miércoles. 24.07.2024
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Cartas Vivas. Carmen Laforet y Elena Fortún

REPARTO

Paula Rodríguez
Elena Sanz

FICHA ARTÍSTICA

Dramaturgia y dirección: Paula Paz
Música: Yaiza Varona
Video: Enrique Muñoz
Escenografía: Elliott Squire
Vestuario: Elena Lasa y Elliott Squire
Iluminación: Sammy Emmins

CRÍTICA

A la altura de 1947, Carmen Laforet era la escritora más importante de España, a pesar de que ya habían transcurrido varios años desde su irrupción en el panorama literario con su, todavía hoy, más recordada novela: Nada –ganadora del Nadal en 1944. Por su parte, Elena Fortún, exiliada en Buenos Aires tras la Guerra Civil, era una referencia insoslayable de la narrativa juvenil gracias a su Celia, personaje que protagonizaría más una veintena de historias, algunas de las cuales supusieron un enorme éxito editorial en los años 30.

Paula Paz, directora de la compañía afincada en Londres Cervantes Theatre, ha dramatizado el epistolario entre ambas mujeres –amigas entrañables más a través de la palabra que de la convivencia– y ha llenado el escenario del Teatro de La Abadía con sus cartas. Como la propia compañía reconoce, Cartas vivas es un homenaje a ambas mujeres y como tal ha de entenderse, tanto en su prólogo como en su epílogo, que sitúa el espectador a modo casi documental. A pesar del riesgo que suele entrañar la dramatización de textos narrativos el montaje sale más que airoso: no solo porque pone en la palabra el centro del espectáculo, sino porque consigue sublimarla, como siempre ocurre cuando un texto fantásticamente bien escrito es muy bien interpretado.

Durante una hora y media el espectador tiene la oportunidad de asomarse a un universo compartido, a una amistad honesta o a las marcas que producen en una vida el tiempo, la posguerra, la enfermedad, la maternidad, la pérdida o la creación literaria. Pero también y, sobre todo, el público participa de un ejercicio cada vez más extraño en una sala de teatro: la reunión para escuchar palabra poética. Los textos de Laforet y Fortún merecen ser tratados como lo que verdaderamente son: piezas literarias llenas de emotividad, de temblor y de belleza. Incluso aquellas epístolas más alejadas de nuestro imaginario como las que la autora de La isla y los demonios –en cuya redacción estaba inmersa cuando escribía a Fortún– dedica a su revelación mística nos hablan de una sensibilidad profundamente especial, así como de una época, una educación y de unas circunstancias que llevaban a las mujeres a hablar con silencios y a decir entre líneas. 

El trabajo actoral de Paula Rodríguez (Carmen Laforet) y de Elena Sanz (Elena Fortún) es estupendo y encarnan a las escritoras con frescura y autenticidad, sin imitaciones ni caricaturas: especialmente reseñable es la labor de Sanz, al dibujar a una Fortún ya débil y enferma con una gestualidad depurada. La escenografía de Elliott Squire y la iluminación de Sammy Emmins coadyuvan a generar la atmósfera íntima que se desprende de los relatos y del momento original de su lectura a cargo de cada destinataria.

Esta puesta en escena parte del proyecto universitario homónimo capitaneado por las investigadoras Nuria Capdevila-Argüelles e Isabel Santafé-Aso (https://cartasvivas.org/), que están rescatando los epistolarios de otras intelectuales ilustres de nuestra Edad de Plata como Hildegart Rodríguez, Federica Montseny o Carmen Conde. Desgraciadamente, esta reivindicación de la obra de distintas autoras para rellenar clamorosas ausencias en la Historia de la Literatura española –como ya hicieran iniciativas ya consolidadas como el proyecto transmedia Las Sinsombrero– sigue siendo necesaria y es muy de agradecer que, además de pagar una deuda enorme con Laforet y Fortún –aún desconocidas para muchos– , este Cartas Vivas en el Teatro de La Abadía nos permita disfrutar al acercarnos a la vida secreta que encerraban las palabras de estas dos mujeres en un paréntesis de amistad y de poesía de esos tan difíciles de encontrar.

La vida secreta de las palabras: Elena Fortún y Carmen Laforet son reivindicadas a...