CRÍTICA DE CINE

Cemetery of Splendour: Paseo por el amor y la muerte

Cemetery of Splendour es la nueva película del cineasta tailandés Apichatpong Weerasethakul después de ganar la Palma de Oro en el Festival de cine de Cannes con Uncle Boonmee recuerda sus vidas pasadas

Drama | 122 min. | Tailandia 2015

Título: Cemetery of Splendour. 
Título original: Rak ti Khon Kaen (Cemetery of Splendour).
Director: Apichatpong Weerasethakul.
Guión: Katrin Benedikt, Christian Gudegast, Creighton Rothenberger.
Actores: Jenjira Pongpas, Banlop Lomnoi, Jarinpattra Rueangram, Petcharat Chaiburi.
Estreno en España: 08/04/2016 
Productora: Kick the Machine, Detalle Films.

Distribuidora: Noucinemart.

 

Sinopsis

Una solitaria ama de casa de mediana edad atiende a un soldado con la enfermedad del sueño, cayendo en alucinaciones que desencadenan en sueños extraños, fantasmas y romances.

Crítica

No nos cansaremos de elogiar la labor llevada a cabo por pequeñas distribuidoras a la hora de sacar a la luz pequeñas joyas de cinematografías desconocidas para el gran público. Una de ellas, que lleva poco tiempo funcionando en los circuitos comerciales, es Noucinemart, nacida al abrigo del Festival de Cinema d´Autor de Barcelona. No han cumplido todavía seis años de existencia y ya se han atrevido a distribuir obras de calado como Jauja, de Lisandro Alonso, En el sotano, de Ulrich Seidl o la multipremiada El camino más largo para llegar a casa, de Sergi Pérez.

Ahora le toca el turno a Cemetery of Splendour, la nueva película del cineasta tailandés Apichatpong Weerasethakul después de ganar la Palma de Oro en el Festival de cine de Cannes con Uncle Boonmee recuerda sus vidas pasadas. Ya advertimos de entrada que las películas de este realizador son muy duras de roer para todos aquellos espectadores cuya retina no esté preparada para absorber nuevas experiencias filmadas. No se trata de un director que admita medias tintas, precisamente. O le amas o le odias con todas tus fuerzas. 

No se trata de un director que admita medias tintas, precisamente. O le amas o le odias con todas tus fuerzas. 

Aún recordamos la estampida de abandonos indignados en la sala de Sitges donde se proyectó hace unos años Uncle Boonmme, considerada como su obra cumbre pero a la vez una de sus propuestas más crípticas y complicadas de entender para el estresado público europeo.

Se trata de un cine diferente, donde lo contemplativo e hipnótico se impone por goleada a cualquier atisbo de estructura lineal y formal. Pero todo aquel que acabe entrando en su juego y se deje mecer por sus hieráticas imágenes acabará encontrando su recompensa. Magia, tradición y espiritualidad se funden en un todo armónico donde también tienen cabida el humor, la ironía y hasta un cierto sentido crítico tan simple como voraz. La carga poética de sus cuidadas imágenes es tal que acabas tan hechizado como mecido por las tranquilas aguas de su cadencia.

Se trata de un cine diferente, donde lo contemplativo e hipnótico se impone por goleada a cualquier atisbo de estructura lineal y formal. 

Vamos a cometer la osadía, aunque algunos puristas del cine de autor más recalcitrante se vayan a tirar de los pelos, de comparar al Apichatpong de Cemetery of Splendour con el Luis García Berlanga de Bienvenido Mister Marshall. 

Y es que aquí, tal y como ocurría en la obra maestra castiza del director valenciano, el tono de sátira y crítica soterrada hacia todo lo que tenga que ver con el imperialismo yanqui emerge en toda su idiosincrasia en una serie de sentencias pretendidamente inofensivas que sin embargo funcionan a la perfección como mordaces cargas de profundidad contra todo lo proveniente de Norteamérica: “¿los americanos también tienen pesadillas?”; “la Pepsi-Cola tiene mucho colesterol” o “los americanos son pobres, y los únicos que viven el sueño americano son los europeos”; son latigazos que dejan a las claras la carga de reproche hacia aquéllos que utilizan la política intervencionista para llevar a cabo sus fechorías.

El eje del desarrollo argumental, si es que se puede hablar de una trama preconcebida, gira entorno a un grupo de soldados que sufren de una rara enfermedad cercana a la narcolepsia y a la enfermera que los cuida, una mujer que sirve de catalizadora de todo un universo tan personal como insobornable, el de un realizador único que consigue plasmar en la pantalla un cúmulo de imágenes que mezclan de manera portentosa la belleza más brutal y la fisicidad más escatológica, todo ello sin abandonar el tono contemplativo y respetuoso de una cámara que abunda en planos estáticos y que se halla colocada en el lugar justo pero respetuosa con todo lo que pulula por el encuadre.

No queda más remedio que recomendar a manos llenas este auténtico alarde de cine con pedigrí, aunque por desgracia se trate de un cine no apto para paladares poco exigentes. Ojalá algún espectador desprevenido caiga en las fauces de este auténtico espectáculo visual y sirva para que se eduque en un tipo de propuesta diferente, completamente alejada del chabacanismo y frenetismo vulgar que caracterizan el grueso de estrenos actuales de nuestra cartelera.

Un cine con mayúsculas dotado de una fuerte carga emotiva que alcanza majestuosidad desde su decidida apuesta minimalista, que mira sin rubor hacia un pasado sin el cual no se puede llegar a comprender el presente.