CRÍTICA DE CINE

La última cena: Un experimento conseguido de cine en tiempo real

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La última cena

Cartelera España 10 de diciembre

Título original

La última cena
Año
Duración
80 min.
País
 España
Dirección

Toni AgustiMaría S. Torregrosa

Guion

Toni Agusti, María S. Torregrosa

Fotografía

Israel Seoane

Reparto

Toni AgustiMaría S. TorregrosaLorena LópezMarta BelenguerCarles SanjaimeCarlos GorbeAmparo Fernández

Productora

The Movie Of

Género
Drama
Sinopsis
Una cena entre amigos en la que el alcohol, las drogas, un caso de corrupción y una visita inesperada convertirán la noche en un encuentro salvaje, donde el espectador será un invitado más.
 
CRÍTICA

«La Última Cena» es una película experimental dirigida por Toni Agustí y María S Torregrosa, realizada en un solo día, y en tiempo real, por Andrea Jaurrieta (‘Ana de día’), e interpretada por un grupo de técnicos y actores que se unen para rodar una cena con amigos en tiempo real.

Además de los directores –también guionistas- a la cena asisten Lorena López, Marta Belenguer, Carles Sanjaime, Carlos Gorbe, Alejandro Velasco y Amparo Fernández, quienes son los «actores» de este experimento y que solo recibieron una «escueta descripción del personaje a interpretar».

El resto era cosa de cada cual. Los directores, que creían en las posibilidades de la improvisación, afirman que la película se planteó «como un juego» en el que el resultado era, hasta cierto punto, una incógnita: «Podría ser un cortometraje, un documental, un largo… Lo importante no era el resultado, sino el proceso».

Ha sido un largometraje, una hora y diez minutos de llegada y presentación de los amigos y una cena, a la que he tenido la impresión de haber asistido hace mucho tiempo –la pandemia nos ha emborronado todo- y haber acabado jurando no volver.

En «La última cena[1]», la pareja de la casa, él arquitecto en el ayuntamiento de Parla, ella «influencer en Instagram» dice la sinopsis, pesadísima con el teléfono en la mano todo el tiempo, digo yo, han invitado a un grupo de amigos a cenar. 

En principio todo sale como estaba previsto, salvo que una de las chicas, dentista, llega acompañada de «un paciente», y que de improviso se presenta una vecina, diciendo que se ha quedado sin luz y que trae un pastel de tiramisú. Con ellos se completa el repertorio habitual en este tipo de reuniones, donde no faltan el patoso, el que hace la última pregunta aunque no toque, ni la empeñada en centrar siempre la atención.

La presencia de dos personas con las que no contaban, junto a la revelación de que al arquitecto le han imputado por corrupción (él asegura que se trata de alguien que quiere su plaza), da un giro a las conversaciones que acaban derivando hacia las malversaciones del PP valenciano, la corrupción en general, las «fake news», las drogas, el tabaco, el alcohol, el amor, la amistad…en fin, el catálogo habitual de temas en una reunión de amigos adultos.