CRÍTICA DE CINE. DISPONIBLE EN FILMIN

El último vals (The Last Waltz, 1978): Un concierto irrepetible

Son innumerables las razones por las que The Last Waltz ha disfrutado de elogios continuados desde la fecha de su estreno (en España el acontecimiento tuvo lugar el 16 de agosto de 1978, casi cuatro meses después de la puesta de largo oficial en las carteleras norteamericanas).

El último vals

Título original
The Last Waltz
Año
Duración
117 min.
País
 Estados Unidos
Dirección
Martin Scorsese
Guion
Martin Scorsese
Música
The Band
Fotografía
Michael Chapman, László Kovács, Vilmos Zsigmond, Hiro Narita
Reparto
Documentary, Bob Dylan, Van Morrison, Neil Young, Joni Mitchell, Neil Diamond, Eric Clapton, Paul Butterfield, Rick Danko, Dr. John, Lawrence Ferlinghetti, Emmylou Harris, Ronnie Hawkins, Ronnie Wood, Muddy Waters, Ringo Starr, The Band
Productora
United Artists
Género
Documental | Conciertos. Documental sobre música
Sinopsis
Documental sobre el mundo del rock rodado en 1976 en el que Scorsese filma los conciertos de despedida de "The Band", por los que pasaron Bob Dylan, Van Morrison, Neil Young, Joni Mitchell, Neil Diamond, Eric Clapton y otras míticas figuras del rock de las últimas décadas.
 
CRÍTICA

Son innumerables las razones por las que The Last Waltz ha disfrutado de elogios continuados desde la fecha de su estreno (en España el acontecimiento tuvo lugar el 16 de agosto de 1978, casi cuatro meses después de la puesta de largo oficial en las carteleras norteamericanas).

El documental captura la actuación final de The Band, el grupo de rock seminal de los años 60 y 70, que primero llamó la atención como equipo de respaldo de Bob Dylan cuando el cantante popular se volvió eléctrico. La velada tuvo lugar el Día de Acción de Gracias de 1976, con entrada a 25 dólares que se supone incluía la cena, aunque ese detalle gastronómico no aparece en ningún momento.

El grupo nos legó multitud de canciones que bebían de los diferentes géneros que forman el riquísimo acervo de la música popular estadounidense, y que, fusionados por las personalidades artísticas de aquellos cinco hombres, se complementaron de forma magistral para dar lugar a un estilo tan sutil como singular, hasta entonces desconocido y, a día de hoy, irrepetible.

Además de ser querida tanto por el público como por la crítica, por su integridad artística y ritmos arraigados, The Band tuvo la habilidad y acierto de salir del escenario público antes de que su ocaso comenzara a hacer acto de presencia. Por lo tanto, la película no es solo un compendio de actuaciones apasionadas, sino también un registro de su historia musical.

Además, el reivindicable quinteto invitó a muchos de sus amigos famosos a unirse a ellos en su canto de cisne en forma de concierto postrero, por lo que The Last Waltz presenta números muy disfrutables de Dylan, Neil Diamond, Joni Mitchell, Neil Young, Dr. John, Paul Butterfield y otros.

Sin embargo, más allá de las estrellas y las canciones, The Last Waltz tiene algo que otras películas musicales de los 70 no tienen... a Martin Scorsese.

Como uno de los realizadores más prometedores de su generación, que ya había parido clásicos incontestables como Malas calles o Taxi Driver, y además era un amigo cercano (y antiguo compañero de cuarto) del compositor principal de la banda, Robbie Robertson, Scorsese fue una elección natural para supervisar la visión grandiosa de la banda de un concierto de despedida filmado.

Y debido a que siempre ha destacado entre los cineastas más sensibles musicalmente de su generación, aprovechó la oportunidad creando una atmósfera visual opulenta y muy rica en matices.

Iluminando el Winterland Arena de San Francisco como un escenario sonoro (y complementando el metraje del concierto con adornos artísticos filmados en un escenario sonoro real), Scorsese se acercó a The Last Waltz como una película convencional en lugar de un documental del directo. Por lo tanto, una visión artística general es evidente en cada escena: Scorsese se propuso elevar la sensación de un concierto a algo mítico, definiendo a sus sujetos como figuras mágicas que emergen de la oscuridad para emitir ruidos alegres.

Para llevar a cabo este elaborado esquema visual, Scorsese reclutó a varios directores de fotografía de renombre (se incluyeron a auténticos virtuosos en la materia como Michael Chapman, László Kovács, Hiro Narita y Vilmos Zsigmond), lo que garantizó un trabajo de cámara consistente y elegante a partes iguales.

Sin embargo, en la película también se nota la constante mano del director, gracias sobre todo a entrevistas sin barnizar con Robertson y sus compañeros de banda que Scorsese realizó en un estudio de grabación de Malibú; así sentimos en primera persona la presencia de Scorsese el fanático y de Scorsese el historiador, no solo de Scorsese el artista.

Algunos se quejaron de que el cineasta realmente puso un sello muy distinto en esta película, colocando el estilo sobre la sustancia, pero se puede argumentar que su elección de complementar la estética artesanal de la banda con un tratamiento visual sofisticado creó una yuxtaposición dinámica que elevó la calidad del producto a un nivel superior.

La filmación no imitaba los clichés de cámara de los programas de variedades de televisión, pasando por una decoración sin sentido, enfocando las luces borrosas o combinando primeros planos y tomas de cuerpo completo en exposiciones dobles. Sus ángulos son directos y potentes, bien iluminados y bien enfocados. Gracias a este aspecto, se consigue hay una sensación increíble de la comunidad en el escenario.

Sin embargo, aunque unos y otros puedan estar más a favor o más en contra de las decisiones adoptadas a la hora de poner en escena el concierto postrero de esta banda legendaria, es difícil discutir con la música. Más allá de interpretar sus propias canciones clásicas (The Night They Drove Ole Dixie Down, Up on Cripple Creek, The Weight y más), la banda ofrece un respaldo atronador para Dylan (Forever Young), Young (Indefenso), y los otros invitados de la película.

Podemos afirmar sin temor a equivocarnos que desde los simples encantos de la música de The Band hasta el extravagante estilo de los adornos cinematográficos de Scorsese, The Last Waltz está llena de ricas texturas que engrandecen su visionado.

El que desee ver el documental online, tiene la posibilidad de adquirirlo a través de Filmin en su apartado de documentales: https://www.filmin.es/pelicula/el-ultimo-vals.

En formato doméstico existe una jugosa edición para coleccionistas lanzada en 2013 por MGM que incluye los siguientes extras: Menús interactivos, Acceso directo a escenas, Documental: Revisando el Último Vals, Tráiler original de cine, Anuncio de TV, Galería de fotos, Mix de escenas eliminadas 2, Comentario en audio de: El cineasta y el músico, Comentario en audio de: The Band y otros.

Una oportunidad pintiparada para que —como se dice al principio del documental en propias palabras de Martin Scorsese, a modo de recomendación— se escuche a todo volumen una selección de tonadas maravillosas (si te gusta este estilo de música, folk rock, country alternativo, claro) compuestas y cantadas por auténticos prodigios de la historia de la música.

Spoiler: Sorprendentemente, la película comienza con su bis, mostrando el número final que se filmó y luego siguiendo los momentos anteriores del concierto.