CRÍTICA DE CINE

Spider-Man: Homecoming: De vuelta a lo mismo, que ya funciona

Dentro del ambicioso plan de la Marvel para hacerse con el monopolio de las pantallas de los cines -digno de los más maliciosos villanos de su catálogo-, a ritmo de entrega por trimestre, llega esta (enésima) revisión de uno de sus tótems: el hombre araña. 

 

Acción| 133 min. | USA 2017

Título: Spider-Man: Homecoming.
Título original: Spider-Man: Homecoming.
Director: Jon Watts.
Guión: John Francis Daley, Jonathan Goldstein, Christopher Ford, Chris McKenna, Jon Watts, Erik Sommers (Personajes: Steve Ditko, Stan Lee).
Actores: Tom Holland, Robert Downey Jr, Michael Keaton, Marisa Tomei.

Estreno en España: 28/07/2017 
Productora: Columbia Pictures / Marvel Studios / Pascal Pictures

Distribuidora: Sony Pictures Spain

Sinopsis

Peter Parker (Tom Holland) es un adolescente que estudia en la escuela secundaria mientras lidia con los problemas típicos de un chico de su edad. Aunque en realidad su día a día no es del todo normal. Y es que Peter esconde una identidad secreta, la de Spiderman. Así que tiene que compaginar su vida en el instituto con su labor de superhéroe que se enfrenta a todos aquellos villanos que ponen en peligro la ciudad, sin ser descubierto. 
Emocionado tras haber luchado con Los Vengadores, Peter regresará a su rutina junto a su tía May (Marisa Tomei), pero la adaptación no será tan fácil como parecía. Por suerte contará con la ayuda de Tony Stark (Robert Downey Jr.), su ahora amigo y mentor, que le recomendará mantenerse alejado de los problemas. No obstante, esto se volverá una tarea imposible cuando un nuevo enemigo, conocido como El Buitre (Michael Keaton), amenace a Peter y a sus seres queridos. 

Crítica

Dentro del ambicioso plan de la Marvel para hacerse con el monopolio de las pantallas de los cines -digno de los más maliciosos villanos de su catálogo-, a ritmo de entrega por trimestre, llega esta (enésima) revisión de uno de sus tótems: el hombre araña. Esta vez, pero, con una historia que difiere de las anteriores sagas al querer enlazar el universo de Spider-man con el de Los Vengadores, en este capítulo de forma tangencial, en una nueva excusa del estudio para postergar durante años su hegemónica presencia, compitiendo con  su eterna rival DC.

El ambiente del joven estudiante se ha mimetizado con los tiempos actuales donde reina la diversidad, el crecimiento interior precoz y el fácil acceso a la información.

Este Spider-Man, como viene siendo habitual en los filmes de superhéroes recientes (salvo honrosas excepciones), resulta arquetípico, de una dimensión psicológica rutinaria, un tanto previsible y esquemático tanto en su concepto como en su ejecución. No obstante, consigue contagiar de frescura y desinhibición al universo de Los Vengadores, últimamente de tono solemne y (vacua) trascendencia, gracias a su estructura de comedia adolescente.

El instituto y la difícil conciliación de Peter Parker para combatir el mal, adaptarse a los protocolos que Tony Stark le impone, realizar sus tareas y, además, alimentar su vida social/sentimental son la base de una película funcional, pero efectiva y de indudable espíritu lúdico. 

El ambiente del joven estudiante se ha mimetizado con los tiempos actuales donde reina la diversidad, el crecimiento interior precoz y el fácil acceso a la información: la clase de Peter Parker parece una reunión de la ONU en tanto a diversidad racial; Flash ya no es un atleta matón, sino un hindú con una capacidad intelectual cercana a la del personaje principal; el feminismo y la conciencia social se encarnan en la rebelde Michelle; compañeras de Parker consumen “Ted Talks” sobre motivación grupal, mientras que también juegan al “Fuck-Marry-Kill”, entre otras muestras sintomáticas de una generación tal vez más madura, pero que claramente actúa de forma similar por los mismos intereses esenciales de antaño. 

El lavado, por lo tanto, introduce novedades contextuales, pero se mueve sobre seguro bajo los mismos parámetros no sólo de la saga del superhéroe arácnido, sino también del cine de John Hughes.

En medio del meollo hormonal, está un Tom Holland entregado y carismático que quiere demostrar a un testimonial Robert Downey Jr. con el piloto automático que está lo suficientemente preparado para afrontar desafíos de mayor envergadura. La amenaza de un Michael Keaton reconvertido en una suerte de “Iron(bird)man”, correcto pero por momentos bordeando su propia caricatura, son un escenario propicio para que Parker pueda hacer gala de sus habilidades y su sentido de la moral. 

Como ya hemos apuntado, Spider-man homecoming no descubre la sopa de ajo del cine superheroico, expone sus cartas y tics habituales, para bien y para mal (ese institucionalizado exceso de metraje), pero también es consciente del producto distendido que es y apuesta por trabajar con cierta solidez sobre la tradición, en lugar de ambicionar ser algo en lo que tampoco hace falta transformarse. Y, cabe mencionar, que dentro de los lugares comunes de su trama, hay espacio para un par de giros de guión bien hallados, con claras inspiraciones en los mecanismos que emplearon Mendes en Skyfall y Nolan en su trilogía de Batman.

Menos seria y oscura que la saga de Sam Raimi, mucho más divertida e inspirada que las películas protagonizadas por Andrew Garfield, una película tan transparente como el agua, que desde su cártel y título no deja lugar a equívoco para el público sobre lo que encontrará en ella. A partir de ahí, es cuestión de gustos e intereses, pero quienes entren en ella, encontrarán lo que buscan con garantías.