CRÍTICA DE CINE

The Way Back: Coach Affleck

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The Way Back

The Way Back aka
Año
Duración
108 min.
País
 Estados Unidos
Dirección
Guion
Brad Ingelsby, Gavin O'Connor
Música
Rob Simonsen
Fotografía
Eduard Grau
Reparto
Productora
Distribuida por Warner Bros.. Warner Bros., Bron Studios, Creative Wealth Media Finance, Mayhem Pictures, Pearl Street Films
Género
Drama | Deporte. Baloncesto. Alcoholismo
Sinopsis
Una antigua estrella del baloncesto caída en desgracia y sumido en el terrible mundo de las adicciones trata de volver al sendero correcto como entrenador de un equipo de instituto cuya mayor peculiaridad es estar compuesto por un variopinto grupo de estudiantes.
Distribuida por Warner Bros
 
CRÍTICA

¿Un ex-alcohólico dando vida a un alcohólico?. No vamos a cargar tintas sobre la actuación de alguien que ha vivido en sus carnes el mismo trauma plasmado en la pantalla. Ben Affleck ha tenido problemas varios surgidos de melopeas extremas que le han llevado en diversas ocasiones a pasarse algunos periodos de su atribulada vida en clínicas de rehabilitación. Corramos un tupido velo y pensemos en que no habrá tenido que documentarse mucho en la materia. Nos ahorraremos expresiones tipo "lo clava" o "parece que ha nacido para el papel". Si le sirve como terapia de rehabilitación bienvenida sea su posibilidad de redención a partir de su trabajo actoral.

Aquí se pone en la piel de un pobre hombre hundido en lo más profundo de las miserias vitales quien recibirá una "mission of God bluesbrothersiana" por la que tiene que pillar las riendas de un desastrado equipo de baloncesto de un instituyo católico para intentar que dejen de concatenar derrotas dolorosas e intenten el milagro de encauzar su trayectoria deportiva y al menos no se ridiculicen en cada partido. Argumento visto y gastado en mil y una ocasiones, el entrenador, quien había sido una anterior estrella que deslumbrara en el mismo centro escolar,  hallará posibilidad de redención en el manejo de los impresentables imberbes que no le meten una canasta al arcoirirs.

A medida que la trillada trama va avanzando, el elemento dramático va ganando peso en detrimento del periplo deportivo. Los chavales y el resto del equipo técnico lucen como meros arquetipos sin profundidad alguna en sus problemáticas (salvo algún destello en la figura del jugador más prometedor, quien no acaba de despuntar por culpa de un progenitor asido al fracaso más absoluto) y todo se centra en el estrellón que encabeza el elenco actora. Sus continuos devaneos entre la esperanza de quien ve una oportunidad de agarrarse a la vida y quien se sumerge en el alcohol intentando dar con el vellocino de oro a base de melopeas centran un argumento que acaba por perderse en el mismo laberinto de jugadas imposibles que el coach intenta plasmar en sus intensas explicaciones de tiempos muertos.

El equilibrio entre aquéllo que se decía de "tanto en la vida como en el deporte" se derrumba como un castillo de naipes en el momento en el que los guionistas insisten en encumbrar al protagonista como único ancla al que aferrarse para seguir la historia. Todas las subtramas se desvanecen como un mal sueño y los esfuerzos de los escribas capitalizan los elementos que puedan ayudar a demostrar las diferrentes caídas y auges del antihéroe de la ficción. Así se inventan personajes, situaciones trágicas de pañuelo en ristre, familiares que le apoyan en los perores momentos...y gran cantidad de litros de alcohol (corren por sus venas, mujer), en un afán por exprimir las dotes artísticas de un hierático Affleck, quien pone rictus constante de eterno aspirante a Oscar en una obra cuya máxima aspiración es la de exhibirse en cualquier cadena de televisión en horario de sobremesa.
Los amantes del baloncesto disfrutarán con esos partidos reducidos a la última jugada un punto abajo donde la catarsis de todos los involucrados se elevará a la máxima potencia dando por saco a ese típico entrenador soberbio y esos jugadores que parecen los hijos de los míticos "bad boys" de Detroit. Cuanto más abajo parecen caer el efecto Ave Fénix cobra mayor sentido, y nos alegramos de que David vuelva a derrotar a Goliath, y cómo no, lo celebramos con una buena turca que acabe con el prota ingresado por coma etílico.

Por supuesto la crítica nortemaericana ha ensalzado la aventura del Poseidón que reflota para llevar a buen puerto a los descarriados grumetes, pero a nosotros ya no nos la dan con queso y pasamos de comulgar con estos Bishops que materializan el espíritu tan desgastado de conseguir los objetivos marcados gracias al trabajo y a las buenas maneras. La llaman The American way of Life, y el torrente de producciones auspiciadas por la bandera antes del fundido a negro han supuesto parte fundamental en nuestra educación cinematográfica. Pero a estas altura pedimos algo más. Los que todavía no las hayan visto, vale la pena acudir a grandes trabajos seminales que abordan la misma materia como Hoosiers o Ganar de cualquier manera, incluso a la reivindicable por desconocida De Hombre a Hombre, con una jovencísima Melanie Griffith. En The way back hasta se fotocopian algunas escenas de aquéllas.

En defintiva, Gavin O´Connor filma de maenra correcta, sin aspavientos, aunque lejos de la contundencia de algunos de sus títulos anteriores, sobre todo Warrior o la más reciente El Contable. Brad Ingelsby, en calidad de guionista, factura un libreto coherente pero nada original, derivando hacia lo lastimoso y trágico cualquier atisbo de jolgorio tipo El castañazo. Aquí todos lo pasan mal, empezando por el circunspecto Affleck, tan comedido como limitado en un rol ajustado a sus actuales hechuras de panzatriste. Seguro que Ana de Armas le pone remedio...