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WW84: Esta mujer maravilla ha dejado de maravillar

Artículo firmado por Miguel Robles

WW84: Esta mujer maravilla ha dejado de maravillar 

Más adormecida en ritmo, Más tonalidad de colores, y lejos de la sombría épica qué diferenciaba a la primera entrega por encima de la media en el subgénero.

Asistimos, y ya no quiero contar las veces qué lo he dicho, a una nueva actualización maximizada del Universo Extendido de DC. Desde el apoteósico anuncio de los próximos proyectos de la factoría Warner se planteó la posibilidad de qué esta pudiera ser la definitiva, el día D, el ínfimo momento con esperanzas de ser permanente, la ilusión de resplandecer en la sombra de una inagotable Marvel y qué con un potencial igual de inmenso qué su competencia se llegara a establecer una variante en el actual paradigma. Fue cuestión de escaso tiempo qué el sueño se desvaneció al abrir los ojos y se retornaron a los habituales pesadillas: cuando habían recorrido el camino de ida, el rival había hecho el de vuelta y por desgana no dobló el recorrido. Destinados a una inevitable derrota como una pequeña e impotente amazona, se dispusieron con trampa a acortar la distancia hacia la línea de meta. Más avispados nosotros , jueces espectadores, qué nos adelantamos a ellos.

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Porque aunque moldeen incontablemente su personalidad como Universo Cinematográfico en apariencia de contentar a favor de mayor brillo visual y moralejas sociales, sus deseos no se van a cumplir con facilidad. Desear la supremacia en esta guerra mediática perdiendo el bien inherente más preciado como película: la calidad como obra individual y su escasa continuidad en su invertebrado universo. Menos qué irrisorio y más catalogable a lamentable, su concepto argumental de naturaleza preescolar funciona mejor como analogía resumida del propio film, ya qué dentro de la ficción qué propone Patty Jenkins se desarrolla progresivamente a conveniencias típicas a un desenlace catarticamente exagerado y sobretodo absurdo. Todo da sensación de inmensa dimensión, como principalmente la duración del metraje, pero es en realidad comparativamente achicada a su predecesora. MÁS adormecida en ritmo, MÁS tonalidad de colores, y lejos de la sombría épica qué diferenciaba a la primera entrega por encima de la media en el subgénero, se marca aquí en las pocas escenas con acción como un abuso descalificador de la cámara lenta en el vacuo intento de ser continuista en cuanto a estilo, solo como excepción de brillantez su impresionante prólogo. MÁS villanos y MÁS talento actoral, qué en el propósito de dar consistencia a personajes grises con numerosos matices quedan simplificados con un lenguaje sobreexpuesto, qué resta profundidad y suma incredulidad. No hace falta qué el espectador vea al hijo de Max Lord; un inmenso, pero MÁS sobreactuado aún en el final, Pedro Pascal, en cada aparición ante la cámara cuanto admira y quiere a su padre en una línea infantil de diálogo.

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MÁS aparentemente imponente la majestuosa Mujer Maravilla, personaje vehicular de este desquebrajado arquetipo de universo cinematográfico desde su primera aparición, vemos como Gal Gadot ha perdido parcialmente su poder de maravillar al público con su lucha y acrobacia mientras adopta un rol inexplicable como embajadora sorpresa de la ONU en medio de un repelente “speech” moralista, “deux-ex machina” de qué el verdadero poder está en la palabra.

Hablemos en conclusión de la moral pues, y como la han perdido junto a la esencia de un gran personaje, feminista y poderosa, en orden de parasitar infantilmente un proyecto corrupto desde su creación. Cuando pienso en el “Flashpoint” no lo hago como reciclaje del cast, sino MÁS como capricho utópico de que ciertos directivos no pisen más las tierras de Gotham, Kripton o Temiscira. Ese es mi deseo, ¿de eso iba todo no?. Solo hay qué desearlo.