CRÍTICA DE SERIE DE FILMIN

Pure: No soy yo, somos todos

Creado por Michael Amo y dirigido por Ken Girotti, Pure es un drama canadiense producido por la cadena CBC y las empresas Dos Producción Este y Cineflix.

Pure (Serie de TV)

Título original
Pure (TV Series)
Año
Duración
45 min.
País
 Reino Unido
Dirección
Aneil Karia, Alicia MacDonald
Guion
Rose Cartwright, Kirstie Swain
Música
Julia Holter
Fotografía
Mattias Nyberg, Ben Todd
Reparto
Charly Clive, Joe Cole, Kiran Sonia Sawar, Niamh Algar, Anthony Welsh, Doon Mackichan, Tori Allen-Martin, Jing Lusi, Eleanor Fanyinka, Samuel Edward-Cook, Justine Mitchell, Olive Gray, Matthew Cottle, Gem Allen, Ewan Stewart, Jacob Collins-Levy, Matthew Jacobs Morgan, Ella Kenion, Arabella Weir, Alexander Nair, Faye Castelow, Gail Mackinnon, Bruce Mackinnon, Charlie Mudie, Jade Matthew, Harriet Webb, Natalia Kostrzewa, Georgie Glen, Benjamin Wainwright, Jessamine-Bliss Bell, Yasmin Long, Elee Nova, Munirih Grace, Paul Reynolds, Thanyia Moore, Lati Gbaja
Productora
Drama Republic
Género
Serie de TV. Comedia. Drama
Estreno en Filmin: 7 de abril.
Sinopsis
Marnie no está bien. Ella ha tenido pensamientos indecentes en los últimos 3672 días y no sabe por qué o qué significan. Cuando se sube a un auto que va a Londres, no conoce a nadie, ni siquiera a sí misma, pero en la ciudad construirá una nueva vida.
 
 
 
CRÍTICA DE MIGUEL ROBLES:

La miniserie que estrena Filmin nos ofrece, lo que en apariencia una disparatada comedia negra, una introspectiva e inteligente óptica sociológica Al escribir estas palabras que en la conjunción métrica de párrafos formarían una de mis tediosas y reflexivas críticas cinematográficas, me encuentro en una situación antinómica como la propia serie a comentar, porque no me siento personalmente redactando una crítica como tal. Es más, adquiero la responsabilidad concienciada de hablar de una sociedad polifacética, de un individualismo colectivo, de una generación perdida tras otra.

Más extrañeza entraña la labor de desentrañar los aspectos de una serie (demasiado) independiente y desconocida para cualquier genérico no británico alejado del humor inglés punzante tan paradigmático. Porque lejos de ser un arrebato de pretenciosidad cómica como suele referirse estigmáticamente a los ciudadanos neoaristócratas de las islas del Reino Unido, es una obra en la que aflora sinceridad y humildad humana. Sin embargo, sin señalar que mis frases escritas supongan una caústica contradicción, no deja de ser particular dentro de su ordinariez realizativa. Una propuesto inmersa en un profundo bizarrismo aunque homologable a cualquier producto de "sitcom" americana.

Es evidente que una serie televisiva que represente gráficamente a una enferma de trastorno obsesivo compulsivo cuyos pensamientos intrusivos tengan que ver con compulsiones pornográficas marca, en su prejuiciable inmadurez y alocada premisa, la diferencia, dentro a decir de una indiferencia en su puesta en cámara y despreocupación añadida a su limitación monetaria en la búsqueda de una magnificiencia visual. Aun así logra un efecto sorprendentemente intencionado a sus desintenciones (¿o al revés?): amarrarte a un espectáculo bochornoso de diálogo avergonzantes de carnalidad maleducada para que en muchas ocasiones no puedas ni atreverte a visualizar la pantalla de tu dispositivo, marginar a su protagonista en sus rarezas psicológicas y que en su consecuente incompetencia social no la veas con ojos de cordero, sino como una anomalía de la calle.

Lo que sus primeros 20 minutos eclosiona en una comedia antonómicamente distante, evoluciona en lograr una efectiva carcajada a través de una meditación empática como dramática en algunos momentos de la verdadera naturaleza de la sociedad, que sirve principalmente como representación de la deambulante generación "millenial" Ahora mismo y en unión con este punto, podemos intentar responder a la informulada pregunta retórica "¿Qué es la sociedad?": Un conjunto de personas tan diferentes que en el choque transversal de la sociabilidad parezcamos seres normales. Una cuantía indefinida de ciudadanos que en continua adaptación a los cambios tecnológicos de la comunmente asociada modernidad se desentiende de lo que verdaderamente somos, de nuestra búsqueda incesante.

En una metrópoli insómica como es Londres viven cerca de 9 millones de aventureros que se despiertan, vagan por las alargadas aceras y se acuestan diariamente con el propósito de encontrarse a ellos mismos, cuando no deja de ser un deseo en vano en plena soledad. La reflexión maravillosa que implicita la serie nos invita a abrazar el sentimiento universal de la amistad comprendido desde una nueva perspectiva; con la aceptación propia de que no somos iguales a partir de encontrarnos en las rarezas de otros. Nadie es como nosotros, pero a la vez nosotros somos como todos. Nunca vas a encontrarte ni a ti ni a nadie que se te asemeje y con la compañía de los demás podrás descifrar quién realmente eres, en deducción de tus acciones y principios.

Es la dichosa sociedad, por tanto, un espejo-reflejo o causa-efecto de nosotros mismos. No hay que separarse en dicotonomías ni establecer pirámides clasificatorias en cuanto a la orientación sexual o por nuestros asquerosos granos de la piel. Porque (ofreciendo justificación conclusiva a mi introducción metacrítica), usted (lector que me aguanta) como yo, somos igualmente diferentes.