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DIRIGIÓ PELÍCULAS TAN FUNDAMENTALES COMO QUERIDÍSIMOS VERDUGOS O NUEVE CARTAS A BERTA

Muere Basilio Martín Patino, uno de los grandes del cine de autor español

El cineasta, productor y guionista Basilio Martín Patino (Lumbrales, Salamanca; 1930), uno de los principales directores españoles enmarcados en el llamado cine de autor, ha fallecido en Madrid a los 86 años.

Basilio Martín Patino (Lumbrales, Salamanca, 29 octubre 1930) nació en el seno de una familia de padres maestros de escuela de corte católico-conservador, que en 1940 se trasladaron a Salamanca.

Estudió Filosofía y Letras –especialidad de Filología moderna (inglés e italiano)-- en la Universidad de Salamanca (1950-1955).

Fundó y dirigió el Cineclub Universitario del SEU de Salamanca (1953-1955), así como la revista Cinema Universitario (1955), en la que publicó su primer esbozo de guión: un “Ensayo de adaptación cinematográfica de La Celestina”.

Promovió y organizó las I Conversaciones Cinematográficas Nacionales (1955). Ese mismo año había realizado y montado con Luciano G. Egido y Manuel Bermejo el documental Imágenes sobre un retablo. Escribió la novela Calle de Toro, antes Generalísimo, finalista en el premio Biblioteca Breve.

Entre 1955-1960 cursó estudios de cine en el Instituto de Investigaciones y Experiencias Cinematográficas (IIEC), en el que realizó como prácticas los cortometrajes El descanso (1957) y El parque (1958). Se graduó con el cortometraje Tarde de domingo (1960).

Durante ese periodo de estudiante de cine ya desarrolló un guión para un cortometraje documental titulado Plaza Mayor, con producción de M. Hernández Sanjuán –el presupuesto sería de 82.000 pesetas--, y para lo que solicitaba un patrocinio de 32.500 pesetas al Ayuntamiento de Salamanca, según solicitud cursada en julio de 1956, que no fue atendida. Además, anunciaba que con el mismo productor preparaba otro cortometraje sobre Salamanca, con guión de José de Juanes, por encargo del Ministerio de Información y Turismo. Tampoco se realizó ese proyecto.

En 1962 dirige el cortometraje Imágenes y versos a la Navidad.

En abril-mayo filma en Salamanca Nueve Cartas a Berta, que recibió la Concha de Plata a la mejor ópera prima en el Festival de Cine de San Sebastián de 1966, aunque no se estrenó hasta el 27 de febrero de 1967. Con larga y aplaudida permanencia en las salas de estreno, se convirtió en el símbolo de la juventud española y referencia clave en el denominado Nuevo Cine Español. Entre otras, recibió distinciones como Primer Premio del Círculo de Escritores Cinematográficos al guión, Primer Premio de la Federación Nacional de Cine-Clubs, Primer Premio Internacional del CIDALC en el festival de San Sebastián, Premio a la calidad artística del Jurado Nacional de Críticos y Escritores, Mejor Película Española para la revista CineStudio y para Radio Juventud, Premios de mejor película por votación popular en los certámenes de Molins del Rei e Irún. Premios en festivales de Buenos Aires y La Habana. Invitada al festival de Pésaro y por el Museo de Arte Contemporáneo de Nueva York.

Recrea en Sevilla Rinconete y Cortadillo por encargo de TVE. Por orden del Ministerio de Información y Turismo de Manuel Fraga la víspera de terminar se interrumpe el rodaje y se requisa y hace desaparecer el material filmado, que nunca ha sido hallado en los archivos oficiales. Formaba parte de la serie para la segunda cadena “Cuentos y leyendas de la literatura española”.

En ese momento, Martín Patino también barajaba llevar al cine el guión Una vez, una zorra, que había preparado con el autor del relato, el escritor Daniel Sueiro. El proyecto quedó colgado por problemas de financiación.

En 1968 realiza con el pseudónimo M. Pascual, junto con José Luis García Sánchez, el documental Paseo por los letreros de Madrid.

Durante esa etapa se centra intensamente en la realización de buen número de encargos publicitarios, dedicación que ha considerado muy importante en su formación para el manejo de la imagen y del montaje.

Dirige Del amor y otras soledades, que concurre a la sección oficial de la Mostra de Venecia, donde se recibe con ovaciones, pero en España la película origina un encendido debate a raíz de la situación del matrimonio protagonista, centrado en torno al divorcio. La censura dispuso cuarenta y dos cortes en la obra. Como consecuencia de los problemas generados por su segundo largometraje, tanto por la censura oficial como la empresarial, el realizador decide prescindir de los circuitos oficiales de producción y organizar sus proyectos desde posiciones de independencia. Continúa su dedicación a los spots publicitarios.

En los bajos de su casa madrileña, en 1970, Martín Patino, asociado como productor con Julio Pérez-Tabernero, reunió a un escueto grupo de colaboradores que trabajó libremente y sin sumisión a la industria para lo que se señaló como un montaje de materiales documentales según el cartón de rodaje solicitado. Meses después, Canciones para después de una guerra se presentó a censura, que exigió una serie de cortes antes de aprobarla. Se concedió la condición de “interés especial” a la obra. Pero, tras recibir ataques implacables desde la ultraderecha del régimen y de la mano de Carrero Blanco, se ordenó la prohibición de la película, incluso su destrucción. Invitada a la International Film Exposition of Hollywood, el Gobierno respondió que ese film nunca había existido. No se autorizó su proyección hasta agosto de 1976, y en septiembre se estrenó con enorme éxito de público: fue la película más esperada de la transición política.

A consecuencia del ataque del régimen dictatorial a su película anterior, Basilio M. Patino afrontó desde la clandestinidad la realización de Queridísimos verdugos, con el apoyo documental y literario de Daniel Sueiro. Una obra estremecedora con los últimos verdugos en torno a la “administración de justicia”, película que no pudo estrenarse hasta abril de 1977, pero que recibió premios en festivales como los de Taormina y Prato.

Con el film Caudillo el realizador dejó otra nueva muestra de su maestría en el montaje de materiales cinematográficos en torno a la figura de Franco, materiales que, al no poder acceder a archivos oficiales por actuar desde la clandestinidad, en un buen porcentaje eran inéditos al proceder de archivos extranjeros. En su estructura compleja, se contraponen las imágenes de los dos bandos en guerra. Al morir el dictador, Martín Patino trabajaba en una segunda parte de la película, que abandonó al entender que ya no tenía sentido continuar su trabajo. Se estrenó en octubre de 1977, tras una intensa peripecia censora y en medio de algaradas propiciadas por sectores franquistas. Recibió premios en festivales de Berlín, Londres, Karlovy Vary.

En el otoño de 1974 el realizador comenzó a preparar una nueva película, con guión basado en el libro “La crisis”, del periodista Joaquín Bardavío, sobre el atentado de ETA que asesinó a Carrero Blanco. El film –de tono documental, se indicó entonces—ensamblaría celuloide filmado a lo largo del tiempo junto a imágenes rodadas en el momento de la producción. El director indicó antes de terminar el año que dejaba el proyecto por creer que “la figura de Carrero y los sucesos posteriores a su muerte han pasado a segundo plano”.

Poco después, Basilio M. Patino volvió a trabajar en otro proyecto frustrado, en este caso sobre Federico García Lorca. En el guión también estuvieron involucrados Daniel Sueiro y Francisco Umbral, y posteriormente Jorge Semprún. La coproducción con Italia imponía a Jean María Volonté para interpretar al poeta, pero Martín Patino se negó a que García Lorca figurara incorporado por un actor, a modo de gran ausente.

Con una amplia etapa de dedicación preferente a encargos comerciales, Basilio M. Patino –que había rechazado algunas propuestas para regresar al entramado del cine comercial--, comenzó a explorar las posibilidades creativas que ofrecía el vídeo, conjuntamente con José Luis García Sánchez, su mano derecha desde el comienzo de la etapa clandestina. La primera muestra de ese avance en el campo electromagnético se plasmó en la novedosa serie de audiovisuales Retablo de la guerra civil española, 19 piezas (128´) que figuraron en el contexto de la exposición sobre la guerra civil española organizada por el Ministerio de Cultura en el espacio de El Retiro madrileño.

Las nuevas posibilidades creativas y expresivas que abría el vídeo permitieron que Basilio M. Patino, siempre con José Luis García Sánchez, explorara ese nuevo territorio audiovisual, e incluso se dispuso un taller sobre vídeo en el Círculo de Bellas Artes, lo que se plasmó en una serie de propuestas pioneras en aquel momento que trasladaron el afán de afrontar el desafío de nuevas formas de expresión:

  • Hombre y ciudad. Una aproximación al urbanismo (1981) fue un encargo del Ministerio de Obras Públicas, en el que bajo el sello institucional, no falta la voluntad creativa y estética.
  • Inquisición y libertad (1982), con el subtítulo de Reflexiones en torno a una exposición sobre el Santo Oficio en España, fue la primera obra audiovisual producida por La Linterna Mágica (Basilio M. Patino, JL García Sánchez, Pablo Martín Pascual), que en adelante sería el vehículo de producción del realizador. Producida para el Ministerio de Cultura figuró como apoyo audiovisual de la exposición en torno al Santo Oficio.
  • El nacimiento de un nuevo mundo (1982), vídeo promocional para la Comisión Nacional para la Celebración del V Centenario del Descubrimiento de América y Expo Sevilla 92.
  • El horizonte ibérico (1983), audiovisual, con Elbia Álvarez, para la exposición Arte Ibéricoen el Museo Arqueológico Nacional.
  • El cocherito leré (1984), producción del equipo encabezado por el realizador para la Asociación pro Derechos Humanos en torno a la situación de los niños desde su nacimiento, situación de presos en las cárceles.
  • La Nueva Ilustración Española (1984), codirigida con García Sánchez, fue un proyecto de edición de una revista periódica en vídeo para venta en quioscos y por suscripción a través de Videoteca SA. Únicamente aparecieron los números 0 y 1, integrados por una serie de reportajes sobre aspectos diversos, en ocasiones polémicos, de actualidad.
  • Televisión clandestina. En el otoño de 1983, Martín Patino, junto con Pablo Martín Pascual, –que a partir de ese momento entra en escena-- J. L. García Sánchez y un grupo de colaboradores desarrollaron una experiencia de televisión comunal, El Buho, en el municipio toledano de Ventas con Peña Aguilera. Fue una experiencia de cinco semanas de imágenes libres a causa de la insistente oposición de la autoridad gubernativa, pero que aportó elementos prácticos al grupo.
  • Tras la intensa etapa centrada en la exploración del campo creativo y estético que abría el soporte videográfico, una vez superada esa tarea investigadora y escudriñadora, Los paraísos perdidos, primera producción de envergadura de La Linterna Mágica, representó el regreso a la ficción, articulada en torno a la proyección de la Berta de la primera película del director, con el hilo conductor de textos Hölderlin, en escenarios de Toro, Zamora, Ávila y Salamanca. Concurrió a la sección oficial de la Mostra de Venecia.

Basilio Martín Patino figura entre los firmantes del acta fundacional de la Academia de las Artes y las Ciencias Cinematográficas de España, el día 8 de enero de 1986.

En la película Madrid(1987) el realizador volvió a emplear materiales de archivo como recurso que utiliza el protagonista alemán que elabora un trabajo cinematográfico en torno a la personalidad de la ciudad de Madrid y sus habitantes, para lo que simultáneamente filma imágenes sobre la actualidad madrileña, lo que conduce a una serie de estados y análisis en torno a la imagen y su representación, así como la trasgresión a determinadas normas habituales en el cine. Recibió el Gran Premio Internacional de Cine de Autor de Bérgamo, y el mismo galardón en los Festivales Internacionales de Troia (Portugal) y de San Remo (Italia), además de participar en los festivales de Barcelona, Viena y Estambul.

Libre te quiero ha sido la última entrada de Martín Patino en el tratamiento. Aunque el realizador centra su enfoque en “la alegría” que reflejaba el movimiento ciudadano establecido en la Puerta del Sol madrileña –la “Acampada de Sol”--, las imágenes trasladan el mensaje reivindicativo y fresco de quienes se movilizaron en aquella primavera-verano de 2011. Al amparo de la música de Amancio Prada sobre el poema de García Calvo, el director vuelve a ejercer un muestrario de maestría en el manejo de la imagen que arroja un canto de libertad. Y, una vez más, la libertad creativa de un cineasta indomable. Invitada al festival de Valladolid, se proyectó con gran éxito el día 21 de octubre de 2012. En Madrid se estrenó en el Centro de Arte Reina Sofía.