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CRÍTICA DE CINE

The Program (El ídolo): Éxito a cualquier precio

Stephen Frears construye su película sobre hechos constatados, unos escandalosos acontecimientos que dejaron boquiabiertos a todos aquellos que habían tenido al deportista americano como uno de los referentes directos en los que fijarse. 

the program cartelDrama | 103 min | Reino Unido-Francia 2015

Título: The Program (El ídolo). 
Título original: The Program.
Director: Stephen Frears.
Guión: John Hodge.
Actores: Ben Foster, Guillaume Canet, Lee Pace, Jesse Plemons.
Estreno en España: 22/06/2016 
Productora:Working Title Films / StudioCanal

Distribuidora: Vértigo Films.

 

 

Sinopsis

Un periodista deportivo irlandés está convencido de que las victorias del ciclista Lance Armstrong en el Tour de Francia se deben al dopping. Con esta convicción, empieza la búsqueda de pruebas que sacará a la luz la verdad del laureado ciclista. 

Crítica

El programa al que se refiere el título del último trabajo del veterano realizador británico Stephen Frears no ha de llevarnos a equívoco, pues no se está refiriendo al show televisivo de Oprah Winfrey en el que el ciclista Lance Armstrong admitió ante la audiencia haberse dopado hasta las cejas para ganar siete Tours de Francia sino que remite a la secuencia de instrucciones dadas por el médico Michele Ferrari, especialista en el desarrollo de programas de entrenamiento para ciclistas, con el fin de doparse y saltarse a la vez todos los controles anti-doping a los que fue sometido durante su exitosa carrera deportiva.

Frears construye su película sobre hechos constatados, unos escandalosos acontecimientos que dejaron boquiabiertos a todos aquellos que habían tenido al deportista americano como uno de los referentes directos en los que fijarse. Armstrong había superado un cáncer testicular y desde entonces se volcó en la lucha contra la enfermedad (se hicieron famosas sus pulseras amarillas) mientras recobraba su mejor versión deportiva y daba buena cuenta de todos sus adversarios en las empinadas cuestas de las etapas reinas de la vuelta gala.

Desde el inicio del film queda claro que nos van a explicar la historia de un tramposo.

Desde el inicio del film (allá por el 1993, momento en que Armstrong conoce al entrenador Johan Bruyneel, artífice de todo el posterior entramado) queda claro que nos van a explicar la historia de un tramposo, alguien que tuvo bien claro desde el principio que se podía ganar a cualquier precio. Armstrong se dio cuenta de que nunca iba a llegar a ser el número uno en su especialidad y vio el cielo abierto cuando se le dio la oportunidad de mejorar su rendimiento gracias al EPO, la testosterona y diversas transfusiones de sangre. Puede que ahí radique uno del os grandes aciertos del film, en enseñarnos sin trampa ni cartón la biografía contada de un timador a quien no le dolieron prendas a la hora de engañar a todo el mundo. 

La historia la conocemos con detalle todos aquellos que amamos el mundo del deporte.

La historia la conocemos con detalle todos aquellos que amamos el mundo del deporte. Pero para aquéllos que no tengan constancia del hecho, que serán pocos, la trama les resultará apasionante, sobre todo por el manejo del sentido del ritmo y lo brioso de la narración que pasa como un suspiro ante los ojos del espectador. La sucesión de acontecimientos se cimenta en pequeños detalles que invitan a la reflexión. Suponemos que algunos elementos se deben de haber exagerado un poco para dotar de tensión algunos momentos, como la cuenta atrás que se da en la caravana del equipo para bajar el índice de oxígeno permitido mientras los llamados “vampiros” esperan impacientes en la puerta para practicar las pruebas pertinentes. 

Si realmente todo lo que se nos explica es cierto es para echarse las manos a la cabeza. Y debe de ser verdad porque la película está basada en el libro del periodista David Walsh, alguien que siguió al ciclista desde sus inicios y que ya empezó a sospechar hace tiempo que algo no acababa de cuadrar. La adaptación de la obra ha corrido a cargo del prestigioso guionista John Hodge, autor entre otros del libreto de films de culto como Trainspotting o La playa.  

Como no podía ser de otra manera todo el peso interpretativo recae en la figura del actor que da vida a Lance, en este caso el bostoniano Ben Foster, visto en títulos como Contraband, El único superviviente o la más reciente Warcraft. El origen. Seguramente no será reconocido con ningún premio importante, pero el intérprete pone toda la carne en el asador para dar vida a un personaje complejo y hasta cierto punto embarazoso. A su lado también brillan con luz propia tanto el emergente Jesse Plemons (quien este año también nos regaló otra grandiosa creación en la muy recomendable serie televisiva Fargo y que aquí se pone en la piel de otro famoso ciclista norteamericano, Floyd Landis) como el más experimentado actor y realizador francés Guillaume Cantet, quien da vida al doctor Ferrari, artífice del mayor fraude deportivo que uno pueda llegar a recordar. Y hasta pasa por allí el bueno de Dustin Hoffman en un breve cameo.

En definitiva, estamos ante una buena película que, como si se tratara de un thriller real, sumerge al público en una intriga que mantiene el suspense hasta el final. Existen un par de secuencias sublimes, que aquí no desvelaremos pero que tienen mucho que ver con esos instantes en los que el tramposo atleta toma conciencia de la situación en la que está y como puede llegar a afectar a terceras personas que han depositado en él toda su confianza.