CRÍTICA DE CINE

Salvaje: Hoy puede ser un gran día

Salvaje

Cartelera España 6 de enero

Título original

Unhinged
Año
Duración
91 min.
País
 Estados Unidos
Dirección

Derrick Borte

Guion

Carl Ellsworth

Música

David Buckley

Fotografía

Brendan Galvin

Reparto

Russell CroweCaren PistoriusJimmi SimpsonGabriel BatemanAnne LeightonLucy FaustDevyn A. TylerMichael PapajohnAustin P. McKenzieStephen Louis GrushSylvia Grace CrimVivian Fleming-AlvarezJenanne AlexanderGretchen KoernerSamantha BeaulieuJuliene JoynerDonna DuplantierTim Bell

Productora

Solstice Studios, Burek Films (Distribuidora: Solstice Studios, Eagle Films)

Género
Thriller | Thriller psicológico
Sinopsis
En medio de un atasco, una mujer conduciendo toca el claxon de su coche en el momento equivocado, al hombre equivocado.
Distribuidora: DeAplaneta
 
CRÍTICA

Tanto el título original como el nacional son bastantes similares aunque difieren en según qué matices. En español se ha estrenado como Salvaje, aduciendo a un carácter animal aplicado a un ser humano cuyo comportamiento es institntivo, irracional o cruel. Sin embargo, el título original, Unhinged, que se podría traducir como desquiciado, incorpora en su término una patina de mínima comprensión en la forma de actuar de quien ha perdido el oremus dotándolo de una motivación o unas circunstancias, que si bien no pueden servir de atenuantes a su violenta conducta, sí que delatan un pasado detonador en el que suceden cosas los suficientemente trágicas para que podamos hacer un juicio de valor de todo lo que se precipita a posteriori.

El prólogo nos sitúa en un marco casi calcado al de una recomendable película japonesa dirigida por el maestro Shohei Imamura de 1997 titulada La Anguila. Quien la haya visto ya sabrá a lo que nos referimos, y el que no que trate de recuperarla, porque vale mucho la pena. No vamos a desvelar la sangría acaecida en esos instantes previos al desarrollo de la acción ni la causa desencadenante, pero podemos afirmar que el orondo y sudoroso protagonista de la peripecia, ya no va a ser el mismo. Los títulos de crédito posteriores revelan mediante insertos documentales de actos vandálicos perpetrados por conductores imprudentes como en cualquier momento te puedes ver involucrado en un accidente de coche sin comerlo ni beberlo. Un poco como esas campañas de la Dirección General de Tráfico donde mediante imágenes chocantes (nunca mejor dicho) se nos intenta concienciar de que cualquier descuido o irresponsabilidad viaria puede significar una hecatombe.

Como muchos críticos avispados ya han señalado en sus “sesudas”reseñas, nos hallamos ante un ejercicio que bebe del thriller de serie B más harapiento y que pilla ideas de trabajos como Un día de furia (Joel Schumacher, 1993); Carretera al infierno (Robert Harmon, 1992) y sobre todo de la seminal El Diablo sobre ruedas (Steven Spielberg, 1971). Quizás sean comparaciones bastante obvias, pero lo cierto es que tampoco el director de la cinta, el alemán Derrick Borte (London Town, American Dreamer), se ha roto mucho la cabeza buscando fórmulas para equipararse a las laureadas producciones antes nombradas. Borte va a al grano y, desde un libreto que no admite segundas lecturas si no se quiere observar sus evidentes fallas argumentales, nos regala un reguero de secuencias de acción al volante que parecen homenajear a Los Locos de Cannonball unido a instantes de “slasher” genuino, con querencia especial a la utilización desaprensiva de cualquier arma blanca que se tenga a mano, señal de que se ha visto alguna que otra película coreana del gremio.

Por supuesto la gracia de la función radica en ver como de metamorfoseado se nos presenta el otrora guaperas Russell Crowe, auténtico reclamo para el espectador con su “nueva” imagen trastornada, pasado de kilos y con un mala leche a prueba de madres coraje que no abandona en todo el metraje. Su personaje, que por no tener no tiene ni nombre (se le conoce como “hombre”) llena la pantalla con su sola presencia (no es difícil si aludimos a esos primeros planos en los que parece que se ha comido a todo el que pasara por allí), haciendo palidecer a cualquier secundario que ose proponerle un duelo actoral con su figura imponente y su mirada vidriosa.