Cine Nueva Tribuna

CRÍTICA DE CINE

El Rey De Todo El Mundo: Fallaste Saura, pero vuelve a apostar

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El rey de todo el mundo

Cartelera España 12 de noviembre

El Rey de Todo el Mundo cartel - Audiovisual451

Título original

El rey de todo el mundo
Año
Duración
95 min.
País
España España
Dirección

Guion

Carlos Saura

Música

Alfonso G. Aguilar, Carlos Rivera Guerra

Fotografía

Guillermo Rosas, Vittorio Storaro

Reparto

Productora
Coproducción España-México; 

Pipa Film

Género
Musical | Baile
Sinopsis
Ficción coreográfico-musical protagonizada por cuatro jóvenes bailarines.
 
CRÍTICA

Carlos Saura, ese rey del cine español que nos regaló joyas como Cría Cuervos, La Prima Angélica y Ana y los Lobos –menuda década la de los 70–, a sus 89 años sigue usando el pincel para crear arte. En este caso un arte moderno, con todo lo que eso implica –arriesgo, reinvención, invento, fallo, error y experimentación–. El veterano de guerra presentó su último trabajo en la SEMINCI de Valladolid y logró poner en pie a todo el público tras la proyección. Supongo, una vez vista, que la película sería el motivo menos primordial por el que arrodillarse ante el maestro.

Saura en este trabajo entremezcla dos tramas tan opuestas como poco afines. Por un lado, tenemos un drama romántico y paternal como si de una telenovela de sobremesa se tratase, y por otro, un espectáculo coreográfico meticuloso y enfático envuelto en envidias, superaciones y exigencias. Un cine ensayo no apto para remitentes estrictos de la más clara espontaneidad.     

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Retornando al tema de veteranos de guerra, decir que Saura no es el único que puede presumir de tal insignia. Sí, queridos lectores, Vittorio Storaro es el encargado de que la farándula vista en pantalla se deslice con sentido, y es que su fotografía –y alianza con el equipo artístico y lumínico de la obra– hace que presenciemos armonía y poderío en la escena. Volviendo a términos pictóricos y artísticos, podemos decir que el que fuese director de fotografía de Apocalypse Now es el Caravaggio de esta pieza, pues el claroscuro es aquí la técnica más portentosa y fiable para que la obra luzca. 

El principal problema de El rey de todo el mundo es que se toma demasiado en serio, se ve como un culebrón feo, y no como lo que en realidad es –o debería ser–: un homenaje a esa música mexicana popular, a esas rancheras míticas que uno no puede evitar de cantar y bailar, a esos danzones clásicos con los que disfrutar de una velada. Otros aspectos que no ayudan a que fluya una de las partes de esta floritura musical –más en los instantes reales que en los teatrales–, son sus antinaturales líneas de diálogo y, por ende, sus inorgánicos pasajes argumentales.

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En definitiva, para el que escribe estas líneas, El rey de todo el mundo es una especie de cine ensayo donde Saura pone énfasis en diferentes dramas con el pretexto de crear su propio homenaje a la musicalidad y teatralidad mexicana, ofreciéndonos una mezcolanza tan sorprendente como extraña. Aunque su última apuesta no es del todo válida, Carlos Saura todavía no está acabado. Y ojalá vuelva a apostar.