollo para no excederse en el tiempo. Y esto es lo que pasa con el film en cuestión que, si fuese hablada en alemán y tuviera una realización más pobre, sería indiscutiblemente relegada a la sobremesa de los sábados. La película no deja de ser una colección de tópicos culebroneros narrados en piloto automático, lo que hacen de ella uno de los mayores exponentes de previsibilidad vistos recientemente, a pesar de querer esforzarse en asombrar al espectador a base de una notable acumulación de problemas: herencia de propiedad inesperada, crisis vocacional por fracaso laboral, adopción, apuros financieros, enfermedad, pasados familiares ocultos, hija desorientada contestataria, matrimonios fallidos, miedo al compromiso...

Como se puede apreciar, poco se escapa en este folletín que apuesta por la palabra en el presente para desentrañar el contexto y el pasado, lo cual no supondría una molestia si los diálogos fueran ocurrentes y precisos en lugar de conversaciones mil veces escuchadas que caen en la proclama grandilocuente banal propia del peor manual de autoayuda. Por lo tanto, este cúmulo de lugares comunes no levanta el vuelo por un exceso de subrayado constante y unas líneas de guion básicas empeñadas en explicitar los sentimientos, deviniendo vacuas y, por momentos, irrisorias.

Si Pan de limón con semillas de amapola no queda relegada la hogaza más inane es gracias a la antes nombrada correcta, funcional realización y a un, en general, apto plantel de actrices –con puntuales irregularidades en algún caso concreto-, donde sobresale Claudia Faci en un rol de reparto arquetípico (como todos, vaya), robándose cada una de sus escenas y siendo lo único verdaderamente resplandeciente y auténtico del conjunto. Un paso en falso en forma de rutinario, alargado telefilm lacrimógeno y sentimentaloide de pretendida trascendencia y ejecución pueril. Legitimada por su condición feminista, existen actualmente opciones más estimulantes y atrevidas en cartelera con igual reivindicación a la independencia de la mujer. En ellas, encontrarán menos azúcar, pero sí más contundencia emocional que en este film donde la voz de Zambrano sí que se ha quedado adormecida.