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DECEPCIÓN POR EL PALMARÉS, BUEN NIVEL EN LAS ÚLTIMAS PELÍCULAS

SEFF Crónica del noveno día del Festival de Cine Europeo de Sevilla

El último día del Festival ha estado cargado de propuestas con ideas y momentos muy interesantes y fascinantes que nos han dejado un buen sabor de boca tras la sorpresa (mala) de un palmarés que ha ido a lo fácil. 

SEFF – DIA 9

Hicimos bien en no asistir a la lectura del palmarés del Festival de Cine Europeo de este año y continuar haciendo lo que en nuestra humilde opinión es lo que se debe hacer en un festival de este tipo: ver y celebrar el cine en cada sesión.

Y como tras el aperitivo el día anterior con algunos de los directores de la sección Resistencias nos había dejado buenas sensaciones, decidimos comenzar el día con Análisis de Sangre Azul de Gabriel Velázquez y Blanca Torres a la que precedía el cortometraje Nuestra Amiga la Luna de Velasco Broca

Este, de corte más experimental, nos dejó bastante diferentes al no entrar de lleno en la propuesta críptica, multifocal y de varias dimensiones que nos propone el director pero le reconocemos la originalidad y el asombró de algunas imágenes (ese hindú tullido) que nos presenta.

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Por el contrario, Análisis de Sangre Azul nos encantó desde principio a fin con un documental ficcionado y que pretende haber sido grabado en el primer tercio del siglo XX , narrando la historia de un inglés amnésico encontrado en las montañas de un pueblo perdido y endogámico de esa España enigmática y profunda que nos remite a Las Hurdes de Luis Buñuel y por supuesto al germen del cine etnográfico que es Nanook of the North de Robert J. Flaherty.

Porque el gran acierto de la obra es adentrar a ese extranjero en la comunidad cerrada cercana al sanatorio donde se encuentra y que gracias a eso se lleve a cabo una limpieza genética que dará vida al poblado, alejado ya de las relaciones endogámicas que se daban en él y que daba como resultado una prole llena de taras.

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Lo mejor es ese detallismo en cada imagen del filme, con una investigación sobre las costumbres de época, los métodos científicos y médicos, y la reconstrucción de esa época sombría que le dan un realismo a la obra que hace que te plantees si de verdad es una película hecha en la actualidad o simplemente es una grabación que los directores encontraron en algún desván familiar.

El pase de la tarde también tiene algo de cine etnográfico con El Dorado XXI de Salomé Lamas, que anteriormente nos había inquietado y dejados estupefactos con su Terra de Ninguem y que en este pone su mirada en el poblado minero de La Rinconada, en Perú.

Un plano general fijo durante una hora nos muestra el anochecer en la mina y como sus trabajadores van de un lado a otro llevando las bolsas llena de piedras (a veces oro) que encuentran en el interior de las montañas. Una escena que nos retrotrae a esa La sortie des usines Lumière de los Hermanos Lumière, obra fundacional del cinematógrafo y de la propia historia del cine.

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Pero más que expresar el trabajo de estos pueblerinos de la zona, sus imágenes evocan, gracias a un excepcional uso de la voz en off y el sonido ambiental, a las costumbres y cultura de la zona, a la forma en la que sobreviven y esos rituales extraños que se realizan en el interior de las minas a deidades antiguas para encontrar oro y que en muchos momentos (con esos sacrificios de bebés y vírgenes) se vuelven hasta ilegales.

Sin embargo, tras esa hora, la fascinación decae y dejamos de lado el plano fijo para seguir durante otra hora en un ejercicio de montaje más convencional dónde seguimos a mujeres comiendo hojas de coca y comienzan a tratarse temas menos potentes como la política del país.

Y como colofón final, Nocturama de Bertrand Bonello, uno de nuestros referentes del cine de autor actual, del cual nos encantan todas sus propuestas y que nos llevó a un estado de éxtasis fílmico con su Saint Laurent.

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Inferior a esta última, también menos estética en todos los sentidos, el filme de Bonello podría dividirse en dos tramos (de hecho el mismo lo hizo en la rueda de prensa que tuvimos con él hace unos días): uno con cierta tendencia documental y de clara influencia en los dos Elephant el de Alan Clarke del 89 y el más conocido (y por el que se ha preguntado constantemente a Bonello con este filme) de Gus Van Sant, que posee un ritmo endiablado, con una mecánica de las situaciones y un dominio del montaje increíble como ya nos ha demostrado el director en toda su carrera, y otro dónde la acción pasa a ser claustrofóbica, encerrados en un centro comercial, dejándose llevar por la fantasía más controlada que en Saint Laurent e influenciada por el cine de John Carpenter (reconocida por el director) e incluso por el George A. Romero de Dawn of the Dead.

Es precisamente en esta segunda parte (que paradójicamente es la que ocurre por la noche) la que se muestra más convencional, donde la propuesta se traiciona a sí misma al añadir temas como la culpa, el arrepentimiento o redención de sus personajes que no necesitaba pues lo interesante de sus actos es que aparentemente no existen motivos políticos, sociales o religiosos.

También es en estar parte donde el juego con el tiempo se desboca (antes se habían dado ciertas pinceladas) con un  tiempo repetitivo que nos va enseñando el mismo momento pero en distintas situaciones y que tiene su culmen en el clímax final bajo la música del tema principal de The Persuaders de John Barry.

Tras los créditos salimos de la sala apenados porque el festival ya ha acabado pero sabiendo que el año que viene habrá más y (esperemos) mejor