CRÍTICA DE CINE

Tu Hijo: Desconocidos

Miguel Ángel Vivas (Extinction, Secuestrados) dirige este filme que co-escribe junto a Alberto Marini (El desconocido). Jose Coronado (Gigantes, Es por tu bien) protagoniza esta película cuya reparto completan Ana Wagener (El reino), Pol Monen (Amar), Sergio Castellanos (El árbol de la sangre) y Ester Expósito (Élite).

tu-hijo-1Drama| 103 min. |España-Francia| 2018

Título: Tu Hijo.
Título original: Tu Hijo.
Director: Miguel Ángel Vivas.
Guión: Miguel Ángel Vivas, Alberto Marini.

Intérpretes: José Coronado, Pol Montañés, Ana Wagener, Sergio Castellanos. 

Estreno en España: 09/11/2018 
Productora: Apache Films / Las Películas Del Apache / La Claqueta PC / Ran Entertainment.

Distribuidora: eOne Films Spain.

 

Sinopsis

Jaime Jiménez (Jose Coronado) es un médico y padre de familia. Un hombre normal cuya vida da un giro inesperado cuando recibe la noticia de que su hijo Marcos (Pol Monen) se encuentra en estado crítico después de haber recibido una brutal paliza. A partir de ese momento, Jaime se obsesionará con encontrar a los responsables de esta agresión y buscará sin descanso los motivos que han conducido hasta este desenlace.

Crítica

La sinopsis de Tu hijo nos remite a una historia de venganza. Jaime (José Coronado) es un doctor que tiene que enfrentarse al hecho de que su hijo Marcos (Pol Monen) ha quedado en estado vegetativo tras recibir una paliza en el exterior de una discoteca; la sensación de impotencia ante la falta de actuación de los investigadores hará que Jaime tenga que tomarse la justicia por su mano.

Miguel Ángel Vivas, director y coguionista junto a Alberto Marini, es consciente de que si nos remitimos a esta sinopsis, a la parte superficial de la historia, estamos en un terreno escasamente original. Es por ello que el esfuerzo del relato se centra en deconstruir ese argumento para entresacar aquellos aspectos que discurren por debajo de esa piel superficial que oculta el interior del filme y los personajes.

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El film establece una primera conexión con la pasada filmografía de su director a través de la representación de un espacio claustrofóbico, cerrado. 

Para ello el director de Inside recurre en primer lugar a focalizar el punto de vista en el personaje principal, Jaime. Un hombre que parece tiene una vida relativamente acomodada, con un trabajo en el hospital en el que salva vidas y una familia en la que refugiarse formada por su mujer y sus hijos, un chico y una chica adolescentes. Tras el acontecimiento que sacude esa vida rutinaria, Jaime busca a los causantes del drama en un descenso a los infiernos en los que el espectador es testigo en primer plano pues todo está tamizado por la visión de Jaime.

La cámara le sigue en su deambular, prácticamente encima; permanecemos pegados a su nuca, a su frente, a escasos centímetros del personaje. El filme está rodado en Sevilla pero podría ser cualquier otro lugar pues la presencia exterior no va más allá de la imagen de Jaime. El enfoque se circunscribe a escasos centímetros a su alrededor y los diálogos apenas restan protagonismo  al rostro dolorido del personaje que encarna José Coronado.

En este sentido Tu hijo establece una primera conexión con la pasada filmografía de su director a través de la representación de un espacio claustrofóbico, cerrado. Es un elemento que ya vimos en  Secuestrados, donde la casa era la protagonista, y que continuamos profundizando en sus siguientes trabajos, Extinction e Inside. En Tu hijo, a pesar de que es un filme en el que el personaje deambula de un lado a otro de la ciudad, en realidad está encerrado en su interior. Jaime está aislado de todas las personas que tiene a su alrededor y es por ello que su presencia es constante en la pantalla, convirtiéndose en un hombre solitario que va cortando los canales de comunicación hasta creer únicamente aquello que él considera oportuno.

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El encierro físico retroalimenta el aislamiento psicológico, así aparece encorsetado en su trabajo del que tiene que escapar subiendo a fumar a la terraza (las contradicciones que iremos viendo en su personaje), en su recorrido por la ciudad está embutido en el interior del coche o la escena del enfrentamiento en la discoteca está supeditada a la limitación del espacio del baño. Lo mismo sucede con otros personajes como es la significativa escena hacia el final del filme de Andrea (Ester Exposito) en el ascensor, otro espacio cerrado que sirve para escenificar la angustia y el drama.

En ese descenso a los infiernos que realiza Jaime y que le obliga a visitar sitios desconocidos para él (el barrio humilde del padre de uno de sus pacientes, la discoteca a la que acuden sus hijos) y en los que no sabe desenvolverse, le acompañamos como espectadores y nos identificamos con esas pequeñas trampas que el guión nos va poniendo en el camino: ya hemos hablado del acercamiento físico al personaje mediante el seguimiento de la cámara pero también tenemos algún truco como es la escena en que se muestra la violenta paliza al hijo. Hasta ese momento el filme había discurrido por terrenos basados en la contención mediante el uso de la elipsis y esto se rompe al mostrar la escena en el exterior de la discoteca que tiene como objetivo situarnos todavía más en el punto de vista del padre, de su sufrimiento.

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Más adelante, un giro de guión, desvelará un hecho determinante para el filme. A partir de ese instante, por primera vez la cámara se apartará de Jaime y nos liberaremos de su visión para seguir el dolor de otro personaje; certificando la ambivalencia de una historia que tiene más vértices de los que en principio se suponía.

Aparece entonces, más allá de la historia de venganza, la raíz temática más reveladora: la incomunicación y el desconocimiento que Jaime tiene de sus hijos, de su familia y de él mismo. En realidad el protagonista es un solitario, antes y después del hecho trágico que sacude su vida, y desconoce realmente quiénes son las personas que están a su alrededor. No sabe que su hija práctica la fotografía y cuando ella se acerca para hablar con él, es incapaz de escucharla. La supuesta cercanía con su hijo se demuestra insuficiente al no conocer realmente cómo es y cómo se desenvuelve en su vida, con sus amigos.

Mandy : Foto

Tampoco se conoce a sí mismo. Le horroriza el comportamiento que tienen otros padres (el maltratador que conoce en el hospital al atender a un niño, el dueño de la discoteca que defiende a su hijo culpable) pero no es capaz de plantearse su propia actitud amoral que propiciará la reproducción de esos comportamientos violentos y negativos. Él, que tiene el deber de salvar vidas, busca la venganza por encima de todo (esos planos de las manos lavándose en el quirófano y las mismas manos manchadas de sangre). Jaime se interroga frente a su propia imagen reflejada a lo largo del filme  en los espejos de los baños, en los retrovisores del coche, pero no se reconoce en esa imagen ni encuentra las respuestas que busca.

Tendrá que ser un elemento externo, el móvil, el que rompa esa incomunicación aportando la información necesaria en momentos claves del filme, para que Jaime conozca realmente lo sucedido y, fundamentalmente, para que descubra aspectos desconocidos que para él permanecían ocultos precisamente por ese alejamiento del universo mental y social de su hijo.

Finalmente la conclusión es que se suceden las generaciones pero esa falta de comunicación —y educación—  termina transmitiéndose de padres a hijos y propicia que se repitan los mismos errores. Frente a una sociedad que parece desarrollarse tecnológicamente facilitando esa comunicación (teléfonos móviles, redes sociales), las personas continúan siendo compartimentos estancos e individualizados.

Se reproducen los modelos estandarizados, así mientras la ambivalencia y  la oscuridad tiñe los personajes masculinos en los que se muestra una falta total de moralidad, son los personajes femeninos, la hija a la que el padre se niega a escuchar y su amiga, la ex novia de Marcos, las más inocentes de la historia y a las que podemos terminar considerando las verdaderas víctimas del comportamiento retrogrado de esos hombres que les rodean.

En una película dominada por la omnipresencia del personaje de José Coronado, al que el director tiene la virtud de contener para que la representación externa no impida aflorar el conflicto de su universo interior, brillan también los personajes secundarios que giran alrededor de él. Marcos, el hijo que debe insuflar el recuerdo a lo largo de todo el filme desde las escenas del inicio, la hija o la ex novia, son elementos necesarios para facilitar la comprensión del personaje de Jaime.

Revista Encadenados   Luis Tormo