CRÍTICA DE CINE

Paraíso: Para no tropezar en la misma piedra

Paraíso es la última película de Andrei Konchalovsky quien, en 2014, nos deslumbró con su penúltima producción, una meditación sobre las raras alegrías de la vida en medio de la tundra báltica. Ahora, con Paraíso (2016), ganadora del premio a la mejor dirección en el Festival de Venecia, vuelve al holocausto y plantea la revisión de un tema que, no por muy conocido, deja de suscitar interrogantes morales sobre aquellos hechos y sus motivaciones. 

Drama | 130 min. | Rusia 2016

Título: Paraíso.
Título original: Rai.
Director: Andrei Konchalovsky.
Guión: Elena Kiseleva, Andrey Konchalovsky
Intérpretes: Yuliya Vysotskaya, Christian Clauss, Philippe Duquesne, Peter Kurth.

Estreno en España: 12/05/2017 
Productora: DRIFE Productions / Production Center of Andrei Konchalovsky

Distribuidora: Film Buró.

 

Sinopsis

Sigue los pasos de tres personas cuyos caminos se cruzan en los terribles tiempos de la II Guerra Mundial. Olga es una aristócrata rusa miembro de la Resistencia Francesa que es arrestada por la policía nazi por ocultar a dos niños judíos durante una redada. Arrestada y enviada a la cárcel en espera de una decisión final, en prisión conoce a Jules, un funcionario francés colaboracionista que debe investigar su caso. Allí también se encontrará con Helmut, un alto oficial de las SS, que hace muchos años fuera su amante y que todavía parece mantener sentimientos por ella.

Crítica

Paraíso es la última película de Andrei Konchalovsky quien, en 2014, nos deslumbró con su penúltima producción, una meditación sobre las raras alegrías de la vida en medio de la tundra báltica. Ahora, con Paraíso (2016), ganadora del premio a la mejor dirección en el Festival de Venecia, vuelve al holocausto y plantea la revisión de un tema que, no por muy conocido, deja de suscitar interrogantes morales sobre aquellos hechos y sus motivaciones. 

Para ello, selecciona a tres personajes paradigmáticos que hablan a la cámara desde un más allá límbico y gris, desprovistos ya de toda pasión. Son tres monólogos directos, incómodos y nihilistas, que se superponen a imágenes históricas y personales del devenir de los tres a lo largo de la Segunda Guerra Mundial.

El hecho de que la película esté íntegramente rodada en blanco y negro ayuda a poner calma y distancia sobre lo narrado, como si fueran estampas que ya no nos atañen, nada más lejos de la realidad. Precisamente el propósito es obligarnos a revivirlas para no repetir el horror que representan. Los que ahora nos preguntamos cómo pudieron ocurrir tales horrores en la Europa civilizada, cómo con su música divina y sus tesoros artísticos pudo volverse loca de odio, conviene no perder de vista los orígenes de aquella catástrofe. Y sobre todo, subrayar algo en lo que coinciden todos los testigos: que nadie se tomó en serio aquellas algaradas, nadie vio venir el horror.

Por otra parte, el hecho de que la película sea una coproducción franco alemana hace albergar la esperanza de que las dos potencias europeas que destacaron como abanderadas de esas dos ideologías “paradisíacas” se hayan puesto de acuerdo para cerrar aquella etapa negra. Pero nadie es inocente y precisamente la película se centra en buscar los porqués, por qué gente como Helmut, uno de los tres monologuistas. quien antes la ascensión del nazismo se afanaba en una tesis sobre Chékov, abrazó esa ideología de muerte y lo dejó todo para alistarse.

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