CRÍTICA DE CINE

Salvar O Morir: La batalla del fuego

Drama | 116 min. | Francia |  2018

Título: Salvar o morir.
Título original: Sauver ou périr.

Dirección: Frédéric Tellier.
Guión: David Oelhoffen, Frédéric Tellier.
Intérpretes: Pierre Niney, Anaïs Demoustier, Vincent Rottiers, Chloé Stéfani.

Estreno: 06/03/2020
Productora: Single Man Productions.

Distribuidora: A Contracorriente Films.

 

Sinopsis

Franck Pasquier (Pierre Niney) es un bombero en la ciudad de París que se dedica a salvar vidas a diario y encabeza su unidad, liderando a sus compañeros a través de situaciones arriesgadas con una disciplina admirable. Además, es el marido modelo de Cecile (Anais Demoustier), con quien vive en el cuartel de bomberos. Todo en la vida de Franck parece perfecto, hasta que un día extinguiendo un incendio en una fábrica del norte de la ciudad, acaba siendo gravemente herido cuando estaba intentando salvar la vida de un grupo de compañeros. Tras el accidente, Franck tiene que hacer frente a varias operaciones para curar sus brazos, pecho y rostro, todo cubierto en quemaduras de tercer grado. Dañado en el interior y en el exterior, el accidente marca un antes y un después, afectando a su vida profesional y a sus relaciones personales y familiares.

Crítica:

Estamos ante el segundo largometraje (cuarto si se tiene en cuenta que dirigió dos más para televisión) estrenado del realizador francés Fréderic Téllier, del que ya pudimos disfrutar hace un lustro de SK1, un noir adrenalítico sobre la obsesión de un policia con un caso de asesinato. Ahora nos presenta Salvar o morir, donde pone en imágenes el drama de un jefe de bomberos que tiene un accidente que le producen graves quemaduras.

La función comienza sin preliminares. Acción y drama en vivo y en directo. La vida diaria como bombero no es fácil. Esto es lo que emerge de las primeras escenas que presentan a Pierre Niney a través de su profesión. A veces las cosas salen bien, y otras acaban en tragedia. Toma iniciativas siempre desde la corrección y la propesionalidad que se le presupone, y sufre cunado la misión se tuerce. En su vida doméstica más de lo mismo: Cultiva sus grandes brazos, sabe mostrar humor, tiene empatía, avanza, hace feliz a su esposa, y además es el yerno perfecto. Sus colegas lo veneran y él aspira a mayores responsabilidades. Si participa en un partido de fútbol, ​​obviamente es él quien marca el gol. En resumen, a todos les gusta y  es lo mejor en el mejor de los mundos. Divertida pintura de la realidad para una película que pretende ser realista. Porque así es como Frédéric Tellier filma. Todo de manera un poco ruda. Desde la primera escena que nos sumerge en medio de una secuencia de reanimación, pasando por momentos de alegría derivados de la tradicional celebración del 14 de julio en la estación de bomberos.

“En lugar de mirarlo desde afuera y solo informar sobre una realidad, hace lo que hacen la mayoría de los directores que usan el mismo proceso: escribe cada secuencia".

Deberíamos detenernos en esta primera parte (que en realidad es un prólogo) porque da un tono, un estado de ánimo en el que los espectadores ya sabemos que está condenado de antemano. La película establece aquí el gran principio de ruptura: el después contra el previo. Es decir, confrontar dos partes totalmente opuestas, cada una en las antípodas por su dinàmica para mostrar, por el contrario, lo que se ha perdido y lo que nunca se encontrará. El director, como hemos dicho, se esfuerza por seguir al personaje interpretado por Pierre Niney en su vida diaria, ya sea profesional o sentimental. En lugar de mirarlo desde afuera y solo informar sobre una realidad, hace lo que hacen la mayoría de los directores que usan el mismo proceso: escribe cada secuencia.

A partir de ahí el ritmo parece casarse con el letargo del personaje principal, y termina apresurándose en una concatenación de acontecimientos que buscan, de una manera bastante honesta pero poco original, tocar la fibra del espectador. Hay un afán por transmitir preocupaciones mucho más cercanas a las personas, a la realidad, a la contemporaneidad. En ocasiones el guion se excede en situacions que más que aportar sonrojan, como aquella en la que el protagonista, como si fuera un remedo cruel de El exprreso de medianoche, insta a su pareja a quedarse en paños menores para congratular su voyerism, aunque Tellier se abstiene de llevar su película a costas más y más oscuras.

La pareja protagonista está estupenda, desprendiendo química en cada fotograma. Pierre Niney (de quien tuvimos la oportunidad de ver Altamira, Promesa al amanecer y la más reciente Tan cerca, tan lejos)  transmite de una manera coherente y sensible  la mezcla entre el poder físico y la fragilidad, mientras que su partenaire en pantalla, Anaïs Demoustier, està llamada a ser una de las grandes de su generación, como ya demostro en la magnífica Las nieves del Kilimanjaro, y de quien podemos disfrutar todavía en cartellera con la comedia Los Consejos de Alice.

Igualmente conmovedor, el enfoque, también muy documental, del tratamiento de las víctimas de quemaduras, del tiempo de curación nunca llegó por completo, a pesar de los trasplantes y las numerosas operaciones.