De reuniones familiares, contra comedia, pesadillas, pérdidas y sueños

SEFF Crónica del cuarto día del Festival de Cine Europeo de Sevilla

Variado día el de hoy en el festival plagado de propuestas muy diferentes que han ido de menos a más con un pequeño bajón al final que no ha logrado estropear la buena dinámica de la programación de este cuarto día.

SEFF – DIA 4

Avalada por la crítica y gran triunfadora de Cannes en su última edición,  Juste le  Fin de Monde de de Xavier Dolan nos ha dejado más bien fríos con la historia de un joven que va a morir en poco tiempo y decide contar la trágica noticia a su familia, a la que no ve hace 12 años.

Sin llegar a ser una mala película,  el otrora enfant terrible del cine se ha domesticado para el gusto de festivales perdiendo por el camino toda la fuerza y gusto que demostraba en sus primeras obras.

Quedan resquicios,  esa madre interpretada con fuerza por Nathalie Baye  y notable de influencia almodovariana en una conversación que podría ser perfectamente el reverso de Tacones Lejanos, la estética videoclipera y utilización de música pop, no así de la banda sonora de Gabriel Yared, un compositor que ni parece entender al director ni este saber utilizar su música.

Todo sabe a poco, y más teniendo un plantel de actores donde es precisamente Gaspar Ulliel (que ya nos asombró anteriormente en Saint Laurant de Bertrand Bonello, el que sale perdiendo junto con Marion Cotillard, siendo las sorpresas Vincent Cassel, en un personaje fuerte como nos tenía acostumbrados hace tiempo y Léa Seydoux (siempre bella y contenida hasta su explosión final).

Por desgracia no hay rueda de prensa con el director tras la proyección que quizás nos hubiera ayudado estimar más la obra que junto a Tom á la Fermé podría estar entre sus menores.

El pase del mediodía es el turno para la nueva película de Alain Guiraudie, un director que siempre logra sorprender con sus propuestas y Rester Vertical no ha sido una excepción.

Lo que comienza como una bonita historia de humor rural donde una joven ganadera con  hijos conoce en el prado a un guionista en crisis, se torna en la contra comedia más surrealista y provocadora de las que han podido verse en este festival de cine cuando la joven tiene un bebe y lo abandona junto al padre.

Para el director no existen temas tabúes, como ya lo demostró en L’Inconnu du Lac hablando del cruising en un lago francés, y en esta se atreve con otros temas prohibidos como la gerontofília o el incesto a la que se unen imágenes potentes y difícil de olvidar como uno de los partos más realistas (tanto que es real) de la historia del cine o una escena de sexo muy explícito cuyo resultado final da para uno de los mejores gags de la película y que aparece como noticia de portada de un periódico.

Pecará de tener un final demasiado abierto pero muy acorde con todo lo que nos ha estado contado el filme que no es más que las desdiches de este pobre guionista que piensa que está escribiendo mierda cuando su productor ve en realidad una obra maestra.

El almuerzo se realiza con un cocktail ofrecido por el festival y en el que están presentes todos los directores de la sección Resistencias que presentan película este año en el festival a la vez que se da a conocer la edición del libro Imágenes resistentes escrito por Alberto Hermida y Sergio Cobos, profesores de la Universidad de Sevilla en conjunto con Samuel Neftalí Fernández Pichel, profesor del Centro Universitario Internacional.

La primera película de la tarde es la húngara It’s not the Time of my Life de Szabolcs Hajdu en otra historia de reunión familiar, en este caso por sorpresa, pero que vuelve a desestabilizar el orden y la falsa apariencia de bienestar y felicidad de dos hermanas con sus respectivas parejas e hijos.

Lo que al principio será una buena relación de convivencia, empezará a sacar a relucir conflictos más importantes y no cerrados entre las dos familias tocando temas como la diferencias de estatus social y económico, la infidelidad o la insatisfacción sexual tras el nacimiento de un hijo.

La película, que se centra en todo momento en el salón de una de las familias, camina entre la comedia socarrona y un drama teatral que muchos han emparentado con Un Díos Salvaje de Yazmina Reza, pero que no tiene la suficiente carga emocional ni la ira que esta tenía.

Tras esto, nos encontramos con un pase doble de cortometraje más película de la sección Resistencias del festival. Una sección que siempre sorprende por apostar por ese cine español que muy difícilmente llega a salas, que está hecho con cariño y amor al cine y por el que sus creadores han luchado fuertemente por llegar a rodar.

El cortometraje pertenecía a la conocida artista María Cañas, auténtica conocedora de lo que puede dar de sí el denominado subgénero del found-fottage y a la que no le hace falta dirigir para crear sus obras que siempre son impactantes y llenas de significados más o menos evidentes. Su última obra, Campo de Sueños es un viaje alucinógeno dentro de una pesadilla durante seis sobrecogedores e inquietantes minutos, gracias a la sucesión de imágenes provenientes de archivo, películas, documentales etc y con una banda sonora que genera aún más angustia

No hay que buscarle argumento pues como pesadilla es irracional y salvaje y por mucho que se trata de averiguar de dónde proviene cada imagen (algunas de obras muy conocidas del cine de terror) llega un momento en que el juego de adivinanzas se vuelve imposible.

Después del cortometraje se proyectó Marisa en los Bosques, ópera prima de Antonio Morales, que cuenta en clave de tragicomedia (muy bien medida) las vicisitudes de una actriz de teatro llamada Marisa (magnifica Patricia Jordá que se desenvuelve perfectamente en esos cambios entre la comedia y el drama), que debe ayudar a una buena amiga a superar la ruptura con su novio.

La influencia de la primera época de Pedro Almodóvar es palpable durante toda la película, en pequeños detalles más o menos escondidos o incluso en la utilización de un personaje con una nariz peculiar rememorando a Rossy de Palma con su verborrea y gestos.

Pero también es una película que rebosa cinefilia pura, con o sin intencionalidad. Que genera momentos de verdadera carcajada y otros de gran pesar y que tiene una gran escena en su trayecto dónde Marisa le cuenta a su amiga el final de Broken Blossoms de D.W.Griffith mientras se ven sus imágenes procedentes de un portátil en la pantalla y sólo se escucha su voz.

Una escena, que según pudimos saber al acabar la proyección y dar comienzo a un coloquio con el director y su equipo, completamente improvisada y que gracias a eso genera simpatía y ternura hacia los personajes.

La jornada acaba con la francesa Le Parc de Daniel Manivel, con una historia de chico conoce a chica en el banco de un parque y el transcurso del día los irá enamorando. Pero llega la tarde y con ella el anocher y el romanticismo se volverá más sombrío y extraño en una especie de viaje onírico por los sentimientos.

Criptica y con un ojo puesto en David Lynch, al que por mucho que intenten imitarle u homenajearle nadie es capaz de igualar su extrañeza y por ello este filme se convierte en una obra interesante pero fallida al volverse cada vez más indescifrable hasta que el final, que se puede ver venir gracias a detalles que nos están dando desde los primeros minutos de la obra, lo desvela todo.