CRÍTICA DE CINE DE ESTRENO

Viejos: sangre, sudor y tormentas eléctricas

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Viejos

Cartelera España 17 de marzo

Título original

Viejos
Año
Duración
95 min.
País
 España
Dirección

Raúl CerezoFernando González Gómez

Guion

Raúl Cerezo, Rubén Sánchez Trigos, Javier Trigales

Música

Eneko Vadillo

Fotografía

Ignacio Aguilar

Reparto

Zorion EguileorGustavo SalmerónPaula GallegoIrene AnulaJosele RománCarmen IbeasJuan Acedo

Compañías

Eye Slice Pictures, La Dalia Films. Distribuidora: Filmax

Género
TerrorThrillerFantástico | Vejez / MadurezFamiliaThriller psicológicoSobrenatural
Sinopsis
Manuel (Zorion Eguileor) tiene que mudarse a la casa de su hijo Mario (Gustavo Salmerón) y la familia de éste después de que un terrible suceso acabe con la vida de su anciana mujer. Poco a poco, la realidad se impone: algo incomprensible ocurre con Manuel. Las voces que dice escuchar, las presencias con las que dice hablar. Lena (Irene Anula), la mujer de Mario, quiere echarle de la casa: está segura de que algo espantoso puede ocurrir. Solo Naia (Paula Gallego), la hija adolescente, está de su parte, pero incluso ella empieza a dudar a medida que los fenómenos extraños se suceden en torno a su abuelo, cada vez más perturbado. Es el verano más caluroso de la historia, ha empezado una cuenta atrás y ya es demasiado tarde para pararla.
 
CRÍTICA

El “Elderly horror” ha tomado carrerilla en los últimos años con el estreno de cintas como La Abuela de Paco Plaza o, cruzando el charco, Hereditary de Aster o X de West. A pesar de estar presente en cintas clásicas como American Gothic o la tercera entrega de El Exorcista, el miedo a envejecer, ver nuestro cuerpo cambiar y perder control de nuestras capacidades mentales está más vigente que nunca.

El terror patrio se hace eco de estas ansiedades con obras como Viejos, en las que ya los pósters promocionales reflejan la sobrecogedora imagen del cuerpo, la piel arrugada y los ojos asustados del protagonista.

Una ola de calor inunda las calles del centro madrileño, ahogando al espectador y disparando el temor que las inquietantes presencias de los ancianos provocan. Tras el suicidio inicial de la mujer de Manuel, el protagonista, queda vigente que la vejez ha sido el detonante. Durante el primer tramo, la audiencia se mantiene intrigada ante el significado del envejecimiento dentro del tono de terror: ¿Miedo a envejecer? ¿Miedo a quedarse atrás ante los avances tecnológicos? ¿Miedo a la soledad y al abandono?.

Todas estas temáticas han sido, metafóricamente, tratadas por los tropos del cine de terror en numerosas cintas. Por ejemplo, el papel de la habitación de Manuel está ennegrecido y despegado para indicar la decadencia de su cuerpo y mente, al igual que el moho es signo de la mente carcomida por la enfermedad en la australiana Relic.

El contraste entre generaciones resalta, de forma inverosímil a veces, a través del incesante uso del teléfono móvil, la inmersión con auriculares inalámbricos o el uso de motocicletas que casi atropellan a Manuel a la salida del tanatorio de su mujer. Esta representación de la juventud, con el uso de expresiones como “abuelo”, roza lo tópico y resulta en una imagen plana de lo que significa ser joven en la actualidad.

El personaje de Naia, una joven rebelde e impulsiva con el pelo teñido de lila, piercings y una vestimenta reminiscente de lo punk, deriva en una imagen superficial, a años luz de una representación veraz y creíble de la juventud madrileña.

Sin embargo, el personaje de Manuel resulta inquietante cuando debe serlo, incidiendo en la problemática de la demencia a medida que pasan los años. El tono tenebroso que la fotografía logra establecer, remitiendo a los claroscuros de Goya, se ve disipado por el cambio de tono provocado por las reacciones de sus familiares. A pesar de que la trama avanza con buen ritmo, la respuesta de Mario a las amenazas directas de su padre, al comportamiento errático que muestra ante su mujer e hija, y al trato de estas hacia Manuel rompe la atmósfera.

¿Por qué Mario sale de casa justo cuando su padre tiene cambios de humor? ¿Por qué la mujer de Mario agarra un cuchillo ante la amenaza verbal de un anciano senil? ¿Por qué, automáticamente, tiene Naia temor de un anciano en silla de ruedas? Ciertas decisiones a lo largo de la cinta, hacen levantar la ceja al espectador, deshaciendo el realismo y la inmersión en el relato.

Por otro lado, la cuestión de las residencias de ancianos surge en el tercer acto de la cinta, a lo que Naia se niega rotundamente tras presenciar un espacio fantasmal, sombrío y vacío de cualquier atisbo de vida. Quizás como respuesta a la gestión de las residencias de ancianos durante la crisis del COVID-19, Viejos remite al trato de los mayores en estas instituciones.

Escenas como la ducha de Manuel a manos de Lena, tras este ensuciarse los pantalones, construyen este simbolismo. La representación de un comportamiento abusivo ante procesos inevitables de un cuerpo senil justifica la violencia ejercida posteriormente por los ancianos, a modo de venganza ante el trato de las generaciones venideras.

A medida que la cinta avanza, el terror aparece en la presencia de voces escuchadas a través de las arcaicas radios, enfatizando una vez más el enfrentamiento entre tradición y modernidad. El body horror y el gore están latentes, destacando el sobresaliente trabajo del departamento creativo, con la introducción forzada de un mecanismo tecnológico en el pecho de Manuel y la matanza perpetrada por el grupo de ancianos.

Tras una nula comunicación entre los miembros de la familia de Manuel, este es ocultado en la casa del novio de su nieta como intento de salvarlo de ingresar en la temible residencia. Sin embargo, este escapa y la recta final de la cinta desciende en una espiral de asesinatos, sangre e imágenes grotescas.

Como recuerdo del temor a la vejez, el cuerpo de ancianos desnudos es mostrado sin tapujos en tres ocasiones e incluso manteniendo relaciones sexuales al final de un pasillo al estilo del hotel Overlook. Sin embargo, resultan vacías de significado, apenas calando en el espectador, y resultando hasta cómicas. Y es que la cinta no permite ni un momento de respiro ni alivio cómico, algo que pedía a gritos. Manteniendo al espectador adivinando la naturaleza del horror, Viejos remite al subgénero de posesiones, de sectas e incluso de extraterrestres. La aparición de una tormenta eléctrica y la sugestión de la presencia de una nave nodriza, dejan a Naia, nuestra final girl a medias, boquiabierta y desamparada en la azotea del edificio.

 

Así, la cinta de Cerezo y Gómez logra una asombrosa atmósfera a través de la fotografía, etalonaje y diseño de producción, que cae ante una narración débil, sin un desarrollo verosímil. A pesar de ser correcta en su uso de tropos del terror y hasta inquietante a ratos, las reacciones antinaturales de los personajes ante los peligros que acechan resulta irritante y resta seriedad a una cinta que pretende, en todo momento, mantenerse como tal. Los elementos patrios, como una anciana asesinando con unas agujas de punto o las familiares casa de abuela, quedan desaprovechados en una trama que elige desviarse a la ciencia ficción, como respuesta irónica a la distancia de la tercera edad con los avances tecnológicos. La mirada imponente y amenazadora de Zorion Eguileor no basta para elevar Viejos al podio del “Elderly Horror”, con una una mezcla de subgéneros que no termina de casar. El espectador termina deseando que Manuel, como prometió, hubiese acabado con todos.