CRÍTICA DE CINE

Amarás sobre todas las cosas: Un baile de dos.

La película de Chema de la Peña es una narración de una historia más o menos convencional, con sus tintes de extravagancia, pero que pone el foco de su experimentación en la exploración de los sentimientos de sus personajes.

 

Drama | 108 min | España 2016

Título: Amarás sobre todas las cosas.
Título original: Amarás sobre todas las cosas.
Director: Chema de la Peña.
Guión: Chema de la Peña, Juan Manuel Romero.
Actores:  Israel Errejalde, Lidia Navarro, Nathalie Seseña, Antonio Velasco.
Estreno en España: 25/11/2016 
Productora: La Voz Que Yo Amo

Distribuidora: Marinero Comunicación.

 

Sinopsis

Teo y Ana se conocen una agradable noche de primavera y ella se enamora rápidamente de este pintor divertido, apasionado y exultante. Juntos viven una increíble historia de amor, pero con el tiempo la distancia entre ellos aumenta y las cosas ya no son como cuando se conocieron. Ana no logra comprender el comportamiento de su marido que parece cariñoso, pero por momentos se muestra desconfiado. Con el paso de los años la relación se vuelve fría y ambos deben hacer frente a la realidad.

Crítica

Existen películas que se apoyan en la narración para mostrar y demostrar a los espectadores lo que tienen que contar, otras en el estilo visual, y otras en las emociones que tratan de contar y de transmitir (no siempre coincidentes). La película de Chema de la Peña podría englobarse en esta última categoría, una narración de una historia más o menos convencional, con sus tintes de extravagancia, pero que pone el foco de su experimentación en la exploración de los sentimientos de sus personajes.

Un baile para dos

La danza se presenta como una pieza fundamental en el mecanismo narrativo de la película, funcionando como una lente a través de la cual vemos las emociones y conflictos de los personajes, amplificados de forma muy visual, ajustándose así más que ninguna otra manera al medio del cine: mostrar mejor que contar. Así entendemos las luchas internas de los protagonistas y sus enfrentamientos: dos seres que no pueden dejar de amarse pero que juntos están condenados a la autodestrucción. Ese es el conflicto, y la necesidad de cada uno de ellos de buscar desesperadamente al otro cuando no lo ve choca con las explosiones de lágrimas, furia y falta de empatía que suceden cuando por fin se encuentran.

Saltos en el tiempo

Los continuos jump cuts (saltos de continuidad) que se suceden, incluso dentro de cada secuencia, son la representación de cómo la película funciona a nivel global: un continuo salto entre diferentes momentos de tiempo vividos entre la pareja de protagonistas, una mescolanza de recuerdos y vivencias que, al fin y al cabo, no hacen más que retratar que una relación de pareja, con sus peculiaridades, se compone fundamentalmente de este gran conjunto de pequeños instantes de tristeza y felicidad. Juntos, pero no unidos por una línea temporal, sino por la de las emociones, crean este microcosmos que el director nos muestra con toda la calidez y crudeza que alberga.

Esta estructura de continuos momentos que parecen repetirse en diferentes escenarios parece hacernos visitar una y otra vez el bucle de encuentros y desencuentros de los protagonistas, no en un acto de mera repetición, sino de exploración, en cada nuevo bucle, de el complejo interior de cada uno de los personajes.

Interpretación, también cosa de dos

Las actuaciones de los protagonistas, Israel Elejalde y Lidia Navarros, ahondan en la pareja como núcleo y motor de la película. Al igual que una pareja de baile, ambos actores se necesitan para completar sus interpretaciones, y los momentos más mágicos se viven cuando uno se apoya en el otro para dar esta interpretación a la cámara, tanto en los momentos de paz (doblemente efectivos por su escasez) como en los de conflicto. De esta forma no venos unas interpretaciones excesivamente estilizadas, sino apegadas a un realismo que se torna extremo en ocasiones, pero sin caer en la caricatura o el arquetipo.

Un viaje emocional

La película acaba planteando una evolución de sensaciones y emociones, y su objetivo final parece la causa del desasosiego en el espectador por todo lo que ha visto. Sin embargo no define un punto de vista claro, y a pesar de la elaborada introspección en los personajes se antoja difícil la empatía por parte del espectador con ninguno de ellos. Una pequeña trama conductora a lo largo de la película queda además tapada completamente por la vía de las emociones, llegando a quedar amargamente inconclusa. El camino merece aún así la pena para valorar este ejercicio de exploración de personajes y de su relación.