CRÍTICA DE CINE

La Última Gran Estafa: Una película olvidada

La última gran estafa

 
Título original
The Comeback Trail
Año
Duración
104 min.
País
 Estados Unidos
Dirección
Guion
George Gallo, Josh Posner
Música
Aldo Shllaku
Fotografía
Lucas Bielan
Reparto
Productora
Storyboard Media, March On Productions, Sprockefeller Pictures (Distribuidora: Eagle Films)
Género
Comedia | Cine dentro del cine. Remake
Sinopsis
Max Barber (Robert de Niro) es un productor de cine de Hollywood de serie B. Tras el fracaso de su última película, necesita encontrar un nuevo proyecto que le permita saldar su deuda con un jefe de la mafia local (Morgan Freeman). Decide emprender la producción de una película con escenas de acción de alto riesgo, con el fin de provocar la muerte de su actor protagonista y poder cobrar así el altísimo seguro, solucionando definitivamente sus problemas económicos. El actor elegido es Duke Montana (Tommy Lee Jones), una vieja estrella deprimida con problemas con la bebida: el blanco perfecto para los planes de Max. Sin embargo, los días de rodaje van transcurriendo y Max no consigue su propósito, sometiendo a Duke a retos cada vez más peligrosos. Paradójicamente, mientras Duke va sobreviviendo escena tras escena, Max, inconscientemente, está rodando la mejor película de su carrera.
Distribuidora: Vértice Cine
 
CRÍTICA DE VICENTE I. SÁNCHEZ

“La última gran estafa” es un remake de “The Comeback Trail” (1982), de Harry Hurwitz. George Gallo (The poison rose) fue una de las pocas personas que llegó a ver la cinta original que, por distintos azares de la vida, jamás llegó estrenarse ni a tener vida comercial. Muchos años después, Gallo ha logrado hacerse con los derechos de la historia original. Viendo los resultados finales, no habría pasado nada si la película hubiera quedado en el olvido.

Lo mejor que puede decirse de “La última gran estafa” es que ha logrado reunir a Robert de Niro, Morgan Freeman y Tommy Lee Jones. Tres actores que nunca había coincido en pantalla y que forman parte de la historia del cine moderno. Desgraciadamente George Gallo desaprovecha la oportunidad y se limita a ofrecernos una comedia banal con claros problemas de ritmo. La realidad es que el director está más interesado en que funcionen los chistes y gags visuales que en construir unos personajes creíbles y divertidos.  Y es una pena, porque la historia tenía bastante potencial.

“La última gran estafa” empieza bien, ofreciéndonos unos primeros treinta minutos bastante divertidos. La historia se enmarca en los años sesenta, en Hollywood, y nos presenta a Max Barber (Robert de Niro), un productor de cine de serie B. Tras el fracaso de su última película, necesita encontrar un nuevo proyecto que le permita saldar su deuda con un jefe de la mafia local (Morgan Freeman).  Decide emprender la producción de una película con escenas de acción de alto riesgo, con el fin de provocar la muerte de su actor protagonista y poder cobrar así el altísimo seguro. El actor elegido es Duke Montana (Tommy Lee Jones), una vieja estrella deprimida con problemas con la bebida: el blanco perfecto para los planes de Max.


Una historia interesante y que habría tenido potencial para convertirse en una gran película. Sin embargo, George Gallo parece empeñado desde el primer fotograma en dar a la cinta un tono ligero e intrascendente, dando la sensación de no estar muy seguro del material que tiene entre manos. Gallo desaprovecha totalmente a Morgan Freeman y Tommy Lee Jones con unos papeles vacíos, planos y sin ningún tipo de gracia. Dos veteranos actores que parecen perdidos entre tanta tontería y chiste visual.
Todo lo contrario pasa con Robert de Niro, que está especialmente gracioso en su papel de productor asesino. Claramente su personaje está mucho más trabajado en guion y funciona de una manera más natural. Lo cual no quiere decir que no se vaya desinflando también según pasan los minutos.

“La última gran estafa” es una cinta que no va más allá de buscar alguna que otra sonrisa y que se conforma con no aburrir. En ese sentido sí se puede decir que George Gallo consigue salir airoso ofreciéndonos algunos momentos bastante divertidos. El problema radica en lo poco trabajado de su guion, con muy pocos giros argumentales y con un desarrollo aburrido. La sensación que deja en el espectador es de proyecto fallido. Cabe preguntarse qué comedia habría sido en manos de un director más creativo.