CRÍTICA DE CINE

The Disaster Artist: Un camino hacia la fama

Cuando uno ve la inmensa cantidad de películas estrenadas al año, de cualquier género y condición, acaba sintiéndose algo abrumado y dudoso, especialmente cuando se enfrenta a esa pregunta por parte de amigos, conocidos o pareja: ¿Qué me recomiendas ver hoy?.

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Comedia | 98 min. | USA 2017

Título: The Disaster Artist.
Título original: The Disaster Artist.
Director: James Franco.
Guión: Scott Neustadter, Michael H. Weber (Libro: Greg Sestero, Tom Bissell).
Intérpretes: James Franco, Dave Franco, Alison Brie, Josh Hutcherson,

Estreno en España: 22/12/2017 
Productora: Good Universe / New Line Cinema / Point Grey Pictures

Distribuidora: Warner Bros Pictures Spain.

Sinopsis

La tragicómica historia real del outsider aspirante a cineasta Tommy Wiseau (James Franco), un artista cuya pasión era tan sincera como cuestionables sus métodos. El filme narra la relación de Tommy y su único amigo, el actor Greg Sestero (Dave Franco). Juntos se embarcarían en el rodaje de The Room (2003), auténtica pieza de culto considerada una de las peores películas de la historia del cine. The Disaster Artist es una hilarante celebración de la amistad y la expresión artística, un recordatorio de que hay más de una manera convertirse en una leyenda.

CRÍTICA

Cuando uno ve la inmensa cantidad de películas estrenadas al año, de cualquier género y condición, acaba sintiéndose algo abrumado y dudoso, especialmente cuando se enfrenta a esa pregunta por parte de amigos, conocidos o pareja: ¿Qué me recomiendas ver hoy?

Pueden valorarse infinitos parámetros que hacen a cada producto único, pero al final lo que divide a todos ellos es una delgada línea que crea las dos únicas verdades absolutas del cine: hay películas buenas y películas malas. ¿O quizás no?

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Los espectadores podemos desternillarnos de risa con las anécdotas y con las contradicciones de la protagonista.

The Room fue uno de estos productos de la añada de 2003, un elemento tan extraño como su creador, Tommy Wiseau. Actuaciones exageradamente falsas, narrativa visual pobre y un guión absurdo e inverosímil.  Sin embargo, todo depende del punto de vista con el que se mire, y lo que en principio pudo sumarse a la larga lista de fracasos audiovisuales acabó encabezando el podio de dicha selección. Era lo mejor… de lo peor. Esto comenzó a forjar su leyenda como película fetiche de frikis de lo alternativo, curiosos de lo extraño o, simplemente, deseosos de asombrarse con algo diferente e irremediablemente divertido.

 

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Así, James Franco decide contar la realización de aquel proyecto, pues vio una historia digna de llevar al cine dentro de toda esta locura. Y no se equivocó.

Wiseau, el drama en sí mismo.

Dentro de la fiebre de los biopics que Hollywood sufre desde su nacimiento encontramos historias que son realmente interesantes en su origen, incluso de gran trascendencia para el futuro que les siguió, pero que no consiguen inspirar guiones emocionantes o entretenidos. La clave de todo esto se encuentra en el corazón mismo de las historias: el drama. Si no hay conflicto, no hay drama, y sin drama se pierde el interés. Muchas de las historias basadas en hechos reales acaban presentando una trama sin conflicto real, lo que las condena desde su misma creación.

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The Disaster Artist encuentra sin embargo en este proyecto de Wiseau una trama que sigue todos los cánones de historias dramáticas ya conocidas: el héroe que tiene un objetivo y pasa por una serie de obstáculos para conseguirlo. En este caso, nuestro héroe no es un héroe, ni siquiera un modelo, pero sus rasgos aportan el tono característico que hace de la película una comedia genial. Su objetivo es su sueño: ser una estrella, en principio como actor. Y sus obstáculos son, básicamente, un mundo real diferente a ese en el que él vive. Por último, cuenta con otro elemento fundamental: la evolución como personaje, de un convencido defensor de los dramas a alguien que acepta la reacción que su película acaba causando en los espectadores. Sin duda son ingredientes más que acertados para crear una historia de un gran potencial

 

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Si no hubiera ocurrido, no lo creería.

Realmente The Disaster Artist debe todo su sentido como producto a aquella The Room, pues si no hubiera ocurrido y simplemente todo lo que cuenta la película de Franco fuera ficción, nadie en el público lo creería, y existiría un abismo que separaría al espectador de lo que sucede en la pantalla. Sin embargo se asegura (tanto al inicio como al final) de que dicha audiencia sea consciente de que la película de Wiseau existió, y que es aún más extraña y “mala” de lo que pueden imaginar.

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Así, junto con interpretaciones realmente solventes (casi brillantes en el caso del propio Franco) asegura un entretenimiento cercano al que el espectador libre de prejuicios puede disfrutar con aquella singular pieza dirigida por Wiseau.