domingo. 04.12.2022
LOS PROTAGONISTAS DE LA OCTAVA ENTREGA DE LA SAGA GALÁCTICA LA TUVIERON QUE VER ANTES DEL INICIO DEL RODAJE

El clásico del cine ruso en el que se ha inspirado Star Wars: Episode VIII

Ryan Johnson, director encargado de llevar a buen puerto la octava entrega de la saga galáctica por excelencia cuyo rodaje finalizó la semana pasada, decidió enviar a parte de su elenco protagónico una copia del clásico del cine de aventuras ruso La carta que nunca fue  enviada (Neotpravlennoe Pismo, 1960) para que se fueran haciendo una idea de por dónde iban a ir los tiros.

Ryan Johnson, director encargado de llevar a buen puerto la octava entrega de la saga galáctica por excelencia cuyo rodaje finalizó la semana pasada, decidió enviar a parte de su elenco protagónico una copia del clásico del cine de aventuras ruso La carta que nunca fue  enviada (Neotpravlennoe Pismo, 1960) para que se fueran haciendo una idea de por dónde iban a ir los tiros.

Nominada a la Palma de Oro en el Festival de Cannes de 1960 (año en que venció La Dolce Vita de Federico Fellini), este auténtico drama de supervivencia jalonado de imágenes portentosas nos cuenta la sobrecogedora peripecia de un grupo de cuatro geólogos soviéticos (tres hombres y una mujer) que son enviados en expedición científica a la taiga siberiana, con el objeto de encontrar yacimientos de diamantes.

El sencillo planteamiento inicial pronto se tuerce cuando empiezan las complicaciones y los protagonistas han de luchar contra las inclemencias y la extrema dureza del lugar para salvar sus vidas. El sentido del deber, el estoicismo y la preponderancia del bien general por encima de individualismos afloran entre los severísimos rigores del invierno siberiano, aunque también hay una pequeña luz para el amor, o tal vez para el recuerdo de éste.

Técnicamente la película es una virguería: los desolados escenarios de la taiga siberiana están filmados maravillosamente, con un sentido dramático verdaderamente aterrador y unos movimientos de cámara tan vertiginosos como deslumbrantes. La película está espectacularmente fotografiada y nos da una verdadera lección del uso de la profundidad de campo y de los grandes angulares, con travellings de quitar el hipo y angulaciones virtuosísticas. 

Muchas de las imágenes de este auténtico peliculón que no debería pasar desapercibido para todos los amantes del buen cine pueden verse como un diálogo directo con otros trabajos claves dentro de la historia del cine, como por ejemplo las escenas de mayor desolación de los protagonistas, en las que muchos críticos han visto paralelismos con la magistral trilogía de La Condición humana de Masaki Kobayashi.

Para la historia quedan también el espectacular travelling (¿cómo diablos lo rodarían?) de la huida a través de un devastador incendio o esas siluetas negras de los científicos cruzando la pantalla bajo un cielo tan plomizo como amenazador. Desde luego si la nueva película de la saga galáctica ha logrado captar aunque solo sea una mínima esencia de la maestría que se desprende de este impresionante trabajo nos podemos ir frotando las manos ante lo que nos espera.


El clásico del cine ruso en el que se ha inspirado Star Wars: Episode VIII
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