CRÍTICA DE CINE

Sólo el fin del mundo: Hermosa película de desesperanza

Gran Premio del Jurado en el último Festival de Cannes, Solo el fin del mundo (Juste la fin du monde), la  sexta película del siempre aplaudido Xavier Dolan (Mommy, Yo maté a mi madre, Los amores imaginarios) es la candidata canadiense a los próximos premios Oscar.

Drama | 95 min. | Canadá 2016 

Título: Sólo el fin del mundo.
Título original: Juste la fin du monde.
Director: Xavier Dolan.
Guión: Xavier Dolan.
Actores: Gaspard Ulliel, Nathalie Baye, Léa Seydoux, Vincent Cassel.

Estreno en España: 06/01/2017 
Productora: Sons of Manual / MK2 / Telefilm Canada

Distribuidora: Avalon.

 

 

Sinopsis

Tras doce años de ausencia, un joven escritor regresa a su pueblo natal para anunciar a su familia que pronto morirá. Vive entonces un reencuentro con su entorno familiar, una reunión en la que las muestras de cariño son sempiternas discusiones, y la manifestación de rencores que no queremos dejar salir, aunque delaten nuestros temores y nuestra soledad

Crítica

“Solo el fin del mundo”,  adaptación de la obra de teatro homónima escrita por Jean-Luc Lagarce en 1990 (cinco años antes de que falleciera de Sida), está interpretada por Gaspard Ulliel (Saint LaurentLa bailarina), Vincent  Cassel (Cisne negro, El odio), Marion Cotillard (Dos días, una noche), Léa Seydoux (La vida de Adéle) y Nathalie Baye (Atrápame si puedes, Laurence Anyways). Se trataba de una apuesta arriesgada que, como siempre, el realizador canadiense ha ganado.

Tras doce años de ausencia, un escritor regresa al pueblo donde viven su madre y hermanos, para anunciarles que se está muriendo. Y en una tarde que transcurre entre las cuatro paredes de la casa familiar, todos querrían decir lo que piensan pero nadie encuentra las palabras adecuadas para hacerlo, todas las frases parecen cargadas de tensión, de dobles intenciones; todas cuesta pronunciarlas, todas parece que van a descargar tensiones acumuladas durante mucho tiempo.

Desde la llegada del escritor a la casa familiar se evidencia la imposibilidad de que exista la menor comunicación entre todos los reunidos. Fundamentalmente, porque ha pasado el tiempo y nada, ni nadie es como antes. Y a medida que pasan las horas van apareciendo las envidias, los rencores, las frustraciones, y también el cariño e incluso la devoción.

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