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CRÍTICA DE CINE

La verdad duele: Con él llegó el escándalo

El film está basado en una historia real, la del médico forense nigeriano Bennet Omalu, quien en un ejercicio de perseverancia se empeñó en demostrar al mundo que existía evidencia de que los golpes en los partidos de fútbol americano causaban demencia en los jugadores. 

la verdad duele cartelDrama | 123 min. | EEUU

Título: La verdad duele.
Título original: Concussion.
Director: Peter Landesman.
Guión: Jeanne Marie Laskas, Peter Landesman.
Actores: Will Smith, Alec Baldwin, Albert Brooks, David Morse.
Estreno en España: 12/02/2016 
Productora: Scott Free Productions, LStar Capital, Village Roadshow Pictures.

Distribuidora: Sony Pictures Spain.

 

Sinopsis

Will Smith interpreta al Dr. Bennet Omalu, un neuropatólogo forense que descubrió el síndrome post conmoción cerebral, que causó tanto daño a muchos jugadores de fútbol americano y que provocó los suicidios de antiguas estrellas de la liga NFL.

Crítica

No queda más remedio que volver a echarse las manos a la cabeza cuando nos damos cuenta de que una película cuyo título original es Concussion (traducido literalmente como contusión) aquí se estrena con el dudoso título de La verdad duele. ¿Por qué no puede llamarse simplemente Contusión? ¿Es que es una palabra demasiado difícil para que el españolito de a pie sepa lo que significa? Igual en otras ocasiones el cambio de título está justificado, pero en la película que nos ocupa ocurre todo lo contrario, ya que la palabra contusión define de manera certera el meollo de la cuestión que resume en gran parte el desarrollo de la trama.

Que la verdad duele ya lo sabemos, aunque puestos a rizar el rizo si se acude al acerbo popular se podría haber optado por otros títulos más sugerentes, tipo “lo que no mata engorda” o “quien bien te quiere te hará llorar”…

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Pero bueno, confiaremos en que la estrategia promocional esté justificada y nos centraremos en lo que nos ofrece este drama centrado en el mundo de la medicina deportiva. El film está basado en una historia real, la del médico forense nigeriano Bennet Omalu, quien en un ejercicio de perseverancia se empeñó en demostrar al mundo que existía evidencia de que los golpes en los partidos de fútbol americano causaban demencia en los jugadores. ¿Y cómo lo descubrió? Pues abriéndole el cráneo post mortem a unos cuantos exjugadores que acabaron con su vida bien por muerte súbita o suicidándose debido a severas lesiones que les habían llevado a perder el control mental.

La película dramatiza las tremendas dificultades que llega a sufrir quien se atreve a denunciar una realidad que sacude los cimientos del deporte más popular y rentable de los Estados Unidos. Y como el drama está servido, ahí está el bueno de Will Smith para poner todo su empeño en demostrar que es tan buen actor dramático como de comedia. 

La película dramatiza las tremendas dificultades que llega a sufrir quien se atreve a denunciar una realidad que sacude los cimientos del deporte más popular y rentable de los Estados Unidos.

El guión, escrito por el mismo director del film, Peter Landesman (Parkland; Matar al mensajero) se basa principalmente en dos documentos: un artículo de la revista GQ sobre los hallazgos del doctor Omalu y el libro basado en dicha investigación producido por la periodista estadounidense Jeanne Marie Laskas. Ambos escritos podrían haber dado pie a una intriga mucho más atrayente de lo que a la postre acaba siendo un biopic bastante descafeinado.

Todo gira entorno a conseguir una actuación lo más impresionante posible de Will Smith, quien pone toda sus energías para dar credibilidad a una figura que el guión se encarga de acercar a lo mesiánico. Suponemos que todo en aras de proyectarlo hacia una segura nominación para el Oscar, y eso por desgracia acaba afectando al desarrollo de la trama. 

Toda la parte romántica en la que el médico se enamora de una chica pobre a la que acoge en su casa está metida con calzador y luce superflua e impostada; y así las escenas de pareja navegan en la monotonía y sólo funcionan de mero relleno para darle vueltas y más vueltas a situaciones vistas mil y una veces. Ella se queda prendada, a las primeras de cambio, de la tenacidad de un hombre con dedicación casi exclusiva a su trabajo y a su profunda religiosidad, convirtiéndose en su compañera de fatigas y acompañándole contra viento y marea en la salud y en la enfermedad, aunque siempre en un segundo plano.

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Lo mismo ocurre con los actores secundarios que van apareciendo más a modo de cameos que otra cosa. Por allí pululan intérpretes de solvencia contrastada como Alec Baldwin, Luke Wilson, David Morse o Albert Brooks, en unos roles tan insignificantes que ni siquiera llegan a dar nunca la réplica adecuada al alarde actoral del protagonista absoluto de la función.

Es una pena que la película no haga especial hincapié en lo que seguramente hubiera interesado más al público: la batalla legal que tuvo lugar cuando Omalu pidió que se cambiaran las reglas de juego en el fútbol americano para intentar minimizar ese tipo de lesiones. La NFL se indignó y pidió al doctor que se retractara, pero éste siguió erre que erre hasta que algunos familiares de jugadores fallecidos en esas circunstancias comenzaron a interponer demandas. En el film sin embargo todo este embrollo se resuelve de un plumazo, sin tensión judicial alguna. El director prefiere apartar los elementos que hubieran enriquecido el relato de los hechos, y en consecuencia el interés por lo que se cuenta va languideciendo hasta rayar el sopor. No hay apuesta formal ni narrativa alguna, quedándonos la sensación de que esta película ya la hemos visto muchas veces.