CRÍTICA DE CINE

La Promesa: Relato de una verdad inquebrantable

A través de la historia de un triángulo amoroso, el director Terry George nos ofrece un determinado relato del genocidio armenio sucedido en el contexto de la Primera Guerra Mundial. 

Drama | 133 min. | USA-España 2016

Título: La Promesa.
Título original: The Promise.
Director: Terry George.
Guión: Robin Swicord, Terry George.
Intérpretes: Oscar Isaac, Charlotte Le Bon, Christian Bale, Shohreh Aghdashloo.

Estreno en España: 02/06/2017 
Productora: Survival Pictures, Wonderful Films, Rafael Catering, Babieka.

Distribuidora: One Films Spain

Sinopsis

Mikael Boghosian (Oscar Isaac), un joven y humilde armenio que trabaja como boticario, sueña con estudiar medicina en Constantinopla. Para poder pagar la matrícula, se promete  con una chica de familia adinerada en su pueblo natal, Sirun, en el sureste del Imperio Otomano. Una vez allí, conocerá a la dulce Ana Khesarian (Charlotte Le Bon) y a su pareja, el periodista americano Chrys Myers (Christian Bale). Al son de los tambores de guerra, los sentimientos surgen y sus vidas cambiarán para siempre. 

Crítica

Puede ser problemático hablar del genocidio armenio, algo que aún hoy en día se oculta y se niega, como se ha hecho sistemáticamente durante todos estos años, hasta el punto en el que este hecho histórico es desconocido para parte de la población. Con el fin de dar a conocer la tragedia, The Promise se centra en el apasionado triángulo amoroso entre los protagonistas al principio del fin del Imperio Otomano.

La película alcanza el éxito sencillamente por explorar acontecimientos que en otros proyectos no se plantearían.

Desde esta perspectiva, la película alcanza el éxito sencillamente por explorar acontecimientos que en otros proyectos no se plantearían. Este estilo dramático era el del tipo de películas que el clásico Hollywood solía adorar… pero quizás este conflicto es demasiado delicado. Además, cabe tener en cuenta que ahora se buscan historias más innovadoras, más frescas y originales.

Con la intención de dejar huella en el espectador, como lo hicieron grandes relatos como Doctor Zhivago (1965) o Rojos (1981), la película desprende el abanico de elementos siempre necesarios en los dramas clásicos, donde los sentimientos florecen durante periodos espinosos de la historia, con un formidable talento a los dos lados de la cámara. Igual que logró en Hotel Rwanda (2004), el director Terry George intenta compensar las atrocidades que describe la historia con un matiz de sensibilidad. A pesar de esto, no consigue llegar al espectador con fuerza ya que la historia de amor esta explicada con poca profundidad. 

A lo largo de la historia de supervivencia de Mikael, el guión va dando trompicones a causa de que carece de cohesión en el conjunto. Con un ritmo a veces demasiado rápido, dificultando poder impresionar a un público demasiado acostumbrado a la violencia, vemos escenas donde se muestran la crueldad de la guerra, la brutalidad en la realización de trabajos forzosos y la monstruosidad de la aniquilación de un pueblo entero, con sus cuerpos apilados al lado del rio… Por otro lado, el film tiene momentos conmovedores, como la escena del personaje interpretado por un infatigable Oscar Isaac en un tren en medio de una tormenta. 

Las interpretaciones son excelentes, sobresaliendo los tres protagonistas, interpretados por unos incondicionales Oscar Isaac y Christian Bale junto con Charlotte Le Bon, que nunca fallan. Aún con su entrega a los personajes, no pueden cargar con el guión a sus espaldas, el cual no aprovecha la gran oportunidad de tener en pantalla el vigor del flamante Christian Bale, innegable genio de la interpretación, con el impresionante Oscar Isaac, siempre capaz de hipnotizar, ya sean joyas indies como Inside Llewyn Davis (2013) y Ex Machina (2014), o grandes blockbusters como Star Wars: Episodio VII (2015) y X-Men: Apocalypse (2016). 

Tanto el equipo técnico y el equipo artístico son asombrosos. Es difícil no admirar la extraordinaria y deslumbrante fotografía de Javier Aguirresarobe, que enmarca imponentes escenarios rodados en España, Portugal, Malta y Estados Unidos. La dirección artística crea una atmosfera que transporta a la Turquía del 1915. Como ya hizo, aunque con un presupuesto mucho más humilde, la cargada de emociones, sensacional y a la vez compleja obra de Atom Egoyan,  Ararat(2002). Con la escalofriante cifra de un presupuesto de 100 millones de dólares, y a diferencia de la mayoría de grandes producciones, es importante resaltar que la finalidad de The Promise no es meramente económica, sino dar a conocer el genocidio armenio al gran público, y aunque sólo fuera por eso, merece la pena darle la oportunidad.