Cine Nueva Tribuna

CRÍTICA DE CINE

Una Ventana Al Mar: Los ojos de la mujer madura

Una ventana al mar

 

Una ventana al mar

Título original

Una ventana al mar
Año
Duración
105 min.
País
España España
Dirección

Guion

Luis Gamboa, Miguel Ángel Jiménez, Luis Moya

Música

Pascal Gaigne

Fotografía

Gorka Gómez Andreu

Reparto

Productora

Coproducción España-Grecia; Kinoskopic Film Produktion, Gariza Produkzioak, Sumendia, Heretic, ETB

Género
RomanceDrama | Drama románticoEnfermedad
Sinopsis
María, una funcionaria de cincuenta y cinco años de Bilbao a la que diagnostican una grave enfermedad. A pesar de eso y en contra del consejo de su hijo, decide hacer un viaje a Grecia con sus dos mejores amigas. Allí, descubrirá la isla de Nisyros, un pequeño remanso de paz y calma donde vuelve a sentir las ganas de vivir. Mientras explora la isla y se sumerge en sus tesoros escondidos, conoce a Stefanos (Akilas Karafisis) y se enamora inesperadamente de él. Habiendo encontrado al amor de su vida, María se verá obligada a decidir si volver con su familia o quedarse con él en una pequeña isla hasta el final.
Distribuidora: Fílmax
 
CRÍTICA

No solamente mira el mar la protagonista de este drama, sino que la ventana del título también permite mirarse a si misma con ojos claros y transparentemente, destapando sus verdaderos deseos y anhelos vitales. Esta reafirmación personal en plena madurez sigue el patrón de toda trama de autodescubrimiento viajero, véase Bajo el sol de la Toscana (Audrey Wells, 2003) como más popular ejemplo. Con Grecia como telón de fondo, María (Emma Suárez) llega con sus amigas –dos fotocopias de Christine Baranski y Julie Walters en Mamma Mia! (Phyllida Lloyd, 2008)- a la isla de Nísiros, donde tendrá ese momento de clarividencia que la llevarán a quedarse sola en este idílico lugar, con el peso de la enfermedad terminal que sufre apremiando sobre el tiempo.

UNA VENTANA AL MAR - El Palomitrón

Emma Suárez es el aliciente mayúsculo y alma absoluta de un film predecible y con demasiadas resonancias. La naturalidad con la que encarna a esta mujer reencontrándose consigo misma antes de la muerte es lo que aviva el interés durante un metraje alargado y con algunos circunloquios innecesarios. Miguel Ángel Jiménez habría salvado estos problemas apostando por, en primer lugar, un desarrollo más fluido sin esa intención pseudo autoral de excederse en la duración del plano sin necesidad y, sobre todo, caracterizando de manera más atractiva a sus personajes secundarios, la mayoría de los cuales se acomodan en el arquetipo, impidiendo interacciones más ricas y complejas que elevarían exponencialmente el interés de una trama sustentada, precisamente, en sus personajes.

Una ventana al mar': cuando la pena se la lleva el agua | CineLa gama de secundarios es realzada de su planicie gracias a buena parte del reparto (como es el caso de Akilas Karazisis), en el cual también hay algo de espacio para alguna desafortunada sobreactuación (Gaizka Ugarte). En su favor, a pesar de la bomba emocional que conlleva la historia, Jiménez es capaz de resultar medianamente sobrio y no dejarse llevar abusivamente por manipulaciones sentimentales a golpe de recursos, pero la sobreexplicación de algunas escenas lastran la contundencia que podría haber llegado a tener desde su estilo.

Una ventana al mar': cuando la pena se la lleva el agua | Cine

Una ventana al mar necesita como película, precisamente, del mismo carácter especial y único de la isla que enamora a María para seducir al espectador y poder erigirse como una película de su subgénero con entidad propia. Emma Suárez y el aire del Egeo aportan el fuelle necesario para que no resulte del todo olvidable, pero su falta de riesgo e intensidad la condenan a definirla como irremediablemente fallida. Una actriz y un paisaje que merecían más justicia.