CRÍTICA DE CINE

Wilson: El último gran antihéroe

Wilson está basada en la primera novela gráfica original escrita por Daniel Clowes, un historietista estadounidense famoso por haber realizado ilustraciones para gran número de revistas, como The New YorkerDetailsEsquire o Village Art, entre otras mucha. 

Comedia | 94 min. | USA 2017

Título: Wilson.
Título original: Wilson.
Director: Craig Johnson.
Guión: Daniel Clowes (Novela gráfica: Daniel Clowes).
Intérpretes: Woody Harrelson, Laura Dern, Isabelle Amara, Judy Greer.

Estreno en España: 26/05/2017 
Productora: Ad Hominem Enterprises.

Distribuidora: Fox Spain

Sinopsis

Wilson (Woody Harrelson) es un cuarentón patético, algo neurótico y solitario, bastante desastroso, y también un misántropo. Eso sí, resulta un tipo entrañable al que le coges cariño. Un buen día descubre que su ex mujer Pippi (Laura Dern) tuvo una hija suya y la dio en adopción. Hoy la chica es una adolescente. Así que, a pesar del tiempo transcurrido, Wilson decide ponerse en contacto con su antigua pareja para juntos conocer a esa chica.

Crítica

En el cartel español de Wilson vemos al protagonista en plena micción observando a su compañero de lavabo. Nunca una imagen definió mejor a un personaje. El protagonista de esta sarcástica comedia salpicada de momentos melodramáticos es un auténtico pelmazo a quien no le importa molestar a cualquiera con preguntas inoportunas. Preguntas directas sobre su vida a personas que no conoce para acto seguido soltar alguna de sus frases donde deja entrever su particular filosofía.

Wilson está basada en la primera novela gráfica original escrita por Daniel Clowes.

Wilson está basada en la primera novela gráfica original escrita por Daniel Clowes, un historietista estadounidense famoso por haber realizado ilustraciones para gran número de revistas, como The New YorkerDetailsEsquire o Village Art, entre otras mucha. Su protagonista es un hombre de mediana edad, divorciado y un poco sociópata que vive con su perrita Pepper, en la que vuelca todo su amor. Que es mucho, y un poco raro, la verdad. No es la primera vez que los dibujos de Clowes son llevados a la gran pantalla: 2001 conoció la magnífica adaptación de su libro Ghost World, y en 2006 se hizo lo propio con Art School Confidential.

El encargado de llevar a buen puerto esta tercera toma de contacto con el universo Clowes ha sido el director Craig Johnson, quien hasta ahora había estrenado True Adolescents y The Skeleton Twins. Johnson es un cineasta que no suele arriesgar mucho formalmente en sus películas, inoculando a su obra una cierta patina de tv-movie que en el caso que nos ocupa no hace ningún bien al conjunto. Un personaje tan radical y marginal como el de Wilson hubiera necesitado una puesta en escena mucho más extremada.

Sin embargo, se ha optado por un estilo costumbrista adaptable al entorno por donde pulula este auténticos tocapelotas urbano. Johnson no es Terry Zwigoff, quien se encargó de dirigir los otros títulos citados anteriormente, y eso se nota en el ritmo cansino y en el adocenamiento de unas imágenes que no hablan en ningún instante por sí solas.  

De todas formas, el guion viene firmado por el mismo autor de la novela gráfica, quien suponemos que habrá permitido las mínimas injerencias por parte de la dirección a la hora de acondicionar la narración al correspondiente libreto. Así que en ese aspecto la película sí que es muy disfrutable, y los gags (sobre todo algunos visuales y otros recurrentes) funcionan como un auténtico reloj suizo, al igual que el juego de diálogos réplica-contraréplica entre los distintos actores, un alarde en cuanto a ritmo y composición se refiere.

En el haber de la función sí que hay que destacar la química brutal que existe entre los dos protagonistas, un Woody Harrelson que parece haber nacido para el papel (su fisicidad y verborrea son dignas de elogio) y una Laura Dern que sigue demostrando en cada trabajo lo buen actriz que es. Se nota que la pareja está curtida en mil una batallas cinematográficas,  con unas actuaciones modélicas en las que cada uno permite el lucimiento de su alter ego. Ahí quedan momentos desternillantes como la discusión que mantienen al lado de un estanque o el demencial reencuentro en el restaurante donde Pippi trabaja como camarera.

Wilson se revela como una película decente, impulsada por una franqueza agradablemente abrupta y que culmina en un final legítimamente edificante, pero te deja con una sensación de que en manos de otro director con más ínfulas de autor el resultado final podría haber  sido más óptimo, sobre todo en lo que se refiere  a resaltar los aspectos más dramáticos de la historia.